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Bonfim, C. (2024). Quilombismo. Un concepto emergente del proceso histórico-cultural de la población afrobrasileña. LiminaR. Estudios Sociales Y Humanísticos, 21(2), 48. https://doi.org/10.29043/liminar.v21i2.1069

Resumen

Traducción y presentación del documento: “Quilombismo: um conceito emergente do processo histórico-cultural da população afro-brasileira”. In: NASCIMENTO, Elisa Larkin (org.), Afrocentricidade. Uma abordagem epistemólógica innovadora. Coleção Sankofa, vol. 4 [1980]. Cotejada con la edición más reciente revisada por Elisa Larkin: O Quilombismo. Documentos de uma militancia Pan-Africanista


Nos daremos cuenta de cuando la historia está sucediendo?”aproximada (y libre) de la pregunta que va como epígrafe de este escrito. André Rodrigues, el que formula la pregunta, es uno de los personajes centrales de la película brasileña Medida provisoria (2022), dirigida por Lázaro Ramos, conocido actor brasileño en su primera incursión como director de un largometraje de ficción.

Medida provisoria es la adaptación al cine de la obra de teatro Namibia não! (Namibia no!) escrita por Aldri Anunciação y que estrenó en 2012, también bajo la dirección de Lázaro Ramos. La obra de teatro y la película cuentan la historia de una distopía que transcurre “en un futuro no tan lejano”, según se lee en la pantalla en los segundos iniciales de la película. Ante la imposibilidad de una indemnización económica por los casi 400 años de esclavitud, el gobierno brasileño determina que, como una suerte de reparación histórica, las personas de“melanina acentuada”, eufemismo empleado en la película para referirse a las personas negras, sean llevadas de vuelta a África. Entre quienes se insurgen-resisten, están el abogado Antonio Gama, la médica María Carolina (o Capitu) y el periodista André Rodrigues1 -protagonistas de un movimiento que, junto a otras personas refugiadas en espacios clandestinos llamados en la película de “Afrobunker”, reivindican su derecho a permanecer en el país.

Aparte las diversas asociaciones que se han hecho con la historia de la esclavitud en Brasil y con la distópica coyuntura político-social vivida en el país durante el gobierno de Jair Bolsonaro, en el cual recrudecieron, entre otros, episodios de racismo, misoginia, homolesbotransfobia, mucho se discutió también sobre lo que se considerarían aspectos extrafílmicos:

Medida Provisoria contó con un equipo (de producción y de artistas) formado mayormente por personas negras. Y si se considera la historia del audiovisual en Brasil, este no es un dato irrelevante. Del mismo modo, la expresiva y contundente emergencia de artistas, intelectuales, liderazgos políticos, en fin, referentes negras/os en la escena pública nacional estas últimas décadas cobra un sentido especial si se considera no solo el largo y sostenido proceso de invisibilización de referentes afrobrasileños (e indígenas, vale destacar) en las historias que nos contamos en el país, sino lo que Adolfo Albán Achinte (2006, p. 60) llamó de “visibilidad negativa”. Es decir, más allá de la producción de ausencias, hubo también un proceso en el cual aspectos socioculturales, económicos, artísticos y políticos de los pueblos esclavizados fueron sistemáticamente convertidos en estereotipos y en estigmas.

A esto se suman también las trágicas estadísticas presentadas cada año en informes como el Atlas de la Violencia, elaborado por investigadoras/es vinculadas/os al Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (IPEA). De acuerdo con uno de los informes más recientes, Brasil llegó a más de 45 mil asesinatos anuales.2 De esos asesinatos, la mitad es de jóvenes. El 77% de ellos, jóvenes del sexo masculino. Negros en su mayoría. De barrios periféricos.

Y en lo que se refiere a las mujeres, el cuadro no es muy diferente. Alcanzamos un promedio de 13 feminicidios diarios y alrededor de 130 mujeres violadas cada día. Según los datos del Atlas de la Violencia, fueron más de 50 mil asesinatos de mujeres entre 2009 y 2019. Y aquí el componente étnico-racial también se destaca: el 67% de las mujeres asesinadas eran negras.

Hay quienes repiten todavía el cliché de que se trata de ausencia del Estado. Pero sabemos que se trata en realidad de un proyecto orquestado desde el Estado, un Estado que optó, por ejemplo, por el encarcelamiento masivo y por la criminalización de la pobreza. De acuerdo con datos divulgados por el Consejo Nacional de Justicia (CNJ-Brasil), hay en el país actualmente alrededor de 602 mil personas encarceladas -loque nos ubica entre los cuatro países en el mundo con mayor población carcelaria. De este universo de presos, el perfil étnico-racial y socioeconómico corrobora el proceso (¿el programa?) de progresiva criminalización de la pobreza:

el 95% de los presos son hombres y el 5%, mujeres. El 61,7% está compuesto por negras/os y el 75% de estas personas ha concluido solamente el nivel básico de educación formal.3 Al fin y al cabo, algo hay que hacer con el excedente de mano de obra forjado por ese mismo Estado y por un sistema que lleva ya unos cuantos siglos perfeccionándose...

Pero resulta que esta es una de las caras de lo que sucede en Brasil en lo que se refiere a las relaciones étnico-raciales y de género. Y que no se diferencia mucho de lo que sucede en diversos otros países de la región, lo sabemos.4 Es necesario tenerlo presente, especialmente en estos contextos en los cuales las mismas personas e instituciones que celebran acríticamente una diversidad epidérmica, fashion, se revelan indiferentes al genocidio, al etnocidio y también al epistemicidio del que participamos muchas/os. Al fin y al cabo, datos como los que menciono arriba nos permiten advertir también el modo como vamos naturalizando el modus operandi de esa fábrica de ausencias. Y ayudan a comprender también los sentidos de lo que el intelectual negro y hoy Ministro de Derechos Humanos y de Ciudadanía de Brasil Silvio Almeida (2019) llamó “racismo estructural”.

Sin embargo -y con esto subrayo lo que inspira y motiva este escrito-resulta que los leones empiezan a difundir más ampliamente versiones otras de historias que durante siglos

sólo se conocían desde la perspectiva y de las voces de los cazadores…5 Y destaco particu- larmente las pugnas que se realizan desde lo estético -que, vale subrayar, no se deslindan de lo ético, como buscaré argumentar.

En este sentido, me parece oportuno mencionar una suerte de movimiento surgido en estas dos últimas décadas que se conoció en el país como “Geração Tombamento”. “Tombar” en portugués vendría a ser algo como “derrumbar”, “echar abajo” y en este caso remite no solo al hecho de tirar abajo racismos, patrones sociales, estéticos, (hetero)normativos y prejuicios de todo tipo, sino-enel mismo gesto- de actuar positivamente sobre la autoestima de la población negra, en este caso particularmente desde la estética.6

De modo similar a las luchas antirracistas protagonizadas por el movimiento Black Power de los Estados Unidos entre las décadas de 1960 y 1970, la consigna “Black is beautiful” (que se replicó también en Brasil en su momento) orienta parte expresiva de las acciones de estas nuevas generaciones en Brasil. Pero hay más: tal como señala Renata Prado,“elcomportamiento de este grupo es muy similar al de la juventud negra de los años 60 y 70, que protagonizaba los bailes black de ese entonces en las ciudades de São Paulo y Rio de Janeiro”. Y sus referencias incluyen también“el ‘Mandamiento Black’ del maestro Gerson King Combo, la ideología de Malcom X, la belleza de la musa Sandra de Sá (…) la cultura de la juventud jamaiquina (…)además de las ropas coloridas y old school que la generación tombamento tomó como referencia de moda” (Prado, 2017).

De este modo, si a lo largo de nuestra historia algunos rasgos fenotípicos hicieron nacer prejuicios e insultos de todo tipo, esta generación les da la vuelta a los estigmas y los convierte en elementos de afirmación. Labios, uñas, cabellos (des)peinados a su antojo y con colores llamativos están entre los elementos desde los cuales se ponen en jaque prejuicios de diferente orden.

Otro de los ejemplos paradigmáticos de estas insurgencias tiene que ver con la participación de una marca de ropas creada por dos jóvenes de la periferia de la ciudad de São Paulo en uno de los más prestigiosos desfiles de moda del país: São Paulo Fashion Week (SPFW), que realizó en octubre de 2016 su 42a edición. Entre las marcas invitadas, Laboratorio (o Lab) Fantasma, creada por el rapero Emicida y su hermano Evandro Fióti, también músico y compositor, quienes contaron aún con la colaboración del estilista João Pimenta. Mientras cuerpos negros, gordos y trans transitan por la pasarela y nos invitan a pensar qué queremos decir con eso que llamamos “diversidad”, mientras nos invitan a pensarnos desde nuestras diferencias, resuenan entre programaciones electrónicas tambores y cantos del candomblé7 y la voz de Emicida advierte: “Hace 400 años estoy por decirles estas cosas!”.8

“Yasuke (Bendito, louvado seja)” se llama el tema compuesto por Emicida especialmente para el desfile de Lab Fantasma en la SPFW.9 La letra, al igual que el diseño de las ropas y el arreglo musical, aproximan África, Brasil y Japón. Yasuke, un musulmán nacido en Mozambique que en el siglo XVI habría sido llevado como esclavo al Japón, terminó por ser un samurái al integrar la guardia personal del señor feudal para el que trabajaba.

Yasuke resurge de esta manera en el nombre de la colección de Lab Fantasma presentada en la SPFW y en la composición de Emicida como una de las referencias fundamentales para una narrativa que quiere dar a conocer una larga y extendida historia de resistencias: “siempre ha sido romper cadenas”, dice la letra del rap de Emicida en un pasaje que evoca y amplifica Jurema Werneck (2010) y su necesaria y bien informada constatación: “nuestros pasos vienen de lejos”. Se trata, por lo tanto, de evidenciar los diversos modos de luchar por la libertad:

“lucha escondida en la danza, como capoeira(…)resistencia oculta en las trenzas”, sigue la letra. Cantos-bailes que celebran, que organizan para la lucha, que crean comunidad, memoria, historias que se niegan a ser borradas, que se niegan a tener amputada parte de su existencia. Pero me estoy adelantando. Las luciérnagas vienen luego. Antes, hace falta contextualizar estas insurgencias que acabo de mencionar. Y en ese recuento es imposible no tener en cuenta el trabajo realizado por Abdias Nascimento. En este sentido, con el propósito evidenciar las continuidades en las luchas por emancipación, abordaré brevemente el camino recorrido por uno de los más destacados intelectuales y activistas negros del país-yautor de Quilombismo, ensayo más que actual que se publica en esta edición de LiminaR.

Abdias Nascimento: presente

Dramaturgo, actor, director, pintor, activista, docente universitario, escritor, editor, diputado, senador, poeta…No sería una hipérbole afirmar que la vida y la obra de Abdias Nascimento (1914-2011) han estado dedicadas integralmente a la lucha antirracista. Una lucha que empezópara él desde muy temprano y, como se advierte en esa breve enumeración de sus actuaciones, desde diferentes frentes.

Nacido en Franca, ciudad del interior del Estado de São Paulo,10 hijo de Georgina Ferreira do Nascimento, que trabajaba como confitera, y de José Ferreira do Nascimento, que era zapatero y músico, Abdias tuvo una trayectoria muy similar a las que se han escuchado cada vez con más frecuencia en las universidades públicas del país en la última década: nacido en una familia negra empobrecida, fue la primera persona de la familia que logró completar sus estudios básicos e ingresar a la universidad.11 Empezó a trabajar a los siete años de edad y, después de haber concluido el curso de Contabilidad, se mudó en 1929 a la ciudad de São Paulo para ingresar en el ejército, al mismo tiempo en que se iba acercando a los grupos y movimientos negros. En 1936 se integra al Frente Negro Brasileño (FNB), movimiento que agudizó la crisis que tenía con respecto al ejército.12 Decide entonces dejar el ejército para dedicarse a las acciones del FNB, lo que le llevó a ser duramente perseguido por la policía de São Paulo. Debido a ello, se muda a Rio de Janeiro, donde se vincula a la Acción Integralista Brasileña (AIB), un movimiento ultranacionalista, totalitario, tradicionalista, guiado por principios religiosos católicos y con claras inspiraciones fascistas. Y este viene a ser un pasaje entendido como controversial en la compleja trayectoria intelectual y activista de Abdias Nascimento. Al fin y al cabo, no se podía comprender cómo un activista del FNB se vincularía a un movimiento como la AIB. La adhesión a la AIB, se dio, según Abdias, porque significaba, por un lado, la posibilidad de “acceder a una comprensión de la realidad social, económica y política del país y las implicaciones internacionales que lo involucraban.” A ello se sumaban “las luchas nacionalistas y antiimperialistas, la oposición al capitalismo y a la burguesía” (Uchoa Cavalcanti y Ramos, 1978, p. 30) En este mismo sentido, pese a sus diversas confluencias con el nazismo y con el fascismo, la AIB no comulgaba con sus tesis racistas; al contrario, propugnaban por el concepto de “segunda abolición”, una idea cara al entonces incipiente movimiento negro. Se llamaba “segunda abolición” de la esclavitud porque se consideraba que la promulgada en 1888 no se había traducido en cambios sustanciales en la vida de la población “liberada”. Y fue precisamente lo de “segunda abolición” lo que hizo que Abdias Nascimento se vinculara a la AIB, puesto que esto coincidía también con la agenda del FNB.

Por otro lado, los años 1930 marcan también el inicio de la llamada Era Vargas,13 que duró15 años y que tenía un carácter particularmente centralizador. Habiendo ascendido a la pre- sidencia luego de la llamada Revolución de 1930, Vargas fue progresivamente acentuando el carácter dictatorial de su gobierno -tanto que de 1937 a 1945, dio forma a lo que se conoce como Estado Nuevo, que contó con expresivo apoyo de los militares. Si, por un lado, durante su gobierno se aprobaron leyes que consolidaron los derechos de los trabajadores, por otro, promulgó una nueva Constitución claramente inspirada en las de Italia y de Polonia (de ahí el apodo de“lapolaca” que ganó la Constitución instituida por Vargas).14 Y en esa coyuntura, la AIB, bajo el liderazgo de Plinio Salgado, se presentaba como un frente alterno al gobierno de Vargas, al que la AIB había apoyado inicialmente. Así las cosas, Abdias Nascimento se desvincula de la AIB en 1937, luego de haber vivido episodios de racismo al interior de la entidad y meses antes de que Vargas la proscribiera. Y en este mismo contexto, también el Frente Negro Brasileño, al igual que partidos políticos y organizaciones sociales, fueron proscriptos por el Estado Nuevo de Vargas.

En 1938 Abdias Nascimento ingresa a la carrera de Economía de la Universidad de Río de Janeiro y durante esos años en la ciudad, se aproxima de diversas manifestaciones culturales de la población negra, entre ellas el candomblé. Fue poco a poco ampliando su círculo de amistades: conoció al maestro Abgail Moura, creador de la Orquesta Afrobrasileña y que sería el responsable por componer la música de diversas obras de teatro dirigidas por Nascimento; y al poeta, pintor y dramaturgo Solano Trindade, que había organizado en 1934, en el Estado de Pernambuco, región noreste de Brasil, el I Congreso Afrobrasileño. Otras amistades de esos años incluían a los poetas argentinos Godofredo Iommi, Efraín Tomás Bó y Raúl Young y a los brasileños Gerardo Mello Mourão y Napoleão Lopes Filho. Con ellos, Abdias creó la Santa Hermandad Orquídea, resultado de un “pacto de vivencia estética y existencial” (Nascimento, 2014, p. 139) y con la cual viajaron de Río de Janeiro al Amazonas y desde allí empezaron en 1941 un recorrido por Sudamérica.

Durante ese recorrido, se involucraron en diversos proyectos artísticos y Abdias Nascimento intensificó su interés por el teatro. Al pasar por Perú, tuvieron la oportunidad de ver en el Teatro Municipal de Lima la puesta en escena de la obra El emperador Jones, de Eugene O´Neill. La

obra, que se llamaba originalmente The Silver Bullet, cuenta la historia de Brutus Jones, un afroamericano que, luego de haberse fugado de la cárcel en los EUA, donde estuvo preso por un asesinato, se autoproclama emperador en una isla caribeña. Haber visto en escena a un actor blanco pintado de negro para interpretar al protagonista de la obra hizo que Nascimento se planteara diversas interrogantes sobre la ausencia de actores negros en el teatro brasileño. Como resultado de esas reflexiones, crea en Rio de Janeiro en 1944 el Teatro Experimental del Negro (TEN).15

Formado inicialmente por obreros, empleadas domésticas y empleados públicos que, junto a la iniciación al lenguaje teatral, recibían también clases de alfabetización, cultura general y formación política, el TEN realizó su primera puesta en escena en 1945 en el Teatro Municipal de Rio de Janeiro. Era la primera vez que actrices negras y actores negros subían al escenario de aquel espacio. Y la obra elegida…El emperador Jones, de Eugene O´Neill, quien cedió sin costos los derechos para la puesta en escena.

Con buenas repercusiones ante la crítica, la puesta en escena dio lugar también a acusaciones de práctica de “racismo reverso”. Recuérdese que se habla aquí de una coyuntura en la que los sectores hegemónicos de la sociedad seguían empeñados en una política de blanqueamiento de la población-un proyecto que incluyó la llegada masiva de inmigrantes europeos al país desde finales del siglo XIX. Y al mismo tiempo, el uso dado al término “mestizaje” buscaba precisamente opacar las luchas por los derechos de la población afrobrasileña bajo la excusa de que en Brasil no había racismo, sino que se vivía, al contrario, una “democracia racial”.

Pese a ello, el TEN va conquistando más espacios y realiza, aparte puestas en escena en las que se incentiva una dramaturgia de autoría negra, con personajes, actrices, actores y temática negra, una serie de conferencias, congresos, concursos de artes, etc. En 1946-año en el que se realizó la Asamblea Nacional Constituyente que elaboró una nueva Constitución post Estado Nuevo-el TEN organiza, por ejemplo, el Comité Democrático Afrobrasileño, que se dedicó, entre otras cosas, a la lucha por la liberación de presos políticos del Estado Nuevo, y luego la Convención Nacional del Negro, en la que se formularon propuestas como la inserción en la Constitución de artículos que definían la discriminación racial como un delito, entre otras propuestas que buscaban incidir en la elaboración de políticas públicas para la población negra. Y todavía en lo que se refiere a derechos, cabe destacar el protagonismo de mujeres negras en el TEN. Resultado de los procesos de formación de sus integrantes, de allí emergen dos organizaciones: la Asociación de Empleadas Domésticas y el Consejo Nacional de las Mujeres Negras, que constituyeron igualmente otros frentes de lucha.

Del mismo modo, el Teatro Experimental del Negro editó entre 1948 y 1950 el periódico Quilombo: vida, problemas y aspiraciones del negro, desde el cual se buscaba ampliar el combate al racismo a través de artículos en los que se discutían, además de temas ligados a las artes escénicas, también aquellos relacionados más ampliamente a la cultura afrobrasileña, al racismo, al igual que a la diáspora africana. Y se publicaban colaboraciones de autores muy diversos, entre ellos referentes como el sociólogo Alberto Guerreiro Ramos, el etnógrafo Edi- son Carneiro, además de Roger Bastide y de escritoras/es como Rachel de Queiroz, Nelson Rodrigues, entre otras/os. Y, dado que la propuesta consistía en contemplar las más diversas perspectivas, en generar debates y reflexiones, se creó una sección llamada “Democracia Racial”, en la cual se publicaron también textos del médico, antropólogo y etnólogo Arthur Ramos, responsable por la elaboración de la noción de “democracia racial” con la cual trabajó Gilberto Freyre, este también colaborador del periódico.16 Las portadas del Quilombo solían traer siempre a modelos y actrices negras y todo el proyecto gráfico en general buscaba destacar la belleza negra. Se trataba de un esfuerzo por superar los estigmas bajo los cuales históricamente se contaba la historia de la población negra en Brasil: en lugar de contar dicha historia única y exclusivamente a partir de la esclavización o de la pobreza, se presentaban los diversos ámbitos artísticos, intelectuales, científicos protagonizados por afrobrasileños/as. En este mismo sentido, el Quilombo publicaba notas sobre artistas africanos y de la diáspora, al igual que artículos escritos por intelectuales negros de diversas otras latitudes.17 Para Abdias Nascimento“unarte brasileño, para ser auténtico, necesita incorporar en él el canon negro que impregna nuestra formación desde los primeros tiempos” (apud Nascimento, 2014, p. 162). De ahí que, a partir de una resolución del Congreso del Negro Brasileño, realizado en 1950, Abdias crea también el Museo de Arte Negro (MAN), cuya primera exposición se realizó en 1968 en el Museo de la Imagen y del Sonido, en Rio de Janeiro.18

El Teatro Experimental del Negro estuvo en actividad hasta 1961, año en que empiezan a agudizarse las tensiones políticas que culminarían con el golpe cívico-militar de 1964. Para ese entonces, en consonancia con el programa de acción definido años antes por el TEN, Abdias Nascimento, al igual que otros compañeros negros, se presentó como candidato a cargos electivos en diferentes ocasiones. Llegaría, años más tarde, a actuar como Diputado y como Senador. En 1968, luego de la inauguración de la exposición del Museo de Arte Negra, Abdias viaja a los Estados Unidos para una serie de actividades junto a colectivos estadunidenses dedicados a la promoción de los derechos civiles de la población negra. En diciembre de ese mismo año, el régimen cívico-militar que había iniciado en 1964, promulga el Acto Institucional no. 5, que intensificó aún más el autoritarismo-loque hizo que mucha gente tuviera que exiliarse por temor al terror de Estado que se instalara en el país en aquellos años. Con ello, empieza también el periodo de exilio de Abdias Nascimento. Actuó entonces como docente en la State University of New York en Bufalo y empezó sus incursiones en la pintura:

En el transcurso de esos años, participó también de encuentros con artistas e intelectuales negras/os en las más diferentes latitudes: además de transitar por diferentes regiones de los Estados Unidos, estuvo también en Europa, en África, además de diversos países latinoamericanos y caribeños. En todos esos lugares, se empeñó en denunciar el asimilacionismo inherente a la idea de“democracia racial”, tan difundida en Brasil, al exponer la situación de la población afrodescendiente en el país y en evidenciar como estas cuestiones se conectaban a las agendaspanafricanistas.

Si Sudamérica no solía contar con representantes en buena parte de los eventos internacionales relacionados al panafricanismo, Abdias Nascimento se destacó al ser uno de los pocos que tuvo efectiva participación en ellos. Fue, por ejemplo, el primer representante de los afrodescendientes sudamericanos en el 6to. Congreso Panafricano, realizado en Dar es Salaam, en Tanzania, en 1974. Ya en 1976 estuvo en el 1er. Festival Mundial de Artes y Cultura Negra y Africana (FESTAC), realizado en Dakar, Senegal,19 y en 1977 en la segunda edición, realizada en Lagos, Nigeria. Esta segunda edición contó también con otros representantes brasileños, a ejemplo de Gilberto Gil, quien compartió escenario con el estadunidense Stevie Wonder y la sudafricana Miriam Makeba, además de otras/os artistas de diferentes países africanos.

Así, en esos años de intensa agenda de trabajo en el exilio, Abdias estuvo en contacto con referentes fundamentales de la lucha antirracista, como el grupo estadunidense Panteras Negras, el intelectual marxista y panafricanista trinitense C.L.R. James, el historiador y antropólogo senegalés Cheikh Anta Diop, el poeta y ensayista martiniqués Aimé Césaire y su compatriota Frantz Fanon, el antropólogo y escritor colombiano Manuel Zapata Olivella, el escritor y filóso- fo francoargelino Albert Camus, además de la filósofa, antropóloga y activista brasileña Lelia Gonzales y del político brasileño Leonel Brizola, con quien trabajó en el proceso de creación de lo que más tarde resultaría en la fundación del Partido Democrático Trabalhista (Partido Democrático Laborista). Y es también en ese contexto cuando empiezan a cobrar forma más concreta las reflexiones que luego plasmaría en el ensayo “Quilombismo: un concepto emergente del proceso histórico-cultural de la población afrobrasileña”.

Antes de comentar algunos aspectos de dicho ensayo, finalizo este breve recorrido por la trayectoria de Abdias Nascimento destacando que a su regreso a Brasil en 1981 fundó, junto a su compañera Elisa Larkin Nascimento, el Instituto de Pesquisas e Estudos Afro-brasileiros (IPEAFRO). Con el apoyo del arzobispo Paulo Evaristo Arns y de estudiantes del Grupo Negro de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo, el IPEAFRO nació con el propósito de “contribuir con la defensa de los derechos de los afrodescendientes y(…)preservar, divulgar y activar la memoria, la cultura, la historia y activismo negros”, además de “crear un sector de enseñanza y de investigaciones en asuntos afrobrasileños y una biblioteca especializada a partir del acervo de Abdias Nascimento”20 según se lee en la página web del Instituto (IPEAFRO, s/f).

Desde entonces, el IPEAFRO-que en 1984 se trasladó a Río de Janeiro-se ha dedicado a organizar una serie de exposiciones, cursos, publicaciones e investigaciones pioneras, como la llevada a cabo entre 1982 y 1983 junto a comunidades quilombolas.21

Entre 1983 y 1987 el IPEAFRO publica la revista Afrodiáspora, una publicación bilingüe que, en consonancia con los objetivos del Instituto, buscaba fomentar la investigación y la divulgación del universo afroamericano y diaspórico. El Instituto realiza también la edición de libros como los que integran la colección “Sankofa -Matrices africanas de la cultura brasileña”, además de diversas publicaciones hechas en colaboración con otras editoriales. Importa destacar todavía que el IPEAFRO organizó en esos años el 3er. Congreso de Cultura Negra de las Américas (1982) y el Seminario Nacional sobre los 100 años de la Lucha de Namibia por la independencia (1984). El destaque se debe especialmente al hecho de que ambos eventos llevaron por primera vez a Brasil representantes del Congreso Nacional Africano (ANC) y de la Organización del Pueblo del Suroeste de África (SWAPO), de Namibia, además de representantes de diversos países de las Américas y el Caribe (IPEAFRO, s/f).

Mientras tanto, Brasil empezaba su proceso de transición hacia la democracia, luego de 20 años (1965-1985) bajo una dictadura cívico-militar. Se retoman las elecciones y Abdias Nasci- mento se desempeña (entre 1983 y 1996) primero como diputado federal y luego como senador. Y mantiene en el Parlamento su activismo antirracista y su empeño en presentar proyectos de ley relacionados a la población afrobrasileña y que ya había esbozado en sus escritos sobre el quilombismo. Algunos de esos proyectos subsidiaron la implementación, años más tarde, de leyes que tipificaron el racismo como un crimen, de políticas de acción afirmativa, como la Ley 12.711/2012 que instituyó la llamada política de “cuotas” en las universidades y demás instituciones públicas.22 Tuvo también participación decisiva en la creación de la Fundación Cultural Palmares, entidad vinculada al Ministerio de Cultura, dedicada a la preservación y a la difusión de las culturas afrobrasileñas. Dicha Fundación, creada en 1988, alude en su nombre al Quilombo dos Palmares, ubicado en el actual estado de Alagoas, noreste de Brasil. Consi- derado el más grande y el más emblemático quilombo de la época colonial en Brasil, abriga actualmente el Parque Memorial Quilombo dos Palmares, creado en 2007. En ese mismo parque fueron depositadas en noviembre de 2011, según su deseo, las cenizas de Abdias Nascimento.23

Quilombismos y una pedagogía de luciérnagas

Presentado inicialmente en el 2do. Congreso de Cultura Negra de las Américas, realizado en Panamá en 1980, Quilombismo, el ensayo publicado por primera vez en castellano en esta edición de LiminaR, constituye, según se lee allí, “una propuesta del autor a sus hermanos y hermanas afrodescendientes en Brasil y en las Américas”. O, en palabras de Elisa Larkin Nascimento, es “una propuesta teórica para la organización nacional, reuniendo principios socialistas igualitarios con las demandas de los agentes colectivos que emergían con identidades y cuestiones específicas” (Nascimento, 2014, p. 227). En síntesis, una “praxis brasileña”. Una praxis que se caracteriza por ser “una metódica y constante vivencia de las masas africanas que se negaban a la sumisión, a la explotación y a la violencia del sistema esclavista”, según se lee en Quilombismo (Nascimento, 2023, p. 29).

Se trata aquí de un cambio sustancial en la manera como se contaba la historia de las/os negras/os en Brasil. Si los manuales escolares con los que nos formamos diversas generaciones en el país se empeñaron en presentar la historia de esa población únicamente desde su condición de esclavizadas/os; si se difundía la idea de que los quilombos eran nada más que comunidades remotas creadas por esclavizados que se habían fugado de las haciendas en las que trabajaban, Abdias Nascimento, al igual que otras/os intelectuales y activistas brasileñas/os, promueve un giro expresivo en dicho abordaje:“Quilombo no significa esclavo huido. Quilombo quiere decir reunión fraterna y libre, solidaridad, convivencia, comunión existencial” (Nascimento, 2023, p. 34). De este modo, los quilombos (también llamados en Brasil de mocambos y en otros países de la región de palenques o cumbes) constituían comunidades autónomas en las que sus habitantes, además de resistir, ensayaban ofensivas emancipadoras. Al fin y al cabo, como nos lo recuerda el historiador brasileño João José Reis, “donde hubo esclavización, hubo resistencia” (Reis, 1996, p. 47).

Así las cosas, Abdias Nascimento define el quilombismo como una “idea-fuerza”, como un“movimiento amplio y permanente” que, como veremos a continuación, constituía la “exigencia vital de los africanos esclavizados, en el esfuerzo por rescatar su libertad y dignidad a través de la fuga del cautiverio y de la organización de una sociedad libre” (Nascimento, 2023, p. 29). Y, dada la red internacional de la que formó parte, las luchas por emancipación que abordóAbdias en su trabajo trascendían el ámbito nacional. Como quedó dicho anteriormente, había confluencias diversas con el panafricanismo. La tesis del quilombismo, advierte Elisa Larkin Nascimento,“seconstruye simultáneamente a la de afrocentricidad, que Molefi K. Asante lanza en el mismo año de 1980” (Nascimento, 2014, p. 227). Ambas formulaciones tenían en común el objetivo de “crear un instrumento propio de lucha y de reflexión contra el racismo y en beneficio de los pueblos negros” (Nascimento, 2014, p. 228).

En lo que se refiere más directamente a mi argumentación en este escrito, destaco el hecho de que Abdias Nascimento supo leer continuidades en las insurgencias que se habían iniciado ya en el siglo XVI y que él reconoció presentes todavía en el siglo XX. Los quilombos se organizaban, según la formulación de Abdias, como

Es decir, constituyeron formas de insurgencia practicadas en lo micro, urdidas en las grietas de la vida diaria; “genuinos focos de resistencia física y cultural” (Nascimento, 2023, p. 29); que se organizaban de las más diferentes maneras:

Focos de resistencia que muchas veces parecían mero juego, diversión, entretenimiento. Pero, tal como mencioné anteriormente al hacer referencia al trabajo del rapero Emicida, “siempre ha sido romper cadenas”. Sea en la “lucha escondida en la danza, como capoeira (…) resistencia oculta en las trenzas”, como se escucha en la letra de Yazuke citada más arriba, sea en la práctica recurrente de escuelas de samba en cuyas baterías es posible reconocer células rítmicas de toques sagrados para Orishas. Recordemos, del mismo modo, las tretas que han permitido que, ante la imposición de una fe (la “oficial”, católica), haya sido posible seguir celebrando deidades africanas que el oficialismo pretendió proscribir a partir de leyes y de fuerte represión. Estamos aquí ante “operaciones polimórficas” (De Certeau, 1998, p. 46) que sugieren modalidades diversas de practicar insurgencias. “Gestos hábiles del‘débil’en el orden establecido por el‘fuerte’”, diría Michel de Certeau. En una palabra: tácticas - sutiles y sagaces movimientos “dentro del campo de visión del enemigo(…)y en el espacio por él controlado” (De Certeau, 1998, pp. 100-104).

Empecé este escrito haciendo referencia a la película brasileña Medida provisoria y la recupero aquí por recordar que el espacio en el que se reunieron quienes lograron escapar de las amenazas de deportación se llama Afrobunker. En ese lugar, que puede reconocerse fácilmente como una suerte de quilombo urbano, se desarrollan sucesos clave de la película. Pero llamo la atención para un detalle que, en la lectura que propongo, no es para nada menor: uno de los personajes (Berto, vivido por el rapero Emicida) aparece con un libro en las manos y el encuadre en esa escena permite identificar que se trata de un libro del periodista y escritor estadunidense Ta-Nehisi Coates. Hijo de uno de los integrantes de Panteras Negras, Coates participa muy activamente de los debates sobre la situación de los negros en los Estados Unidos. En 2014 decide escribir una larga carta sobre este tema a su hijo adolescente. En la carta que se publica en formato de libro con el título Entre el mundo y yo, Coates discute una serie de cuestiones relacionadas al racismo y lo que implica habitar un cuerpo negro en los Estados Unidos.

Ahora bien, evoco esta escena en particular porque identifico en ella un gesto que me parece formar parte de los sutiles y sagaces movimientos que mencioné más arriba al hablar de quilombismos. Berto, el personaje que aparece leyendo el libro en la película, parece sugerir su lectura-loque en el contexto de la película y dado el tema central de la misma tiene todo sentido. Y evoco este gesto porque me resulta análogo a otros que se pueden advertir, por ejemplo, en diversas de las canciones de artistas negras/os de Brasil.

Hablo aquí de prácticas, de tácticas que considero afines a lo que plantea Abdias en su ensayo y a mucho de lo que ha hecho desde el Teatro Experimental del Negro. Tomemos “A primera vista”, canción compuesta por Chico César y grabada por él y también por diversas/os otras/os artistas de Brasil y de otras latitudes (entre ellos el español Pedro Guerra y el argentino Pedro Aznar). Incluida en la banda sonora de telenovelas, éxito popular cantado a pleno pulmón por multitudes, la canción trae un verso en el que se escucha: “Cuando oí a Salif Keita bailé” (César, 1995). Un oyente despistado quizás no se haya interesado en indagar al respecto. Ocurre que, en un paralelo con lo que sucede en el universo de los juegos digitales y del cine, sería posible caracterizar ese gesto como un easter egg: pequeñas sorpresas (que pueden ser homenajes, como es el caso aquí) escondidas en un determinado producto. Es decir, un oyente inquieto podrá advertir que Chico César incluye en la canción una invitación a que su público conozca a uno de los más importantes cantautores de la República de Mali. Pero no solo esto: es posible reconocer en los discos de Chico César además de guiños rítmicos a tradiciones musicales africanas, la participación de músicos como el congolés Ray Lema, asícomo el baterista Dharil Esso y el bajista Etienne Mbappé, ambos de Camerún. De este modo, sutilmente se abren posibilidades de interpelaciones estéticas diversas -con la correspondiente apertura y ampliación de la escucha.

Gesto similar se advierte en composiciones de diversos otros artistas, como es el caso de Criolo, artista nacido en un sector periférico de la zona sur de São Paulo y que transita entre el rap y el samba. La letra de “Sucrilhos”, incluida en su disco“Nóna orelha”, lanzado en 2011, trae, además de re(f/v)erencias a figuras clave del hip hop brasileño como Dina Di y Sabota- ge, mención a artistas como Di Cavalcanti, Helio Oiticica y Frida Kahlo.“Mariô”, incluida en el mismo CD y compuesta en colaboración con Kiko Dinucci, trae una introducción en la que se reverencia a Ogun,25 seguida de los versos “Actitudes de amor debemos samplear / Mulatu Astatke y Fela Kuti escuchar” (Criolo, 2011).Al igual que Chico César, Criolo presenta a la sensibilidad de su público una invitación a que conozca a estos dos músicos: Mulatu Astatke, multiinstrumentista nacido en Etiopía y que es considerado la gran figura del jazz (el llamado Ethio jazz) hecho en su país; y Fela Kuti, músico nigeriano creador del afrobeat y que es otra de las referencias centrales para muchas/os activistas y artistas alrededor del mundo. En “Convoque seu Buda” [Convoca a tu Buda, en traducción libre], disco lanzado en 2014, hay referencias a, por ejemplo, Michel Foucault, Eric Hobsbawn y a Maquiavel. En una entrevista al portal Geledés, Criolo afirma que“lamúsica no tiene código postal; el arte es eso. No pide permiso, el arte enseña” (Sena, 2016).

Y si coincidimos con Criolo que el arte enseña, entonces podemos reconocer un trabajo pedagógico en esos pequeños, astutos “contrabandos”26, discretos gestos a través de los cuales se diseminan bajo radar informaciones diversas. Lo mismo se advierte en el trabajo de Rafael Mike,27 que con Elza Soares interpreta“Nãotá mais de graça” [“Ya no es gratis”, en traducción libre], composición de su autoría que recupera versos de“Acarne”, clásico compuesto por Ulisses Cappelletti, Seu Jorge e Marcelo Yuka. Si en“Acarne” la letra decía que“lacarne más barata del mercado es la carne negra (...) [es la] que va gratis a la cárcel/ (...) al subempleo y a los hospitales psiquiátricos”, en la composición de Mike lo que se escucha es una contundente advertencia:“lacarne más barata del mercado ya no sale gratis/ lo que antes no valía nada ahora vale una tonelada”. Y sigue la letra:

Ahora bien, luego de enumerar referencias clave para la historia del rap, así como de la resistencia negra femenina, la estrofa termina con una mención a Mogobe Bernard Ramose, filósofo sudafricano, profesor de la Universidad de Sudáfrica y uno de los responsables por la difusión de la filosofía africana, en particular la filosofía Ubuntu-que tiene diversas confluencias con el ujamaaísmo mencionado por Abdias Nascimento en su ensayo “Quilombismos”.

Pero entre los artistas surgidos estas últimas décadas en Brasil vuelvo a mencionar el trabajo que realiza Emicida-quizás el que más se destaca en su explícita labor pedagógica-. También en sus composiciones se suelen encontrar esos sutiles “contrabandos” que mencioné hace un momento, esos astutos gestos que insertan en letras de canciones y en arreglos musicales infor- maciones que terminan funcionando como una suerte de literacidad.29 En el caso de las letras de Emicida, aparte el mozambiqueño Yazuke, ya mencionado, vale destacar, por ejemplo, a Inacio da Catingueira. Nacido en el pequeño pueblo de Catingueira, estado de Paraíba, noreste brasileño en el siglo XIX, Inacio fue un icónico repentista.30 Negro y esclavizado, Inacio es recordado en la historiografia de la “literatura de cordel” por su célebre victoria en la disputa con Romano Teixeira, que, además de ser también un conocido y respetado repentista, era el“dueño”de Inacio. En la composición de Emicida se advierte un paralelo entre las hábiles rimas de Inacio y las del propio Emicida, quien más que jactarse de su destreza verbal, busca subrayar la importancia de saber cómo entrar en embates asimétricos: “Ganamos si el mundo se convence de dos cosas: que eres un buen caballero y que eres un excelente jugador”31 (Emicida, 2018). También en “Mandume”, otra de las composiciones de Emicida, se advierten tributos que son a la vez esfuerzos por presentar referentes centrales para las juventudes afrobrasileñas. Mandume Ya Ndemufayo (1894-1917), fue un rey angolano que se notabilizó por su aguerrida resistencia a la colonización portuguesa. Y en la canción de Emicida resulta ser otra de las inspiraciones fundamentales: “Desde la primera vez que tuve contacto con su historia, pensé que podría ser una metáfora para los varios descendientes de reyes y reinas que siguen cabisbajos por el mundo sin saber de su grandeza”(Adorno, 2016), afirma Emicida en una entrevista en la que comenta cada detalle del videoclip de“Mandume”-unvideoclip que, por cierto, trae, como suele pasar em diversos de sus trabajos, una profusión de referencias y de guiños a imágenes icónicas de la militancia negra. Aquí, además de las menciones a referentes afro en la letra, se puede reconocer en las imágenes, por ejemplo, la referencia a una campaña realizada en 1991 por el Movimiento Negro Unificado. El afiche de dicha campaña presentaba, junto a la foto de una pareja afrobrasileña besándose, versos del poema “Bandeira”, del poeta baiano Lande Onawale: “Resiste a la violencia racial: besa a tu prieta en plaza pública”. Se reconocen asimismo en el videoclip a integrantes de colectivos diversos (a ejemplo del colectivo“Nós,mulheres da periferia”), escritoras/es como Elizandra Souza y Mel Duarte, quien lee al final de la canción uno de sus poemas.32

Y aquí cabe destacar otro aspecto relevante en el trabajo de estas nuevas generaciones: la centralidad que tienen las imágenes, y más específicamente la profusión de videoclips musicales. Si, como decía al principio de este escrito, junto al proceso de invisibilización de referentes afrobrasileños, hemos tenido que convivir también con la producción de una “visibilidad negativa” (Albán Achinte, 2006, p. 60), la actual profusión de videoclips busca no solo contrarrestar estigmas a través de la presentación de referentes como los ya mencionados,33 sino que ponen en evidencia otro aspecto igualmente relevante: que la lucha es colectiva. Son frecuentes las colaboraciones34 en esos trabajos. En el caso de Emicida (y de diversas/os otras/os artistas de su generación), hay un bordón recurrente: la potencia del nosotros, la apuesta por lo colectivo, por lo comunitario.35 Y en el videoclip de “Mandume” intervienen, además de Emicida, las/los MCs Drik Barbosa, Rico Dalasan, Amiri, Muzzike y Raphão Alafin. Su partici- pación, afirma Emicida, es “una oportunidad de agradecer y de homenajearlos también, pues cada uno de los involucrados es un rei Mandume vivo que no permitirá que las agresiones en contra nuestro queden impunes” (Adorno, 2016).

Pero interesa destacar especialmente lo sucedido en torno al exitoso disco AmarElo (2019), que Emicida definió como un experimento social: “imagina que tienes un escenario con una serie de informaciones dispersas en focos de luz. Podría colocar ese foco de luz en el miedo, en la desesperación, en la violencia, pero decidí ponerlo en la esperanza”, afirma en una entrevista dada días antes de un concierto histórico que dio en el Theatro Municipal de São Paulo (Henrique, 2019). Sobre el disco y sus muchos desdoblamientos habría mucho que decir, pero por razones de espacio destaco brevemente unos pocos aspectos que dialogan más directamente con lo que busco discutir aquí. Y destaco nuevamente las diversas y plurales colaboraciones en ese álbum -que son, ellas mismas, fecundos insumos para pensar en esos gestos (est)éticos licuafronteras y en lo que traen como agendas posibles de trabajo: se escuchan en el disco tanto las voces de artistas como Larissa Luz, Drik Barbosa, Fabiana Cozza, Majur y Pabllo Vittar, como la de la consagrada actriz Fernanda Montenegro, la de las Pastoras de la Comunidad del Rosario -grupo formado por mujeres sexagenarias de la Iglesia del Rosario de los Hombres Negros del barrio de Penha, en São Paulo. Y se escuchan también al pastor evangélico Henrique Vieira, a los sambistas Zeca Pagodinho y Wilson das Neves, la orquesta japonesa Tokyo Ska Paradise y el dúo cubano Ibeyi, formado por dos hermanas mellizas, hijas del célebre percusionista Anga Díaz, integrante de Buena Vista Social Club. Emicida es, como dije, un rapero que, como él suele decir, hace “neo-samba”. Pero tanto por las colaboraciones en este disco, como por las experimentaciones musicales que ha estado haciendo a lo largo de su carrera, es posible advertir que la confluencia de géneros y de estilos musicales, las combinaciones y saltos temporales, geográficos, culturales, así como las más que heterogéneas referencias en su trabajo, remiten a procedimientos (est)éticos que ponen en jaque las historias únicas de las que trató la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, y que tensionan-subvierten jerarquías, cánones, monoculturas.

Sin ingenuidad o romantización y sin perder de vista las tragedias cotidianas, “AmarElo”, el disco y sus desdoblamientos, propone entonces un experimento social cuyo foco es la esperanza: una invitación a que practiquemos “una mirada sobre la grandeza de la humanidad”, según se lee en el texto de presentación del disco en la página web de Lab Fantasma. Y en el mismo texto se lee también que

También como desdoblamiento del disco, en diciembre de 2020 se estrena en Netflix el documental AmarElo-étudo pra ontem. Dirigido por Fred Ouro Preto, el documental gira alrededor del concierto en el Theatro Municipal de São Paulo en noviembre de 2019 y alterna registros de los bastidores de la grabación del disco, de la historia personal/artística de Emicida, así como los tributos a diversas de las referencias afrobrasileñas, en especial a integrantes del Frente Negro Brasileño (FNB) y del Movimiento Negro Unificado (MNU).36

Ocupar un espacio como el Theatro Municipal de São Paulo es, en las palabras de Emici- da en el documental, promover una reparación histórica. Al fin y al cabo, los cuerpos negros que abarrotaron (en el escenario y en el auditorio) la sala del Teatro para el concierto, tienen el mismo color que los cuerpos que construyeron edificios como aquél, pero jamás pudieron frecuentarlos. Y, así como no pudieron acceder a aquel espacio, tampoco tuvieron acceso a capítulos esenciales de la historia del país / de su propia historia. O, en palabras de Emicida:

Del mismo modo que el Teatro Experimental del Negro (TEN) ocupó en 1945 el Teatro Municipal de Rio de Janeiro con su puesta en escena de“Elemperador Jones”; del mismo modo que el TEN buscó, por medio del periódico Quilombo: vida, problemas y aspiraciones del negro, no solo presentar narrativas otras sobre la población negra, sino incidir en debates antirracistas y ensanchar el cánon estético nacional; del mismo modo que Abdias creó en 1950 el Museo de Arte Negro (MAN), también las generaciones más jóvenes han estado produciendo cambios sustanciales en las dinámicas artísticas, sociales, políticas y culturales del país. Lo corrobora la plétora de artistas (cantantes, escritoras/es, cineastas, fotógrafas/os, artistas visuales, etc.) e intelectuales negras/os e indígenas que hoy circulan de manera inédita por el país.

En este sentido, si la literatura de la que se hablaba en los círculos literarios hegemónicos y también la literatura que se enseñaba en las escuelas brasileñas perpetuaba un canon eurocentrado y heteronormativo, hoy día, la expresiva circulación de libros de autoras/es como Carolina María de Jesus, Conceição Evaristo, Ana Maria Gonçalves, Eliana Alves Cruz, Amara Moira, Itamar Vieira Jr. (por mencionar tan solo algunos de los nombres hoy más ampliamente conocidos), corroboran la magnitud de dichos cambios.37

Lo mismo sucede en el cine, en el teatro, en la danza, en las artes visuales, en los más diversos ámbitos artísticos. Pero quiero destacar de manera más puntual el trabajo realizado por Tatiana Nascimento, poeta, traductora, cantante, compositora y activista de la causa LGBTQIA+. Basándose en el trabajo de Beatriz Nascimento, de Abdias Nascimento y de una investigación en torno a“itans”(término yoruba que se refiere a cuentos o a historias de la tradición oral yoruba), Tatiana se propone “pensar disidencias sexuales y de género como parte intrínseca de la cultura de la diáspora negra en Brasil” (Tennina, 2020). En el proceso, entiende que para abordar la literatura producida por personas negras LGBTQIA+ necesita resemantizar la noción de quilombismo formulada por Abdias. Propone entonces la noción de “queerlombismo literario” (escrita también “cuírlombismo”) para aludir a una literatura contemporánea producida por disidentes sexuales y de género y que no tiene como tema central la denuncia, la expresión de un dolor, sino que se caracteriza como un “sistema de anuncio de mundos” (Tennina, 2020). Se trata de una perspectiva que dialoga tanto con los objetivos del periódico Quilombo, editado por el TEN, como con los esfuerzos por proponer “una mirada sobre la grandeza de la humanidad”, como se ha visto a propósito del trabajo de Emicida y de otras/os artistas de estas generaciones.

Y junto a la profusión de artistas que se han vuelto referentes centrales para generaciones más jóvenes, el ingreso de nuevos sujetos epistémicos a las universidades en las últimas décadas ha representado del mismo modo un relevo sustancial en el repertorio teórico con el cual se trabaja hoy en el país. Así, nombres como Beatriz Nascimento, Lelia Gonzales, Nilma Lino Gomes, Leda Maria Martins, Sueli Carneiro, Cida Bento, Djamila Ribeiro, Jota Mombaça, Antonio “Nego ”Bispo, Renato Noguera están entre los nombres que hoy nutren e inspiran a muchas/os de esas/os jóvenes y que circulan también más allá de los espacios institucionalizados de educación. En diversos barrios periféricos de las ciudades brasileñas se advierten evidentes reverberaciones de las nociones formuladas por esas/os autoras/es.38

De este modo, no es para nada casual que diversos colectivos artísticos que hoy actúan en las periferias de nuestras urbes hayan adoptado el nombre de “quilombos” y que se haya popularizado entre ellos el verbo “aquilombarse” para referirse a sus reuniones de trabajo, de estudio o de celebración comunitaria.

Así, con el propósito de acompañar, apoyar, difundir y aprender de dichos colectivos, hemos dado inicio en el 2016 a una cartografía de los colectivos artísticos de las periferias de la ciudad de Salvador, Bahia. Se trata del proyecto de investigación y extensión La Red Alrededor, a partir del cual hemos identificado poco más de cien colectivos artísticos en las periferias de la ciudad. La mayor parte de dichos colectivos se organiza en torno a las artes, en particular la poesía. Se llaman “saraus” las tertulias, veladas o peñas que reúnen jóvenes estudiantes, peones, amas de casa, trabajadoras/es, batalladoras/es, artistas, activistas, vecinos, la comunidad. Galpones prestados, bares, plazas, esquinas pasan a ser el escenario donde se vive la celebración colectiva, pública, de la palabra; son espacios que contemplan, acogen voces, generaciones y trayectorias diversas. Allí, poetas son todas/os y son muchas/as. Publicadas/os o no. “Saraus”terminan siendo espacios en los cuales el mundo sucede en el sentido opuesto a los atropellos cotidianos: son lugares en los que quienes habían escuchado toda la vida que no tenían voz, cuentan ahora con la escucha atenta de sus iguales (Bonfim, 2017).

Ante programas educacionales conniventes con silenciamientos, con agendas perpetuadoras de colonizaciones, “saraus” son territorios en los cuales los cánones se viven de otros modos: “mis vivencias no caben en una teoría eurocentrada” (Jesus, 2018, p. 102), advierte Ludmila Singa en un poema de su autoría incluido en la antología Poéticas Periféricas: novas vozes da poesia Soteropolitana, lanzada en 2018.39 De ahí que en los poemas que se escuchan-viven en los saraus de Salvador figuren, por ejemplo, “Martin Luther King, Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, Maria Filipa, Luiz Gama, Luiza Mahin, Zumbi!” (Mano Jack y Poeta Noite, p. 104). O, por decirlo con Negreiros Souza:“Minombre es Dandara, Aqualtune, Zumbi, Steve Biko, Lélia Gonzales, Maria Filipa, Akotirene, MalcomX, Luther King, Nzinga, Nelson Mandela... Mucho gusto, mi nombre es Favela” (p. 118). O aún, como advierten los versos de Kuma França:“estáchido hablar sobre Angela Davis / pero también quiero oír sobre / Conceição Evaristo / Vilma Reis / Makota Valdina” (p. 89). Así, reunidas/os alrededor de la palabra propia, compartida, aquilombadas/os, jóvenes poetas y artistas de las periferias promueven literacías, practican insurgencias, contrabandean astutamente saberes otros y crean, fortalecen lazos comunita- rios. Aprenden a leer para enseñarles a las/os camaradas, se diría emulando el estribillo de la canción “YayáMassemba”, que sintetiza parte expresiva de las dinámicas aquí mencionadas.40

Hablo aquí, por lo tanto, de lo que considero como reverberaciones del legado de Abdias Nascimento, en especial de su noción de quilombismo. Hablo de cuerpos-vidas que, como señaléal principio de este escrito, siguen viviendo (y muriendo) sí bajo el espectro de lo que el filósofo camerunés Achille Mbembe llamó “necropolítica” (Mbembe, 2011). Pero hablo también cuerpos- vidas que movilizan y comparten saberes, astucias, tácticas, vitalidades. Hablo, en fin, de “redes pequeñas y flexibles, con solo lo justo, que trabajan en silencio, a menudo de manera invisible y también traspasando límites nacionales.” (Appadurai, 2007, p. 163) Y en lo que se refiere a traspasar límites nacionales, resulta que en esos quilombos contemporáneos se advierte también otro aspecto crucial: si hace algunos años en los debates sobre globalización se señalaban tanto los temores de homogeneización como potenciales atrincheramientos, la circulación física y virtual de personas y de saberes dio lugar también a dinámicas que la antropóloga brasileña Goli Guerreiro llamó “tercera diáspora”:

Y en esos circuitos de comunicación es posible advertir la puesta en práctica de modelos de organización colectiva, de pedagogías. Quizás una pedagogía de luciérnagas, diría yo a partir del “Principio Esperanza” de Ernst Bloch (2004) y de la metáfora propuesta por Georges Didi- Huberman cuando aborda el arte de Pier Paolo Pasolini en tiempos de fascismo: “ante la luz feroz de los proyectores del fascismo triunfante” (Didi-Huberman, 2011, p.28), los pequeños, discretos, movimientos de las luciérnagas terminan siendo destellos de pensamiento, terminan siendo ese baile que-aún fugaz y frágil-resiste al mundo del terror (2011, p. 27). Entiendo por lo tanto que lo que hoy sucede en las periferias de nuestras urbes puede leerse también como

Una reconfiguración que moviliza saberes, modos de hacer, que ocupa espacios diversos y produce no solo contranarrativas, sino ofensivas emancipadoras. Ofensivas que, como busquéargumentar, se practican desde saberes de antes-ahora, como Sankofa,41 desde pedagogías que subvierten sentidos cristalizados y que en el proceso otorgan sentidos otros a estigmas: periferias son hoy nuestros muchos otros centros. Y se trata de un giro que, nutrido por el orgullo del origen, del color de la piel, de los rasgos fenotípicos, del largo camino andado, de la estética, canto-celebra la periferia, canto-celebra quilombismos. ¿Nos daremos cuenta de cuando la historia está sucediendo?

QUILOMBISMO42

Un concepto emergente del proceso histórico-cultural de la población afrobrasileña43

Memoria: la antigüedad del saber negro-africano

En un pasaje anterior del texto de este libro hicimos mención de la urgente necesidad de que el negro brasileño recupere su memoria. Esta viene siendo sistemáticamente agredida por la estructura de poder y de dominación hace casi 500 años. Semejante hecho ha estado sucediendo con la memoria del negro-africano, víctima, cuando no de graves distorsiones, de la más burda negación de su pasado histórico.

La memoria de los afrobrasileños, muy al contrario de lo que afirman aquellos historiadores convencionales de visión estrecha y superficial entendimiento, no se inicia con el tráfico esclavo ni en los primordios de la esclavización de los africanos en el siglo XV. En nuestro país, laélite dominante siempre ha hecho esfuerzos por prevenir o evitar que el negro, después de la supuesta abolición, asumiera sus raíces étnicas, históricas y culturales, separándolo así de su tronco familiar africano. Excepto por el reciente interés en el expansionismo industrial, Brasil, como norma tradicional, ignoró el continente africano. Le dio la espalda a África tan pronto como ya no pudo eludir la prohibición del comercio de carne africana impuesta por Inglaterra alrededor de 1850. La inmigración masiva de europeos tuvo lugar unos años más tarde, y las clases dominantes enfatizan su intención y acción en el sentido de arrancar de la mente y del corazón de los descendientes de esclavos la imagen de una África como un recuerdo positivo de nación, de patria, de tierra nativa; nunca en nuestro sistema educativo se ha enseñado ninguna disciplina que revele aprecio o respeto por las culturas, artes, idiomas y religiones de origen africano. Y el contacto físico del afrobrasileño con sus hermanos en el continente y en la diáspora siempre se ha impedido u obstaculizado, entre otras trabas, por la falta de medios económicos que permitieran a los negros desplazarse y viajar al extranjero. Sin embargo, ninguno de estos obstáculos tuvo el poder de obliterar por completo en nuestro espíritu y en nuestra memoria la presencia viva de la Madre África.

Las diversas estrategias y dispositivos utilizados contra la memoria del africano negro han sufrido recientemente una profunda erosión y un descrédito irreparable. Este trabajo es el resultado de la dedicación y competencia de algunos africanos, al mismo tiempo académicos, investigadores, científicos, filósofos y creadores de literatura y arte, personas del continente africano y de la diáspora africana. Cheikh Anta Diop, de Senegal; Canciller Williams, de los Estados Unidos; Ivan Van Sertima y George M. James, de Guyana; Yosef Ben-Jochannam, de Etiopía; Theophile Obenga, de Congo-Brazzaville; Wole Soyinka y Wande Abimbola, de Nigeria, se encuentran entre los muchos que están activos, produciendo obras clave para el África contemporánea y futura. En diferentes campos, y bajo diferentes perspectivas, el esfuerzo de estos eminentes hermanos africanos se canaliza hacia el exorcismo de las falsedades, distor- siones y negaciones que han estado tejiendo durante tanto tiempo para ocultar o borrar la memoria del saber, del conocimiento científico y filosófico, y de los logros de los pueblos de origen negro africano. La memoria del brasileño negro es parte y participante en este esfuerzo por reconstruir un pasado al que están vinculados todos los afrobrasileños. Tener un pasado es tener la consecuente responsabilidad de los destinos y del futuro de la nación negra africana, aun mientras preservamos nuestra condición como constructores de este país y ciudadanos genuinos de Brasil.

La obra fundamental de Cheikh Anta Diop, principalmente su libro The African Origin of Civilization (versión en inglés de selecciones de Nations Nègres et Culture y Antériorité des Civilisations Nègres, originalmente publicado en francés), presenta una confrontación radical y un desafío incontestable a la arrogancia intelectual, a la deshonestidad científica y la escasezética en el mundo académico occidental cuando se trata de los pueblos, civilizaciones y culturas producidas por África. Utilizando recursos científicos euro-occidentales-Diop es químico, director del laboratorio de radiocarbono del IFAN en Dakar, además de egiptólogo, historia- dor y lingüista-este sabio está reconstruyendo el significado y los valores de las culturas y civilizaciones antiguas erigidas por los negro-africanos, las cuales durante mucho tiempo han permanecido obnubiladas por manipulaciones, mentiras, distorsiones y robos. Son los bienes de cultura y civilización y de artes creadas por nuestros antepasados en el antiguo Egipto, que eran negros y no personas de origen blanco (o rojo oscuro), como proclamaron los científicos occidentales del siglo XIX con énfasis tanto mentiroso como interesado. Veamos cómo Diop (1974, p. XIV) se manifiesta a este respecto:

Las afirmaciones de Diop están basadas en rigurosa investigación, en riguroso examen y en rigurosa conclusión que no dejan margen a dudas o discusiones. Y están lejos de pretender aquél dogmatismo que siempre caracteriza las certezas “científicas” del mundo occidental. Lo que hizo Diop fue sencillamente derrocar las estructuras supuestamente definitivas del conocimiento“universal” en lo que se refiere a la antigüedad egipcia y griega. Les guste o no, los occidentales tienen que tragarse verdades como esta: cuatro siglos antes de la publicación de“Lamentalidad primitiva”, de Lévy-Bruhl, el África negra musulmana comentaba la lógica formal de Aristóteles (que él plagió del Egipto negro) y demostraba ser una experta en dialéctica” (Diop, 1963, p. 212).

Y esto, no lo olvidemos, ocurría casi 500 años antes de que al menos hubiesen nacido Hegel o Karl Marx...

Diop revuelve todo el proceso de mistificación de un Egipto fundamentalmente negro que se volvió blanco por arte de la magia europea de los egiptólogos. Cuenta cómo luego de la campaña militar de Bonaparte en Egipto, en 1799, y después de que los jeroglifos de la piedra Roseta fuesen descifrados por Champollion, el joven, en 1822, los egiptólogos se desarticularon desconcertados ante la grandiosidad de los hallazgos revelados.

Desde esta posición intelectual en adelante, ¿cómo procedieron los egiptólogos negar la realidad egipcia, esencialmente negra, que no presentaba contradicciones científicas realmente confiables o válidas? Al no poseer argumentos o razones para refutar la verdad, expuesta por los antiguos que vieron Egipto de cerca, algunos egiptólogos optaron por guardar silencio sobre la cuestión; otros, más obsesivos en su irracionalismo, optaron por el camino del rechazo dogmático, infundado e indignado. De un modo general, todos se lamentaban de que un pueblo tan normal como los antiguos egipcios pudiese haber cometido tan grave error y de esta forma crear tantas dificultades y delicados problemas para los expertos modernos (Diop, 1974, p. 45).

La pretensión eurocentrista en este episodio se expone de cuerpo entero. Recuerda el ejemplo de un típico escritor del “progresismo” brasileño, el racista Monteiro Lobato, cuando acusa al negro-africano de haber provocado graves problemas para Brasil con la miscigenación, la tan celebrada mezcla de sangres negra y blanca... Pero volvamos a los egiptólogos: ellos buscaron obstinadamente el vano esfuerzo de probar “científicamente” un origen blanco para la antigua civilización del Egipto negro.

En cuanto a Diop, compasivo y humano ante el feroz dogmatismo de los egiptólogos blancos, reveló bastante paciencia y gentileza al explicarles que no alegaba superioridad racial o cualquier genio específicamente negro en aquella constatación puramente científica de que la civilización del antiguo Egipto había sido construida por un pueblo negro. El éxito les explicó Diop, resultó de factores históricos, de condiciones mesológicas -clima, recursos naturales, etc.- sumados a otros elementos no-raciales. Tanto fue así que, aun habiéndose expandido por toda el África negra, del centro al oeste del continente, la civilización egipcia, bajo otras influencias y situación histórica diversa, entró en un proceso de desintegración y franco retroceso. Lo importante es que sepamos de algunos de los factores que contribuyeron para la edificación de la civilización egipcia, entre los cuales Diop enumera estos: resultado del accidente geográfico que condicionó el desarrollo político-social de los pueblos que vivían en los márgenes del valle del Nilo; las inundaciones que forzaban providencias colectivas de defensa y se supervivencia, situación que favorecía la unidad y excluía el egoísmo individual o personal.

En este contexto surgió la necesidad de una autoridad central coordinadora de la vida y de las actividades en común. La invención de la geometría nació de la necesidad de la división geográfica; todos los demás avances se han obtenido a partir del esfuerzo por atender una demanda requerida por la sociedad.

Un pormenor interesa particularmente a la memoria del negro brasileño: aquél en el que Diop menciona las relaciones del antiguo Egipto con el África negra, de modo específico con los yorubas. Parece que dichas relaciones fueron tan íntimas a punto de que se pueda“considerar como un hecho histórico la posesión conjunta del mismo hábitat primitivo por los yorubas y por los egipcios.” Diop levanta la hipótesis de que la latinización de Horus hijo de Osiris e Isis, resultó en el apelativo Orixa. Siguiendo esta pista de estudio comparativo, al nivel de la Lingüística y de otras disciplinas, Diop cita a J. Olumide Lucas en The religion of the yorubas, el cual traza los lazos egipcios de su Pueblo yoruba y concluye que todo lleva a la verificación de lo siguiente: a) una similaridad o identidad de lenguaje; b) una similaridad o identidad de creencias religiosas; c) una similaridad o identidad de ideas y prácticas religiosas; d) una supervivencia de costumbres, lugares, nombres de personas, objetos, etc. (Diop, 1974, p. 184; Lucas, 1978, p. 18).

Mi objetivo aquí es solamente el de llamar la atención sobre esta significativa dimen- sión de la antigüedad de la memoria afrobrasileña. Obviamente este es un asunto extenso y complejo cuya seriedad requiere y merece reflexión de las personas interesadas en una revisión crítica de las definiciones y juicios peyorativos que hace siglos pesan sobre los pueblos negro africanos. Un futuro mejor para el pueblo negro tanto exige una nueva realidad en términos de pan, vivienda, salud, trabajo, como requiere otro clima moral y espiritual de respeto a las componentes más sensibles de la personalidad negra expresa en su religión, cultura, historia, costumbres, etc.

No es lícito para el verdadero movimiento revolucionario negro el uso o la adopción de slogans y/o palabras de orden de un izquierdismo o democratismo venidos de afuera. La revolución negra produce sus historiadores, sociólogos, antropólogos, pensadores, filósofos y cientistas políticos. Tal imperativo se aplica también al movimiento afrobrasileño.

Conciencia negra y sentimiento quilombista

En una perspectiva más restringida, la memoria del negro brasileño alcanza una etapa histórica decisiva en el periodo esclavocrata que se inicia alrededor de 1500, luego del “descubrimiento”del territorio y de los actos inaugurales de los portugueses con vistas a la colonización del país. Exceptuando a los indígenas, el africano esclavizado fue el primero y único trabajador que durante tres siglos y medio irguió las estructuras de este país llamado Brasil. Creo indispensable evocar en este instante el suelo que el africano regó con su sudor, recordar una vez más los cañaverales, los algodonales, el oro, el diamante y la plata, los cafetales y todos los demás elementos de la formación brasileña que se nutrieron de la sangre martirizada del esclavo. El negro está lejos de ser un arribista o un cuerpo extraño: él es el propio cuerpo y alma de este país. Pero pese a esa realidad histórica innegable e incontrovertible, los africanos y sus descendientes nunca fueron y no son tratados como iguales por los segmentos minoritarios blancos que complementan el cuadro demográfico nacional. Estos han estado manteniendo la exclusividad del poder, del bienestar y de la renta nacional.

Es escandaloso notar que porciones significativas de la población brasileña de origen europeo empezaron a llegar a Brasil a finales del siglo pasado como inmigrantes pobres y necesitados. Inmediatamente pasaron a disfrutar de privilegios que la sociedad convencional del país, esencialmente racista, les otorgó como compañeros de raza y de supremacismo eurocentrista. Tales inmigrantes no demostraron ni escrúpulo ni dificultades en asumir los prejuicios raciales contra el negro-africano, vigentes aquí y en Europa, beneficiándose de ellos y ocupando los cupos en el mercado de trabajo que se negaba a los exesclavos y a sus descendientes. Estos fueron literalmente expulsados del sistema de trabajo y producción en la medida que se acercaba la fecha “abolicionista” del 13 de mayo de 1888.

Considerando la condición actual del negro al margen del trabajo o degradado en el semi empleo o subempelo; teniendo en cuenta la segregación residencial que se le impone por el doble motivo de raza y de pobreza, que le destinaba como áreas de morada en ghettos de variadas denominaciones: favelas, subsuelos, mocambos, invasiones, conjuntos populares o “residenciales”; considerándose la permanente brutalidad policial y los encarcelamientos arbitrarios motivados por el color de piel, se comprende por qué todo negro consciente no tiene la menor esperanza de que un cambio progresista pueda ocurrir espontáneamente en beneficio de la comunidad afrobrasileña. Las favelas brotan en todas las grandes ciudades: Rio de Janeiro, São Paulo, Salvador, Recife, Brasilia, pueden señalarse como ejemplos.

La cifra de los favelados expresa en sí misma la desgracia creciente en el alto cociente que presenta. Para ilustrarlo, traigo datos el Departamento de Servicio Social de São Paulo, publicados por el periódico O Estado de S. Paulo del 16 de agosto de 1970, los cuales denunciaban que más del 60% de la población paulistana vive en condiciones precarísimas; si no olvidamos que São Paulo es la ciudad brasileña mejor servida de instalaciones de agua y alcantarillado, podremos tener una idea más aproximada de las imposibles condiciones higiénicas en las que vegetan los afrobrasileños del país. En Brasilia, según la revista Veja del 8 de octubre de 1969, entre los 510 mil habitantes de la capital federal, 80 mil era de favelados. En Rio de Janeiro el porcentaje de favelados oscila entre 40 a 50% de la población. Los racistas de cualquier color, bajo la máscara de “solamente” reaccionarios, dirán que los ghettos existen disfrazados en fa- velas en varias ciudades europeas y que no son un fenómeno típicamente brasileño. Es cierto. La tipicidad está en que la mayoría absoluta de los favelados brasileños, cerca del 95%, es de origen africano. Este detalle caracteriza una innegable segregación racial de hecho. Esto en lo que se refiere a la población negra urbana. Sin embargo, cabe destacar que la mayoría de los descendientes esclavos todavía vegeta en las zonas rurales, esclava de una existencia parasitaria, en una situación de desamparo total. Se puede decir que no viven una vida de seres humanos.

¿Y cómo sobrevive el segmento citadino de la población afrobrasileña? Constituye una categoría denominada por el Anuario Estadístico del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) de “empleados en servicios”. Una extraña calificación o eufemismo para el subempleo y el semi empleo, que etiqueta casi cuatro millones y medio de brasileños (Quartim, 1971, p. 152). Tal eufemismo sorprende porque en esa clasificación se incluyen los empleados sin sueldo fijo; es decir: trabajadores informales viviendo la aventura diaria de limpiar zapatos, lavar carros, entregar encargos, transmitir recados, la venta ambulante de dulces, frutas, etc., todo con base en la paga miserable del centavo.

Este es un retrato imperfecto de una situación más grave, la cual ha sido realidad a lo largo de toda nuestra historia. De esta realidad nace la necesidad urgente de que el negro defienda su supervivencia y de que asegure su existencia de ser. Los quilombos resultaron de esa exigencia vital de los africanos esclavizados, en el esfuerzo por rescatar su libertad y dignidad a través de la fuga del cautiverio y de la organización de una sociedad libre. La multiplicación de los quilombos hizo de ellos un auténtico movimiento amplio y permanente. Aparentemente, un accidente esporádico al principio se transformó rápidamente de una improvisación de emergencia en una metódica y constante vivencia de las masas africanas que se negaban a la sumisión, a la explotación y a la violencia del sistema esclavista. El quilombismo se estructuraba en formas asociativas que tanto podían estar localizadas en el seno de selvas de difícil acceso, lo que facilitaba su defensa y su organización económico-social propia, como también asumieron modelos de organizaciones permitidas o toleradas, frecuentemente con ostensivas finalidades religiosas (católicas), recreativas, de beneficencia, deportivas, culturales o de auxilio mutuo. No importan las apariencias y los objetivos declarados: fundamentalmente todas cumplieron una importante función social para la comunidad negra, desempeñando un papel relevante en el sostén de la continuidad africana. Genuinos focos de resistencia física y cultural. Objetivamente, esa red de asociaciones, hermandades, cofradías, clubes, gremios, terreiros, centros, tiendas, afoxés, escuelas de samba, gafieiras46 fueron y son los quilombos legalizados por la sociedad dominante; del otro lado de la ley se levantan los quilombos revelados que conocemos. Pero tanto los permitidos como los “ilegales” fueron una unidad, unaúnica afirmación humana, étnica y cultural, integrando a un tiempo una práctica de liberación y asumiendo el comando de la propia historia. A este complejo de significaciones, a esta praxis brasileña, yo la denomino quilombismo.

La constatación fácil del enorme número de organizaciones que se nombraron en el pasado y que se nombran en el presente de Quilombo y/o Palmares es un testimonio de lo que el ejemplo quilombista significa como valor dinámico en la estrategia y en la táctica de supervivencia y progreso de las comunidades de origen africano. En efecto, el quilombismo se ha revelado factor capaz de movilizar disciplinadamente las masas negras a causa del profundo apelo psicosocial cuyas raíces están arraigadas en la historia, en la cultura y la vivencia de los afrobrasileños. El Movimiento Negro Unificado Contra el Racismo y la Discriminación Racial registra de este modo su concepto quilombola al definir el“Díade la Conciencia Negra”:

La continuidad de esa conciencia de lucha político social se extiende por todos los estados donde existe significativa población de origen africano. El modelo quilombista ha estado actuando como idea-fuerza, como energía que inspira modelos de organización dinámica desde el siglo XV. En esa dinámica casi siempre heroica, el quilombismo está en constante reactualización, atendiendo exigencias del tiempo histórico y situaciones del medio geográfico. Circunstancia que impuso a los quilombos diferencias en sus formas organizativas. Pero que se igualaban en lo esencial. Fueron (y son), en palabras de la historiadora Beatriz Nascimento,“unlugar donde la libertad se practicaba, donde los lazos étnicos y ancestrales se revigoraban” (1979, p. 17). Esta estudiosa, mujer negra, afirma que el quilombo ejerció un papel fundamental en la conciencia histórica de los negros” (1979, p. 18).

Se advierte el ideal quilombista difuso, pero consistente, atravesando todos los niveles (de la vida negra y los más remotos ámbitos o/y pliegues de la personalidad afrobrasileña. Un ideal fuerte y denso que por regla general permanece reprimido por las estructuras dominantes, otras veces se sublima a través de los varios mecanismos de defensa ofrecidos por el inconsciente individual o colectivo. Pero sucede también a veces que el negro se apropia de los mecanismos que la sociedad dominante otorgó a su protagonismo con la maliciosa intención de controlarlo. En esa reversión del blanco [en el sentido de objetivo], el negro se utiliza de los propósitos no confesados de domesticación cual bumerán ofensivo. Este es el ejemplo que dejó Candeia, compositor de sambas y negro inteligentemente dedicado a la redención de su pueblo. Organizó la Escuela de Samba Quilombo en los suburbios de Rio de Janeiro, con un profundo sentido del valor político-social de la samba en función del progreso de la colectividad negra. Este importante miembro de la familia quilombista falleció recientemente, pero mantuvo hasta el último instante una lúcida visión de los objetivos de la entidad que fundó y presidió en la dirección de los intereses más legítimos del pueblo afrobrasileño. Basta con hojear el libro de su autoría y de Isnard y leer pasajes como este: “Quilombo-Gremio Recreativo Arte Negra (...) nació de la necesidad de preservar toda la influencia de lo afro en la cultura brasileña. Pretendemos llamar la atención del pueblo brasileño para las raíces del arte negro brasileño. La posición del-Quilombo-es ante todo contraria a la importación de productos culturales listos y acabados producidos en el exterior” (1978, pp. 87-8).

En este último tramo los autores tocan un punto importante del quilombismo: el carácter nacionalista del movimiento. Nacionalismo aquí no debe traducirse como xenofobia. Siendo el quilombismo una lucha antiimperialista, se articula al panafricanismo y sostiene radical solidaridad con todos los pueblos en lucha contra la explotación, la opresión, el racismo y las desigualdades motivadas por raza, color, religión o ideología.

En un folleto intitulado 90 Años de Abolición, publicado por la Escuela de Samba Quilombo, Candeia registra que “Fue desde el Quilombo y no desde el movimiento abolicionista que se desarrolló la lucha de los negros contra la esclavitud” (1978, p. 7).

Y el movimiento quilombista está lejos de haber agotado su papel histórico. Está tan vivo hoy como en el pasado, pues la situación de los extractos negros sigue la misma, con pequeñas alteraciones de superficie. Sigue Candeia: “Los quilombos eran violentamente reprimidos no solo por la fuerza del gobierno, pero también por individuos interesados en las ganancias que tendrían al devolver fugitivos a sus dueños. Esos expertos en cazar esclavos fugitivos ganaron el nombre de triste memoria: capitanes del monte” (1978, p. 5).

La referencia a los capitanes del monte es importante: por lo general eran mulatos, es de- cir, negros de piel clara asimilados por la clase dominante. En nuestros días todavía podemos encontrar cientos, miles, de esos negros que viven una existencia ambigua. No por el hecho de que tuviesen la sangre del blanco opresor, sino porque al internalizar como positiva la ideología del blanqueamiento (el blanco es el superior y el negro el inferior) se distancian de las realidades de su pueblo y se prestan al papel de auxiliares de las fuerzas represoras del supremacismo blanco. Y tanto ayer como hoy los servicios que se prestan a la represión se traducen en ganancia social y pecuniaria.

Nuestro Brasil es tan vasto, todavía tan desconocido y despoblado que podemos suponer, sin gran margen de error, que existen muchas comunidades negras viviendo aisladas, sin vínculo ostensivo con las pequeñas ciudades y villas del interior del país. Son diminutas localidades rurales, desligadas del flujo principal de la vida en el país, y que mantienen estilos y hábitos de vida africana, o casi, bajo un régimen de agricultura colectiva de subsistencia o supervivencia. Pueden incluso usar el idioma original traído de África, mutilado, es cierto, pero, aun así, lenguaje africano conservado en la suerte de quilombismo en el que viven. Pueden a veces incluso figurar en noticias extensas en las páginas de la prensa, tal como sucedió con la comunidad de Cafundó, ubicada en los alrededores de Salto de Pirapora, en la provincia de São Paulo. Los miembros de la comunidad heredaron una hacienda dejada por el antiguo propietario y no hacía mucho los terratenientes de la zona la estaban invadiendo. Obviamente blancos, estos terratenientes, con mentalidad esclavista, no podían aceptar que un grupo de descendientes de africanos poseyera una propiedad. Este no es un hecho único, pero fue el que cobró más publicidad y que movilizó a los negros paulistas en su defensa. Al visitar por primera vez la ciudad de Conceição do Mato Dentro, en Minas Gerais, en 1975, tuve la oportunidad de encontrarme con uno de los moradores de una comunidad negra de aquellos parajes semejante a Cafundó. También heredaron la propiedad, según me relató el referido morador, negro de 104 años, ágil de inteligencia y de piernas. Caminaba casi todos los días alrededor de 10 kilómetros a pie y así mantenía el contacto de su pueblo con la ciudad de Mato Dentro.

El avance de latifundistas y de especuladores de propiedades inmobiliarias en las tierras de la gente negra es algo que pide una investigación amplia y profunda. Este es un fenómeno que ocurre tanto en las zonas rurales como en las ciudades. Vale la pena transcribir al respecto trechos de una nota publicada en [la revista] Veja, sección “Ciudades”, el 10 de diciembre de 1975, página 52:

Así fue como la sociedad dominante apretó el cerco de la destitución, del hambre y del genocidio de los descendientes africanos. Aun los pocos, las raras excepciones que por un milagro lograron traspasar la frontera implacable de la miseria o las instituciones religiosas que hacía siglos ocupaban determinado espacio, se ven de repente invadidas en sus propriedades y usurpadas en sus tierras.

Quilombismo: un concepto científico histórico-social

Para los africanos esclavizados, así como para sus descendientes “libres”, tanto el Estado colonial portugués como Brasil-colonia, imperio y república-tienen una única e idéntica significación: un estado de terror organizado contra ellos. Un Estado, por decirlo así, natural en su iniquidad fundamental, un Estado naturalmente ilegítimo, porque ha sido la cristalización político-social de los intereses exclusivos de un segmento elitista, cuya aspiración es alcanzar el estatus ario-europeo en estética racial, en patrón de cultura y de civilización. Este segmento ha sido el mayor beneficiario de la expoliación que en todos los sentidos ha victimado las masas afrobrasileñas a lo largo de nuestra historia. Conscientes de la extensión y de la profundidad de los problemas que enfrenta, el negro sabe que su oposición a lo que ahí está no se agota en la obtención de pequeñas reivindicaciones de carácter laboral o de derechos civiles en el ámbito de la dominante sociedad capitalista-burguesa y su correspondiente clase media organizada. El negro ya comprendió que tendrá que derrotar todos los componentes del sistema o estructura vigente, incluida su intelligentsia, responsable por la cobertura ideológica de la opresión a través de la teorización “científica” sea de su inferioridad biosocial, de la mezcla sutilmente compulsoria o de la creación del mito de la “democracia racial”. Esa “intelligentsia”, aliada a mentores europeos y norteamericanos, fabricó una “ciencia” histórica o humana que ayudó a la deshumanización de los africanos y de sus descendientes para servir a los intereses de los opresores eurocentristas. Una ciencia histórica que no sirve a la historia del pueblo de que trata está negándose a sí misma. Se trata de una presunción cientificista y no de una ciencia histórica verdadera.

¿Cómo podrían las ciencias humanas, históricas-etnología, economía, historia, antropología, sociología, etc-nacidas, cultivadas y definidas para pueblos y contextos socioeconómicos diferentes, aportar útil y eficaz colaboración al conocimiento del negro-surealidad existencial, sus problemas y aspiraciones y proyectos? ¿Sería la ciencia social elaborada en Europa o en los Estados Unidos tan universal en su aplicación? La raza negra conoce en carne propia la falacia del universalismo y de la intención de esa “ciencia”. Además, la idea de una ciencia histórica pura y universal está obsoleta. El conocimiento científico que los negros necesitan es aquel que los ayude a formular teóricamente-de forma sistemática y consistente-su experiencia de casi 500 años de opresión. Habrá errores o equivocaciones inevitables en nuestra búsqueda de racionalidad de nuestro sistema de valores, en nuestro esfuerzo de autodefinición de nosotros mismos y de nuestro camino futuro. No importa. Durante siglos hemos estado cargando el peso de los crímenes y de los errores del eurocentrismo “científico”, sus dogmas impuestos en nuestra carne como marcas ígneas de la verdad definitiva. Ahora le devolvemos al obstinado segmento “blanco” de la sociedad brasileña sus mentiras, su ideología de supremacismo europeo, el lavado de cerebro que pretendía quitarnos nuestra humanidad, nuestra identidad, nuestra dignidad, nuestra libertad. Proclamando la falencia de la colonización mental eurocentrista, celebramos el advenir de la liberación quilombista.

El negro tragó hasta la última gota los venenos de la sumisión impuesta por la esclavitud, perpetrada por la estructura del racismo psicosocio-cultural que mantiene actuando hasta los días de hoy. Los negros tienen como proyecto colectivo la construcción de una sociedad fundada en la justicia, en la igualdad y en el respeto por todos los seres humanos, en la libertad; una sociedad cuya naturaleza intrínseca haga imposible la explotación económica y el racis- mo. Una democracia auténtica, fundada por los destituidos y los desheredados de este país, a los cuales no interesa la simple restauración de tipos y formas caducadas de instituciones políticas, sociales y económicas que servirían únicamente para procrastinar el advenimiento de nuestra emancipación total y definitiva -que solamente puede llegar con la transformación radical de las estructuras vigentes-. Cabe insistir una vez más: no nos interesa la propuesta de una adaptación a los moldes de la sociedad capitalista y de clases. No es esta la solución que debemos aceptar como si fuera un mandamiento ineluctable. Confiamos en la idoneidad mental del negro y creemos en la reinvención de nosotros mismos y de nuestra historia. Reinvención de un camino afrobrasileño de vida fundado en su experiencia histórica, en la utilización del conocimiento crítico e inventivo de sus instituciones golpeadas por el colonialismo y el racismo. En fin, reconstituir en el presente una sociedad dirigida hacia el futuro, pero teniendo en cuenta lo que todavía sea útil y positivo del acervo del pasado. La seguridad de un futuro mejor para las masas negras no se incluye en los dispositivos de la llamada “ley de seguridad nacional”. Esta es la seguridad de las élites dominantes, de sus ganancias y de sus compromisos con el capital interno o extranjero, privado o estatal. La seguridad del“orden”económico, social y político vigente es aquella asociada e inseparable de las teorías “científicas” y de los parámetros culturales e ideológicos engendrados por los opresores y explotadores tradicionales de la población afrobrasileña.

Tampoco nos interesa el uso o la adopción de slogans o palabras de orden de un izquierdismo o democratismo venidos de fuera. La revolución negra produce sus historiadores, sociólogos, antropólogos, pensadores, filósofos y politólogos. Tal imperativo se aplica también al movimiento afrobrasileño.

Un instrumento conceptual operativo se coloca, pues, en la pauta de las necesidades inmediatas de la gente negra brasileña. Dicho instrumento no debe y no puede ser fruto de una maquinación cerebral arbitraria, falsa y abstracta. Tampoco un conjunto de principios importados, elaborados a partir de contextos y realidades diferentes. La cristalización de nuestros conceptos, definiciones o principios debe exprimir la vivencia de cultura y la praxis de la colectividad negra. Incorporar nuestra integridad de ser total, en nuestro tiempo histórico, enriqueciendo y aumentando así nuestra capacidad de lucha.

Necesitamos y debemos codificar nuestra experiencia por nosotros mismos, sistematizarla, interpretarla y sacar de ese acto todas las lecciones teóricas y prácticas de acuerdo con la perspectiva exclusiva de los intereses de las masas negras y de su respectiva visión de futuro. Esta se presenta como la tarea de la actual generación afrobrasileña: edificar la ciencia histórico-humanista del quilombismo.

Quilombo no significa esclavo huido. Quilombo quiere decir reunión fraterna y libre, solidaridad, convivencia, comunión existencial. Repetimos que la sociedad quilombola representa una etapa en el progreso humano y socio-político en términos de igualitarismo económico. Los precedentes históricos conocidos confirman esta afirmación. Como sistema económico, el quilombismo viene siendo la adecuación del comunitarismo y/o ujamaísmo47 de la tradición africana al medio brasileño. En tal sistema las relaciones de producción difieren básicamente de las prevalecientes en la economía expoliadora del trabajo, llamada capitalismo, fundada en la razón de las ganancias a cualquier costo, principalmente las ganancias obtenidas con la sangre del africano esclavizado. Compás y ritmo del quilombismo se conjugan a los mecanismos operativos del sistema, articulando los diversos niveles de la vida colectiva cuya dialéctica interacción propone y asegura la realización completa del ser humano. Ni propiedad privada de la tierra, de los medios de producción y de otros elementos de la naturaliza. Todos los factores y elementos básicos son de propiedad y uso colectivo. Una sociedad creativa en el seno de la cual el trabajo no se define como una forma de castigo, opresión o explotación; el trabajo es antes una forma de liberación humana que el ciudadano disfruta como un derecho y una obligación social. Liberado de la explotación y del yugo embrutecedor de la producción tecno-capitalista, la desgracia del trabajador dejará de ser el sostén de una sociedad burguesa parasitaria que se regocija en el ocio de sus juegos y futilidades.

Los quilombolas de los siglos XV, XVI, XVII, XVIII y XIX nos dejaron como legado un patrimo- nio de práctica quilombista. Les incumbe a los negros actuales mantener y ampliar la cultura afrobrasileña de resistencia al genocidio y de afirmación de su verdad. Un método de análisis, comprensión y definición de una experiencia concreta, el quilombismo expresa la ciencia de la sangre esclava, del sudor que éste derramó al ser pies y manos edificadoras de la economía de este país. Un futuro de mejor calidad para las masas afrobrasileñas solo podrá darse por el esfuerzo enérgico de organización y movilización colectiva, tanto de las masas negras como de las inteligencias y capacidades escolarizadas de la raza para la enorme batalla en el frente de la creación teórico-científica. Una teoría científica inextricablemente fundida a nuestra práctica histórica que efectivamente contribuya con la salvación de la comunidad negra, la cual viene siendo inexorablemente exterminada, sea por la muerte directa del hambre, sea por el mestizaje compulsorio, por la asimilación del negro a los patrones e ideales ilusorios de la ganancia occidental. No permitamos que la derrocada de ese mundo racista, individualista y enemigo de la felicidad humana afecte la existencia futura de quienes efectiva y plenamente nunca pertenecieron a él: nosotros, negro-africanos y afrobrasileños.

Condenada a sobrevivir rodeada o atravesada de hostilidad, la sociedad afrobrasileña ha persistido en esos casi quinientos años bajo el signo de permanente tensión. Tensión esta que consustancia la esencia y el progreso del quilombismo.

Asegurar la condición humana de las masas afrobrasileñas, hace tantos siglos tratadas y definidas de forma humillante y opresiva, es el fundamento ético del quilombismo. Se debe de este modo comprender la subordinación del quilombismo al concepto que define al ser humano como su objeto y sujeto científico, dentro de una concepción de mundo y de existencia en la cual la ciencia constituye una entre otras vías del conocimiento.

Estudios sobre el blanco

Debemos impedir por todos los medios, nosotros los descendientes negro-africanos, que la confusión y la falencia de las bases del llamado mundo occidental blanco deroguen lo que hay de más valioso y profundo en nuestra naturaleza, cultura y experiencia. Conocer al enemigo y/o adversario desde dentro significa actuar en autodefensa. En consecuencia, debemos prepararnos para estudiar al blanco y sus impulsos agresivos.

Aquí retomo una idea antigua del escritor Fernando Góis, más tarde retomada por Gerreiro Ramos. En esa misma dirección hubo también constante prédica en la militancia del añorado hermano negro Aguinaldo de Oliveira Camargo; en el auditorio del 1er. Congreso del Negro Brasileño (Rio de Janeiro, 1950), resonaron estas palabras sabias de Aguinaldo: “Reeduquemos al blanco para que él aprenda a respetar al niño negro, a respetar al doctor negro, a la empleada negra, para que aprenda a casarse con la mujer negra” (Nascimento, 1968, p. 231).

En la misma línea de razonamiento se sitúa una observación más de Cheik Anta Diop; en varios puntos clave de su obra Diop abordó la cuestión refiriéndose a las idiosincrasias de los blanco-europeos:

Así, el origen de la socio-psicopatología del blanco no radica en su naturaleza biológica. Al contrario, se trata de un fenómeno de carácter histórico: los blancos tenían miedo porque en laépoca de esas migraciones se sentían inferiores numéricamente y en avance cultural ante las civilizaciones meridionales negras, sedentarias y agrícolas. Su válvula de seguridad consistió en la invención y en el desarrollo de la teoría del supremacismo blanco.

Tuve la oportunidad de formalizar la sugerencia de Fernando Góis y Guerrero Ramos cuando propuse en un seminario que dictaba en la Universidad de Ifé que los africanos deberían organizar un Congreso Internacional para estudiar los blancos en Europa y su prolongación arianoide en Brasil. La ciencia negro-africana examinaría el fenómeno mental y psiquiátrico que motivó a que los europeos esclavizaran a otros seres humanos, sus hermanos, con una brutalidad sádica sin precedentes en la historia de los hombres. Indagaría, la ciencia negra, en sus orígenes psiconeurológicas y psicocriminológicas, la necesidad emocional que le lleva al blanco a justificar sus actos de asesinato, tortura, pillaje, robo y violación con fantasías absurdas deno- minadas, por ejemplo, de “carga del hombre blanco”, “destino manifiesto”, “civilizar a los salvajes”, “cristianizar a los paganos”, “filantropía”, “imperativo económico”, “miscigenación”, “democracia racial”, “asimilación” y otras metáforas que no logran ocultar los síntomas que denuncian una mórbida compulsión cultivada por una civilización de fundamentos decididamente patológicos. Apuntaría la ciencia negra las dimensiones y el peso de la masa encefálica, así como la forma craneal de los blancos para averiguar qué motivación les lleva a robar los tesoros artísticos de otros pueblos y después, arrogante y obstinadamente, negarse a devolvérselos, aun cuando se tratase de una celebración cultural y artística de aquellos pueblos, según ejemplifica la actitud del Gobierno británico al negarse a ceder a Nigeria una máscara símbolo del FESTAC 1977,48 y mantenerla encerrada en su museo de Londres. Se trata evidentemente de una pieza de alto valor artístico e histórico, creada por nuestros antepasados nigerianos.

Desde un punto de vista psiquiátrico, se analizarían las actitudes formales, mecánicas, destituidas de emoción que los europeos y sus imitadores demuestran durante sus cultos religiosos. Este comportamiento, bajo una perspectiva antropológica y psicológica, denuncia una profunda ausencia de identidad y de vinculación con sus dioses, además de una carencia de contacto espiritual más íntimo. Estudiaría aún, desde una visión sociológica y etnológica, la naturaleza singularmente deshumanizada y mecánica de la sociedad euro-norteamericana, cuya última hazaña, frío resultado de su “objetividad”, es la invención de armas destructivas capaces de obliterar toda la raza humana. Investigaría los orígenes de la avaricia mórbida que lleva a que arianos envenenen su propia provisión de alimentos y el del resto del mundo con químicos, tinturas y conservantes, en una patética “eficiencia” en busca de más ganancias. Y en esa diabólica manipulación gananciosa, destruyen insensiblemente millones de toneladas de alimentos o sacrifican cada año en el altar del desperdicio harto otros millones de cabezas de ganado. No son los pueblos de África, de las Américas o del Asia los autores de tales absurdos. Estos alimentarían a sus hijos con aquellos productos si eso les fuera posible.

Un estudio de esa dimensión tendría que considerar cuidadosamente los mecanismos inconscientes, conscientes, y otros que inducirían a los europeos a apropiarse de todo el pa- trimonio de la civilización negro-africana del Egipto antiguo y, utilizándose de la falsificación académica, intentar erradicar la identidad del pueblo egipcio de aquella época para, luego, negar al Egipto negro las ciencias, las artes, la filosofía, la religión que él creó, atribuyéndolas a Grecia su patrimonio de saber.

Es imperativo comprender y reconocer que la experiencia histórica de los africanos en la diáspora sigue siendo una experiencia de contenido esencialmente racista, que trasciende ciertas simplificaciones según las cuales la esclavitud y las subsecuentes formas de opresión racista de los pueblos negros son solamente subproductos del capitalismo. Así, la esclaviza- ción de los africanos y la deshumanización de sus descendientes en las Américas ocurrieron y ocurren como un determinismo inamovible del proceso económico de la humanidad, lo cual habría engendrado la esclavitud con base en la “necesidad” del sistema de producción. Hablan de sistema demostrando una devoción fiel a algo supuestamente sublime, etéreo e intangible. La “necesidad” de los europeos habría caído sobre nuestras cabezas y nuestros destinos cual designio incuestionable de Dios o de las potencias cósmicas. No menciona dicha racionalización que el sistema solo existe porque está incorporado en seres humanos con sus motivaciones, aspiraciones, intereses etc. Bajo la perspectiva humana de la sociedad occidental, ha sido el racismo y sus derivados de chovinismo cultural, prejuicio/discriminación de raza y de color los elementos operativos en el dilema existencial de los pueblos negros.

En nuestro país, los intereses económicos, la ambición, el orgullo, el miedo, la arrogancia se complementan y desempeñan la parte respectiva que les cabe en el sentido de complicar aún más la tela que enreda y oscurece la realidad del racismo vigente. Una pregunta se hace entonces necesaria: ¿sería el racismo tan solo un orgullo del blanco que se expresa en esa calidad de sentimiento que a veces toma la forma abstracta del prejuicio, otras veces actúa

objetiva y concretamente en la forma de discriminación de carácter racial? Estas son en realidad expresiones o partes del racismo. Este, sin embargo, es más abarcador: el racismo del tipo practicado entre nosotros es la imposición de una minoría de origen blanco-europea sobre una mayoría negra de origen africano. Para lograr sus intentos, esa minoría adopta las más variadas estrategias, que incluyen desde los instrumentos más obvios a los más sofisticados y disimulados. Tanto se hace uso de la violencia policial directa y brutal, como de la violencia ideológica sutil, o de la violencia económica, que es una forma de genocidio físico y espiritual. Todas las formas imaginables de coacción se practicaron y se practican, incluso la violencia religiosa con el propósito de garantizar la imposición ariano-occidental sobre los afrobrasi- leños. La elaboración de la llamada “democracia racial” respondió a la intención de disfrazar los privilegios del segmento minoritario blanco, propietario exclusivo de la renta del país y del poder político nacional. Quede registrado que muchos blancos íntegros son ofuscados por la maligna fosforescencia de la “democracia racial” y se comportan ante la población negra de la manera tradicional del racista brasileño: la paternalista.

ABC del quilombismo

En la trayectoria histórica que esquematizamos en estas páginas, el quilombismo nos ha traído varias enseñanzas. Intentaremos resumirlas en un ABC fundamental que nos enseña que:

Autoritarismo de casi quinientos años ya es suficiente. No podemos, no debemos, no queremos tolerarlo por más tiempo. Sabemos de experiencia propia que una de las prácticas de ese autoritarismo es la falta de respeto brutal de la policía hacia las familias negras. Toda suerte de arbitrariedad policial se halla fijada en los operativos que hace rutinariamente para mantener aterrorizada y desmoralizada la comunidad afrobrasileña. Queda así confirmada, ante los ojos de los mismos negros, su condición de impotencia e inferioridad, ya que son incapaces incluso de autodefenderse o de proteger su familia y los miembros de su respectiva comunidad. Se trata de un estado de humillación permanente. Bantú se denomina un pueblo al que pertenecieron los primeros africanos esclavizados que vinieron a Brasil de países que hoy se llaman Angola, Congo, Zaire, Mozambique y otros. Fueron los Bantús los primeros quilombolas que enfrentaron en tierras brasileñas el poder militar del blanco esclavizador. Cuidar de organizar nuestra lucha por nosotros mismos es un imperativo de nuestra supervivencia como pueblo. Debemos por ello tener mucho cuidado al hacer alianzas con otras fuerzas políticas, sean las dichas revolucionarias, reformistas, radicales, progresistas o liberales. Toda y cualquier alianza debe obedecer a un interés táctico o estratégico, y el negro necesita obligatoriamente tener poder de decisión para que no permita que las masas negras sean manipuladas por intereses de causas ajenas a la suya. Debemos ampliar siempre nuestra frente de lucha teniendo presente: 1) los objetivos más distantes de la transformación radical de las estructuras socioeconómicas y culturales de la sociedad brasileña; 2) los intereses tácticos inmediatos. En estos últimos se incluye el voto del analfabeto y la amnistía a los prisioneros políticos negros. Los prisioneros políticos negros son aquellos que son maliciosamente fichados por la policía como desocupados, vagos, malandros, marginales y cuyos hogares son frecuentemente invadidos. Ewe o Gege, pueblo africano de Gana, Togo y Daomei (Benin); millones de Ewes fueron esclavizados en Brasil. Son parte de nuestro pueblo y de nuestra cultura afrobrasileña. Expulsar al supremacismo blanco de nuestro medio es un deber de todo demócrata. Debemos tener siempre presente que el racismo, es decir, el supremacismo del blanco, prejuicio de color y discriminación racial componen el factor raza, la primera contradicción para las masas de origen africano en la sociedad brasileña. (Un aviso a los intrigantes, a los maliciosos, a los apresurados en juzgar: el vocablo raza, en el sentido que se emplea aquí, se define solamente en términos de historia y de cultura, no de pureza biológica). Formar los cuadros del quilombismo es tan importante como la movilización y la organización de las masas negras. Garantizar a las masas su lugar en la jerarquía de Poder y Decisión, manteniendo su integridad etnocultural, es la motivación básica del quilombismo. Humillados que fuimos y somos todos los negroafricanos, con todos ellos debemos mantener íntimo contacto. También con organizaciones africanas independientes, tanto en la diáspora como en el continente. Son también importantes y necesarias las relaciones con órganos e instituciones Internacionales de Derechos Humanos, tales como la ONU y la UNESCO, de donde podremos recibir apoyo en casos de represión. Nunca olvidar que siempre estuvimos bajo la violencia de la oligarquía latifundista, de la oligarquía industrial-financiera o de la oligarquía militar. Infalible como un fenómeno de la naturaliza será la persecución del poder blanco al quilombismo. Está en la lógica inflexible del racismo brasileño jamás permitir cualquier movimiento libertario de las mayorías negras. Nuestra experiencia física es una realidad que jamás pudo obliterarse. Ni aun el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) manipulando los datos censales, en los cuales erradicó el factor raza/color de los cóm- putos demográficos. ¿Y en cuanto a nuestra existencia política? Sencillamente no existe. Desde la proclamación de la República, la exclusión del derecho de voto al analfabeto significó en la práctica la exclusión de las masas negras del proceso político del país. Jamás las organizaciones políticas de los afrobrasileños deberán permitir el acceso a los blancos no quilombistas a posiciones de autoridad para obstruir la acción o influenciar las tomas de posición teóricas y prácticas en la lucha. Kimbundo, lengua del pueblo Bantú, vino a Brasil con los esclavos procedentes de Angola, Congo y Zaire, principalmente. Esa lengua ejerció notable influencia sobre el portugués hablado en este país. Liberar a Brasil de la industrialización artificial, de tipo “milagro económico”, está entre las metas del quilombismo. En este esquema de industrialización el negro es explotado a un tiempo por el capitalista industrial y por la clase trabajadora clasificada o“calificada”. Lo cual quiere decir que el negro, como trabajador “descalificado”, o sin clase, es doblemente víctima: de la raza (blanca) y de la clase (trabajadora “calificada”y/o burguesía de cualquier raza). El quilombismo aboga para Brasil un conocimiento científico y técnico que posibilite la genuina industrialización que represente un avance de autonomía nacional. El quilombismo no acepta que se entregue nuestra reserva mi- neral y nuestra economía a corporaciones monopolistas internacionales, pero tampoco defiende los intereses de una burguesía nacional. El negro africano fue el primero y el principal artífice de la formación económica del país y la riqueza nacional le pertenece a él y a todo el Pueblo brasileño que la produce. Mancha blanca es lo que significa la imposición miscigenadora del blanco, implícita en la ideología del blanqueamiento, en la política inmigratoria, en el mito de la “democracia racial”. Todo esto no es más que racionalización del supremacismo blanco y de la violación histórica y actual que se practica contra la mujer negra. Nada de más confusiones: si en Brasil efectivamente hubiese igualdad de tratamiento, de oportunidades, de respeto, de poder político y económico; si el encuentro entre personas y razas diferentes ocurriera espontáneo y libre de la presión del status socio-económico del blanco; si no hubiese otros condicionantes represivos de nivel moral, estético, etc., la miscinegación sería un suceso positivo, capaz de enriquecer eugenésicamente al brasileño, la sociedad, la cultura y la humanidad de las personas. Obstar la enseñanza y la práctica genocidas del supremacismo blanco es un factor subs- tantivo del quilombismo. Poder quilombista quiere decir: la Raza Negra en el Poder. Los descendientes africanos constituyen la mayoría de nuestra población. Por lo tanto, el Poder Negro será un poder democrático. (Reitero aquí la advertencia a los intrigantes, a los maliciosos, a los ignoran- tes, a los racistas: en este libro la palabra raza tiene exclusiva acepción histórico-cultural. Raza biológicamente pura no existe ni nunca existió). Quebrar la eficacia de ciertos slogans que atraviesan nuestra acción contra el racismo, como aquel de la lucha única de todos los trabajadores, de todo el pueblo o de todos los oprimidos, es un deber del quilombista. Los privilegios raciales del blanco en prejuicio del negro es una ideología que viene desde el mundo antiguo. La lucha“única”o“unida”que predican no es más que la otra cara del desprecio que nos tienen, ya que no res- petan nuestra identidad ni la especificidad de nuestro problema y de nuestro esfuerzo por resolverlo. Raza: creemos que todos los seres humanos pertenecen a la misma especie. Para el quilombismo, raza significa un grupo humano que posee, relativamente, idénticas carac- terísticas somáticas, resultantes de un complejo de factores biohistórico-ambientales. Tanto la apariencia física como igualmente los rasgos psicológicos, de personalidad, de carácter y de emotividad sufren la influencia de aquél complejo de factores que se suman y se complementan a la genética, la sociedade, la cultura, el medio geográfico, la historia. El cruce de diferentes grupos raciales o de personas de identidad racial diversa está en línea con los más legítimos intereses de supervivencia de la especie humana. Racismo: es la creencia en la inherente superioridad de una raza sobre otra. Tal superioridad se concibe tanto en el aspecto biológico como en la dimensión psico-socio-cultural. Esta es la dimensión usualmente negligenciada u omitida en las definiciones tradicionales del racismo. La elaboración teórico-científica producida por la cultura blanco-europea justificando la esclavitud y la inferiorización de los pueblos africanos constituye el ejemplo eminente del racismo jamás conocido en la historia de la humanidad. Racismo es la pri- mera contradicción en el camino del negro. A esta se juntan otras, como la contradicción de clases y de sexo. Swahili es una lengua de origen Bantú, influenciada por otros idiomas, especialmente elárabe. Actualmente es hablada por más de 20 millones de africanos de Tanzania, Kenia, Uganda, Burundi, Zaire, etc. Los afrobrasileños necesitan aprenderla con urgencia. Slogan del poder público y de la sociedad dominante en Brasil, condenado reiterada e indignadamente, el racismo se volvió un recurso eficaz encubriendo, por un lado, la operación racista y discriminatoria sistemática; del otro lado, sirviendo como un arma apuntada hacia nosotros con la finalidad de atemorizarnos, amortiguando o impidiendo que un movimiento cohesionado de las masas afrobrasileñas obtenga su total liberación. Todo negro o mulato (afrobrasileño) que acepta la “democracia racial” como una realidad y la miscigenación en la forma vigente como positiva, está traicionándose a sí mismo y se está considerando un ser inferior. Unanimidad es algo imposible en el campo social y político. No debemos perder nuestro tiempo y nuestra energía con las críticas venidas de afuera del movimiento quilombista. Tenemos que preocuparnos y criticarnos a nosotros mismos y a nuestras organizaciones en el sentido de ampliar nuestra conciencia negra y quilombista rumbo al objetivo final la ascensión de las masas afrobrasileñas al poder. Venia es lo que no necesitamos pedir a las clases dominantes para que reconquistemos los frutos del trabajo realizado por nuestros ancestrales africanos en Brasil. Ni debemos aceptar o asumir ciertas definiciones, “científicas” o no, que pretendan situar al comunalismo africano y al ujamaismo como simples formas arcaicas de organización económica y/o social. Esta es otra arrogancia de fondo eurocentrista que implícitamente niega a las instituciones nacidas en la realidad histórica de África la capacidad intrínseca de desarrollo humano relativo. Niega a tales instituciones la posibilidad de progreso y actualización, admitiendo que la ocupación colonizadora del continente africano por los europeos determinase la concomitante desaparición de los valores, principios e instituciones africanas. Estas corporificarían formas no dinámicas, exclusivamente quietistas e inmovilizadas. Esta visión periférica de África y de sus culturas es una ficción puramente cerebral. El quilombismo pretende rescatar de esa definición negativista el sentido de organización socio-económica concebido para servir a la existencia humana; organización que existió en África y que los africanos esclavizados trajeron y practicaron en Brasil. La sociedad brasileña contemporánea puede beneficiarse con el proyecto del quilombismo, una alternativa nacional que se ofrece en sustitución al sistema inhumano del capitalismo. “Xingar” [insultar] no basta. Lo que necesitamos es movilización y organización de la gente negra y de una lucha enérgica, sin pausa y sin descanso, contra las instituciones que nos afectan. ¿Hasta qué punto vamos a mirar impotentes al cruel exterminio de nuestros hermanos y hermanas afrobrasileños, principalmente los niños negros de este país? Yorubas (Nago) somos también en nuestra africanidad brasileña. Los yorubas son parte integrante de nuestro pueblo, de nuestra cultura, de nuestra religión, de nuestra lucha y de nuestro futuro. Zumbi: fundador del quilombismo.

Propuestas de acción para el gobierno brasileño

El programa de acción quilombista incorpora, debidamente actualizadas, las siguientes propuestas presentadas por este autor al Coloquio del Segundo Festival Mundial de Artes y Culturas Negras y Africanas (Festac) realizado en Lagos, Nigeria, en 1977. En dicha ocasión, propuso el autor que el Coloquio recomendara al gobierno brasileño que:

permita y estimule la libre y abierta discusión acerca de los problemas de los des- cendientes de africanos en el país y que impulse y financie investigaciones sobre la posición económica, social y cultural ocupada por los afrobrasileños dentro de la sociedad brasileña en todos los niveles; localice y publique documentos y otros hechos e informaciones posiblemente existentes en archivos privados, notarias, archivos municipales de viejas ciudades del interior, referentes al tráfico de esclavos, a la esclavitud y a la abolición; en resumen, cualquier dato que pueda ayudar a esclarecer y profundizar la comprensión de la experiencia del africano esclavizado y de sus descendientes; incluya cuestiones sobre raza o etnia en todos los futuros censos demográficos y que en toda información que dicho gobierno divulgue, tanto para consumo doméstico como internacional sobre la composición demográfica del país, no se omita el aspecto del origen racial/étnico; incluya un activo y compulsorio currículo sobre la historia y las culturas de los pueblos africanos, tanto los del continente como los de la diáspora; tal currículo debe abarcar todos los niveles del sistema educativo: elemental, medio y superior; tome medidas activas para promover la enseñanza y el uso práctico de lenguas africanas, especialmente las lenguas ki-swahili y yoruba. Lo mismo con relación a los sistemas religiosos africanos y sus fundamentos artísticos, que dicho gobierno promueva válidos programas de intercambio cultural con las naciones africanas; estudie y formule compensaciones a los afrobrasileños por los siglos de esclavización criminosa y decenios de discriminación racial después de la abolición; para este fin, deberá drenar recursos financieros y otros compulsoriamente generados de la Agricultura, del Comercio y la Industria, sectores que históricamente han sido beneficiados por la explotación del pueblo negro. Tales recursos constituirán un fondo destinado a la construcción de viviendas que satisfagan las exigencias de la condición humana, en sustitución a las actuales residencias segregadas donde vive la mayoría de los afrobrasileños: favelas, conventillos, sótanos, “cabezas de cerdo”, etc.49 El fondo financiaría también la distribución de tierras para los negros vinculados a la producción agropecuaria; remueva los objetos de arte afrobrasileña, así como los de sentido ritual encon- trados hoy en instituciones de policía, de psiquiatría, historia y etnografía; y que dicho gobierno establezca museos de arte con finalidad dinámica y pedagógica de valorización y respeto debidos a la cultura afrobrasileña. Esos museos se ubicarían preferentemente, en las provincias con expresiva población negra, como son Bahia, Maranhão, Pernambuco, Alagoas, Minas Gerais, Rio de Janeiro, São Paulo, Sergipe, Rio Grande do Sul; ofrezca efectivo apoyo material y financiero a existentes y a futuras asociaciones afro- brasileñas con finalidad de investigación, información y divulgación em los sectores de educación, arte, cultura y posición socioeconómica de la población afrobrasileña; tome medidas rigurosas y apropiadas para el efectivo complimiento de la Ley Afonso Arinos, haciendo cesar el papel burlesco que ha estado desempeñando hasta ahora; tome activas providencias, ajuste las realidades del país, para que de ninguna forma se permita o posibilite la discriminación racial o de color en el trabajo, garantizando de este modo la igualdad de oportunidades que actualmente inexiste entre blancos, negros y otros matices étnicos; ejerza su poder a través de una justa política de redistribución de la renta, volviendo impracticable que, a causa de la profunda desigualdad económica imperante, el afrobrasileño sea discriminado, aunque sutil y discretamente, en cualquier nivel del sistema educativo, sea el elemental, el medio o el universitario; estimule activamente el ingreso de negros en el Instituto Rio Branco, órgano de formación de diplomáticos perteneciente al Ministerio de Relaciones Exteriores; nombre a negros para el cargo de embajador y diplomático para las Naciones Unidas y junto a los gobiernos de otros países del mundo; estimule la formación de negros como oficiales superiores de las Fuerzas Armadas (Ejército, Marina y Aeronáutica) con promociones en el servicio activo hasta los puestos de general, almirante, brigadier y mariscal; nombre a negros para los más altos puestos del Gobierno Federal en sus varios ministerios y en otros ámbitos del Ejecutivo, incluidos órganos superiores como el Consejo Federal de Cultura, el Consejo Federal de Educación, el Consejo de Segu- ridad Nacional, el Tribunal de Cuentas; estimule e impulse la formación y el desarrollo de un liderazgo político negro, representando los intereses específicos de la población afrobrasileña en el Senado Federal, en la Cámara de Diputados, en las Asambleas Legislativas Provinciales y en las Cámaras Municipales; que dicho gobierno nombre a negros para los puestos de jueces provinciales y federales, incluso para la Suprema Corte, el Tribunal Supremo Electoral, la Suprema Corte Militar, la Suprema Corte del Trabajo y el Tribunal Federal de Recursos; concrete su tan proclamada “amistad” con África independiente y su tan frecuen- temente manifiesta posición anticolonialista, dando efectivo apoyo diplomático y material a los legítimos movimientos de liberación nacional de Zimbabwe, Namibia y Sudáfrica.

Algunos principios y propósitos del quilombismo

El Quilombismo es un movimiento político de los negros brasileños, cuyo objetivo es la implantación de un Estado Nacional Quilombista, inspirado en la República de los Palmares en el siglo XVI y en otros quilombos que existieron y existen en el país. El Estado Nacional Quilombista tiene su base en una sociedad libre, justa, igualitaria y soberana. El igualitarismo democrático quilombista es comprendido en lo que se refiere a raza, economía, sexo, sociedad, religión, política, justicia, educación, cultura, en fin, de todas las expresiones de la vida en sociedad. El mismo igualitarismo se aplica a todos los niveles de poder y se instituciones públicas y privadas. La finalidad básica del Estado Nacional Quilombista es la de promover la felicidad del ser humano. Para alcanzar su finalidad, el quilombismo cree en una economía de base comunitaria cooperativista en el sector de la producción, de la distribución y de la división de los resultados del trabajo colectivo. El quilombismo considera la tierra una propiedad nacional de uso colectivo. Las fábricas y otras instalaciones industriales, así como todos los bienes e instrumentos de producción, de la misma forma que la tierra, son de propiedad y uso colectivo de la sociedad. Los trabajadores rurales o campesinos trabajan la tierra y son los propios dirigentes de las instituciones agropecuarias. Los operarios de la industria y los trabajadores de modo general son los productores de objetos industriales y los únicos responsables por la orientación y gestión de sus respectivas unidades de producción. En el quilombismo el trabajo es un derecho y una obligación social; y los trabajadores, que crean la riqueza agrícola e industrial de la sociedad quilombista, son los únicos dueños del producto de su trabajo. La infancia negra ha sido la víctima predilecta e indefensa de la miseria material y moral impuesta a la sociedad afrobrasileña. Por eso, constituye la preocupación urgente y prioritaria del quilombismo. Cuidado prenatal, amparo a la maternidad, guarderías, alimentación adecuada, vivienda higiénica y humana, son algunos de los items relacionados a la infancia negra que figuran en el programa de acción del movimiento quilombista. La educación y la enseñanza en todos los niveles -elemental, medio y superior- serán completamente gratuitos y abiertos sin distinción a todos los miembros de la sociedad quilombista. La historia de África, de las culturas, civilizaciones y de las artes africa- nas tendrán un lugar eminente en los currículos escolares. Crear una Universidad Afrobrasileña es una necesidad dentro del programa quilombista. Con su objetivo de fundar una sociedad creativa, el quilombismo buscará estimular todas las potencialidades del ser humano a su plena realización. Combatir el embru- tecimiento causado por el hábito, por la miseria, por la mecanización de la existencia y por la burocratización de las relaciones humanas y sociales es un punto fundamental. Las artes en general ocuparán un espacio básico en el sistema educativo y en el contexto de las actividades sociales de la colectividad quilombista. En el quilombismo no habrá religiones y religiones populares, es decir, religión de élite y religiones del pueblo. Todas las religiones merecen igual tratamiento de respeto y de garantías de culto. El Estado quilombista prohíbe la existencia de un aparato burocrático estatal que perturbe o interfiera en la movilidad vertical de las masas en su relación directa con los dirigentes. En la relación dialéctica de los miembros de la sociedad con sus ins- tituciones, reposa el sentido progresista y dinámico del quilombismo. La revolución quilombista es fundamentalmente antirracista, anticapitalista, antila- tifundista, antiimperialista y antineocolonialista. En todos los órganos de Poder del Estado Quilombista -Legislativo, Ejecutivo y Judi- ciario- la mitad de los puestos de confianza de los cargos electivos, o de los cargos de nombramiento, deberán por imperativo constitucional ser ocupados por mujeres. Lo mismo se aplica a todo y cualquier sector o institución del servicio público. El quilombismo considera la transformación de las relaciones de producción y de la sociedad de un modo general, por medios no violentos y democráticos, una vía posible. Es materia urgente para el quilombismo la organización de una institución econó- mico-financiera en modelos cooperativos, capaz de garantizar la manutención y la expansión de la lucha quilombista a salvo de las interferencias controladoras del paternalismo o de las presiones del Poder económico. El quilombismo es esencialmente un defensor de la existencia humana y como tal se posiciona en contra de la contaminación ecológica y favorece todas las formas de mejoramiento ambiental que puedan asegurar una vida saludable para los niños, las mujeres y los hombres. Brasil es signatario de la “Convención Internacional para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial” adoptada por la Asamblea General de Las Naciones Unidas en 1965. En el sentido de cooperar para la concretización de objetivos tan elevados y generosos, y teniendo en cuenta el artículo 9, números 1 y 2 de la referida Convención, el quilombismo contribuirá con la investigación y la elaboración de un informe-dossier bianual que abarcará todos los hechos relativos a la discriminación racial sucedidos en el país con el objetivo de auxiliar los trabajos del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas.

Semana de la Memoria Afrobrasileña

Se propone esta semana por la necesidad de que el negro recupere su memoria. Durante esa Semana se focalizarán e iluminarán los sucesos pasados en los cuales fueron protagonistas aquellos 300 millones de africanos retirados, bajo violencia, de sus tierras y traídos encadenados al continente americano. A través de celebraciones anuales, la comunidad negra no solo honrará a los antepasados como reforzará su cohesión e identidad. Y transmitirá a las nuevas generaciones un ejemplo de amor a la historia de la raza, auxiliándolas a tener una visión más clara y verdadera del papel fundamental que cumplieron los esclavos africanos en la construcción de este país. Esto solo infundirá a los jóvenes de ahora y del futuro orgullo en lugar de la vergüenza que la sociedad dominante ha buscado infiltrar en la conciencia de los negros como la única herencia dejada por sus ancestrales.

La Semana deberá aliar a los aspectos conmemorativos una constante investigación, crítica y reflexión sobre el pasado y el presente de las condiciones de vida de las masas de origen africano en Brasil. Esto contribuirá para ampliar y fortalecer el quilombismo en su filosofía teoría y práctica de Liberación. La Semana implica también un estímulo a las organizaciones negras existentes, sin discriminar a ninguna a causa de sus objetivos declarados. Tanto aquellas que persiguen finalidades recreativas o caritativas, como otras de sentido cultural, social o político, se encuentran todas interesadas en el destino y en la mejora de la situación de la familia afro- brasileña. Por lo tanto, se incluyen en la misma perspectiva quilombista amplia que estamos tratando de sistematizar.

Básicamente esa “Semana de la Memoria” se concibe como una herramienta operativa en el campo de la acción (movilización y organización), combinada al sector de la especulación, de la teoría, de la formulación de principios, de los análisis, definiciones etc. En otras palabras, quiero decir que la Semana debe ser un ejercicio de emancipación y nunca una conmemo- ración convencional, estática y retórica, que proponga únicamente la evocación de sucesos, fechas y nombres del pasado. Estudiar, recordar los hechos de los antepasados debe consti- tuir un acontecimiento eufórico que estimule la acción transformadora del presente. Rumbo al futuro, o sea, lo opuesto a la contemplación nostálgica, autoglorificadora del pretérito o de motivación de escenas de autoflagelación. Rescatar nuestra memoria significa rescatarnos a nosotros mismos del olvido, de la nada y de la negación y reafirmar nuestra presencia activa en la historia panafricana y en la realidad universal de los seres humanos.

Como norma de procedimiento, la Semana debe ser realizada preferentemente por organizaciones negras (o afrobrasileñas). Podrá, sin embargo, ser también realizada por escuelas públicas o privadas que actualmente se interesan por el progreso cívico de la comunidad afrobrasileña. En este caso, como de un modo general tales escuelas no son dirigidas por hombre o mujer negros, los afrobrasileños presentes deben estar alertas a fin de que se impida que los hechos históricos y los eventos de la vida negroafricana sean manipulados o distorsionados, sea por malicia, ignorancia o negligencia. Donde no exista una organización afrobrasileña o escuela pública o privada interesada en la vida negra, las familias negras deben cumplir el papel de realizadoras de la Semana. Reiteramos que una Semana de la Memoria no deberá jamás vaciar su contenido intrínseco de valores negroafricanos de historia, cultura, artes, separado del contexto sociopolítico y económico donde las masas de origen africano se movilizaron, produjeron, lucharon e hicieron la historia que hasta el presente no figura, en toda su extensión e importancia, en la Historia convencional u oficial de Brasil.

La propuesta que pongo a consideración de mis hermanos y hermanas negras de “Semana de la Memoria” tiene su cierre el 20 de noviembre de cada año, aniversario de la muerte de Zumbi y día de la Conciencia Negra instituido por el Movimiento Negro Unificado Contra el Racismo y la Discriminación Racial. Así, la Semana se inicia el 14 de noviembre y obedeceráal siguiente calendario:

Día 14 (1er día): África: sus civilizaciones en la antigüedad, Egipto, Etiopía, Sudán. Los imperios más recientes: Songhai, Ashanti, Yoruba, etc. En esta celebración se incluyen referencias a las formas de organización africana de la familia (matriarcado), de la so- ciedad, de la economía y del Estado. Las artes, las ciencias, la tecnología: las pirámides egipcias, las pinturas rupestres en Zimbabwe, las esculturas em Nok, Ifé y Benin, etc.

Día 15 (2do día): las primeras incursiones portuguesas al territorio africano en el siglo XIV. Luego, la invasión colonial de África por Portugal, España, Francia, Inglaterra, Holanda, Bélgica, Italia, Alemania. La esclavización de los africanos: las técnicas de captura utilizadas por los bandidos europeos. Las largas caminatas a través de las selvas hasta la costa atlántica. La enorme tasa de muertes durante el trayecto. Los cobertizos y galpones en la costa; el bautismo compulsorio.

Día 16 (3er día): el abordaje de africanos en los tumberos;50 horrores a bordo; hambre, sed, epidemias, inmovilidad del cuerpo; falta de aire; la alta tasa de mortalidad; los africanos lanzados vivos al mar; otras formas de suplicio y de asesinato. Los puertos brasileños de desembarque.

Día 17 (4to día): los mercados de esclavos; manera como se ofrecían las “piezas” al público comprador y cómo los blancos examinaban a los africanos como si éstos fueran animales. La venta y la compra que atendían a los puntos focales de concentración económica: producción de azúcar, algodón, minería, café, cacao, ganado, tabaco, etc.

Día 18 (5to día): vida esclava, rural y urbana. Los castigos y los instrumentos de tortura. La violación de la mujer africana. La imposición religiosa católica. La persistencia de las danzas, cantos, instrumentos musicales, juegos y manifestaciones populares traídas de África por los esclavos. Las religiones africanas y las lenguas habladas por los esclavos. Formas de rechazo a la esclavitud: suicidio, banzo,51 fuga, asesinato del señor y otras.

Día 19 (6to día): las revueltas y los quilombos. El papel de los valores africanos en la resistencia: religión, arte, folclore, conocimientos técnicos de fundición del hierro, del bronce, de agricultura. La importancia de instituciones religiosas, como la Casa das Minas (Maranhão), del Axé Opo Afonjá (Bahia). El papel de las instituciones seculares después de la abolición: Frente Negra Brasileña, Teatro Experimental del Negro, Unión de los Hombres de Color, Asociación Cultural de los Negros, Floresta Aurora y todas las demás organizaciones negras que existieron y que existen.

Día 20 (7mo día): el Día de la Conciencia Negra debe resumir todo aquello que haya sucedido los días anteriores. Énfasis a la figura de Zumbi, el primer militante del panafricanismo y de la lucha por libertad en tierras brasileñas. Zumbi, consolidador de la lucha palmarista, que selló con su muerte en plena batalla la determinación libertaria del pueblo negroafricano esclavizado, es el fundador, en la práctica, del concepto científico histórico-cultural del quilombismo. Quilombismo continuado por otros héroes de la historia negra: Luisa Mahín y su hijo Luis Gama, Chico-Rei, los ahorcados de la Revuelta de los Sastres, de los levantes“Malés”52, de la Balaiada, el Dragón de Mar, Karocango, João Candido y los miles de quilombolas asesinados en todas partes de nuestro territorio donde hubo el infame cautiverio. En la celebración de cierre de la Semana de la Memoria Negra se debe dar todo el destaque a programas y proyectos de las entidades y de la comunidad, con vistas a un futuro mejor para los afrobrasileños. El último evento de la Semana debe preferentemente realizarse al aire libre, en una concentración del pueblo negro y de las personas de cualquier origen interesadas en nuestras actividades. Durante todo el transcurso de la Semana la retórica académica estará radicalmente prohibida.

¡Axé, Zumbi!

Citas

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