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Herrera Salazar, G. (2019). El núcleo ético-mítico de la filosofía en Abya Yala. LiminaR Estudios Sociales Y Humanísticos, 18(1), 82-96. https://doi.org/10.29043/liminar.v18i1.728

Resumen

En el trabajo se explica de manera filosófica la fundamentación ontológica del núcleo ético-mítico de la filosofía maya, para demostrar que en la diversidad cultural los pueblos originarios del mundo filosofan, interpretan y representan la realidad con diversas particularidades contextuales. Partimos de la hipótesis de que la interpretación cultural del mundo surge de un acercamiento crítico a la realidad. En este sentido, todo grupo humano en un principio construye su "universo cultural" por medio de la racionalización mítica como totalidad ontológica. Así, el ethos que fundamenta la filosofía de los pueblos originarios de Abya Yala tiene principios filosóficos construidos con anterioridad a 1492.


Introducción

A mediados del siglo XIX se propagó en Occidente un escepticismo cada vez mayor en torno a la filosofía ética por su aparente “falta de cientificidad objetiva”. La ciencia positivista se instituyó como el principal motor del progreso haciendo ver que la filosofía moral pertenecía a una etapa primitiva de la humanidad que debía ser superada; sin embargo, es un hecho innegable que lo normativo tiene repercusión en la vida humana. Las leyes prácticas rigen el mundo de la vida cotidiana; el ethos ontológico de cualquier cultura del mundo se puede conocer, y se puede acceder a él, en parte por medio de la fenomenología.1 Por su complejidad, la cultura merece ser estudiada con base en los símbolos y mitos creados, conservados y reinventados durante largos periodos históricos.

El homo religiosus en su relación con lo Sagrado crea símbolos para dar a conocer a su grupo comunitario la experiencia transcendental acontecida, derrotando cualquier análisis estructural al suscitar sentimientos desconcertantes y expresiones paradójicas. La manifestación indirecta o negativa de la experiencia transcendental es el reconocimiento del acontecimiento histórico y del misterio de lo Sagrado, lo cual es el fundamento del imaginario colectivo estructurado racionalmente, que dota de sentido a una totalidad cultural o “universo cultural” para desembocar en la construcción de un sistema encargado de organizar la vida cotidiana de lo humano en campos prácticos como la moral, el arte o la política.2

Entre los mayas el núcleo-ético tiene relación directa con obras como el Popol Vuh, los libros del Chilam Balam y el Ritual de los Bacabes. Estos textos fueron escritos y trasvasados a formato de códice antes de la invasión europea y transcritos a caracteres fonéticos después de esta. Dicha literatura es y fue utilizada como arma para la liberación en guerras anteriores a la conquista, además de en otras que le siguieron en el transcurso de la historia.

El proyecto de investigación busca profundizar en el pensamiento filosófico de las culturas anteriores al asalto europeo. Para algunos la hipótesis principal no es válida, ya que la palabra “filosofía” nunca se conoció entre los pueblos de Abya Yala anteriores a 1492, es un término occidental, por lo tanto, no existe filosofía entre los mayas ni en ningún pueblo de Abya Yala antes de la guerra de invasión. Pero ¿acaso no ocurre lo mismo con los conceptos “ciencia”, “historia” o “cosmovisión”? ¿No son términos igualmente occidentales? ¿Se puede hablar con conceptos “inmaculados” de concepciones “puras”? ¿Qué investigadores utilizan conceptos “puros” para el estudio de la cultura?

Nosotros asumimos la función de la filosofía como la entiende Enrique Dussel en su libro Filosofía de la liberación, escrito sin bibliografía en México, en pleno exilio, en el año 1976. En él menciona:

La filosofía no piensa la filosofía, cuando realmente es filosofía y no sofística o ideología. No piensa textos filosóficos, y si debe hacerlo es sólo como propedéutica pedagógica para instrumentarse con categorías interpretativas. La filosofía piensa lo no-filosófico: la realidad. Pero porque es reflexión sobre la propia realidad parte de lo que ya es, de su propio mundo, de su sistema, de su espacialidad. Pareciera que la filosofía ha surgido en la periferia como necesidad de pensarse a sí misma ante el centro y ante la exterioridad, o simplemente ante el futuro de liberación (Dussel, 2001:15).

Tomando como base esta definición, podemos afirmar la existencia de pensamiento filosófico en las culturas antiguas de Abya Yala, porque toda filosofía piensa la realidad y esa realidad es cultural. Sin embargo, en las universidades no se suele hablar de filosofía cuando nos referimos a los pueblos originarios de nuestra América (Abya Yala); este es el cerco a romper.3

Prejuicios culturales

Los filósofos europeos llegaron a evangelizar en tierras amerindias imaginando estar luchando contra su viejo enemigo: el diablo. Los frailes europeos que arribaron a la Nueva España trajeron consigo una formación escolástica. Estos pensadores novohispanos, en su intrasubjetividad, tenían una estructura racional interpretativa construida por su cultura madre, delimitada por el esquema humanista de la cristiandad europea —base para estudiar e interpretar el pensamiento indígena—.

En el contexto de la guerra de invasión se desplegó simultánea y análogamente el proceso violento de la imposición ideológica y espiritual llamado “evangelización”. El estudio de la cultura de los pueblos de Abya Yala oprimidos por la violencia fue un arma utilizada por los dominadores para tratar de exterminar el marco racional o imaginario mítico sustento de las creencias y prácticas de la vida cotidiana de los pobladores originarios.

Con la guerra de invasión, la producción, sobrevivencia y resistencia del pensamiento filosófico de Abya Yala transitó por lo menos en tres senderos diferentes. El primero parte de la población perteneciente a familias de la más alta élite anterior a la violencia de la guerra. El segundo —y con mayor número de personas— logró adaptarse al esquema dual de la cristiandad europeo sin perder el núcleo duro de la tradición ancestral de la cultura indígena. La tercera vía recorrió los caminos del clandestinaje enriqueciendo de manera oral la memoria de las enseñanzas y conocimientos de los libros que contenían explícitamente el razonamiento formal más sólido del núcleo-ético, el cual fundamentaba la subjetividad y las acciones prácticas en todos los campos de la vida.

Los tres sectores diferentes pertenecían a un mismo sistema formando una unidad, compartiendo un núcleo ético-mítico. Las tres interpretaciones de las enseñanzas reaccionaron y tomaron posiciones políticas diferentes ante los embates de las guerras de expansión territorial. Estas interpretaciones resistieron y se trasformaron para persistir en cuando menos los tres diferentes caminos mencionados. En referencia a las diferentes tradiciones, Alfredo López Austin expresa:

No hay indicios de que los distintos pueblos mesoamericanos4 contrastaran sus particulares creencias y prácticas adscribiéndose a distintos cuerpos de credo. De haber existido tal contraste, hubiera sido consecuente la distinción nominal de una o varias religiones. Los mesoamericanos reconocían sin duda diversidad en los cultos y particularidad en los dioses; pero las consideraban peculiares dentro de un orden divino y humano aceptado como total y común en todo su mundo conocido (López Austin, 2001:236).

El núcleo ético-mítico de la filosofía en Abya Yala

Los principios filosóficos se enseñan a través de la más elemental y tradicional pedagogía familiar, transmitiéndose de padres a hijos y de abuelos a nietos; en síntesis, los principios éticos se trasmiten de manera oral por medio de la educación familiar desde antes del nacimiento de un hijo.5 La pluralidad del pensamiento filosófico gira alrededor de un mismo núcleo duro. Ello permite a las diferentes ciudades, etnias, pueblos, comunidades y familias intercambiar y celebrar ritos y prácticas comunes con sus otros hermanos y hermanas.

El pensamiento filosófico en toda Abya Yala se fue intercambiando, acumulando y compartiendo mediante el diálogo consensado, manteniéndose de este modo una unidad comunicativa. Así, la sabiduría, la astronomía, la política, la economía y otros saberes están entrelazados por conducto de un núcleo duro ético-mítico que es compartido por diversos pueblos.

La filosofía como reflexión crítica de la realidad, interpretación y creación de la narrativa de los mitos fundacionales, compartía elementos sustanciales comunes en los diversos pueblos del continente. De este modo, los mitos de la creación comparten un núcleo duro, pero cada pueblo desarrolló prácticas culturales de manera heterogénea condicionadas por los diferentes contextos donde habitan y se desenvuelven. La heterogeneidad del medioambiente no impidió la conservación y pervivencia continua de un núcleo común u origen familiar, pero sí permitió la diversidad del pensamiento y prácticas plurales en la vida cotidiana.

Síntesis simbólica de la totalidad ontológica

Durante el periodo de 1000-600 a.e.c., los sabios —místicos, sacerdotes, filósofos y eruditos—6 desarrollaron de manera importante una simbología compleja con la cual podían interpretar el mundo con un sentido ontológico a partir de la aproximación de la experiencia estética y la poiésis de la hierofanía. El “universo cultural” creado fue una síntesis de la práctica cultural, del conocimiento, del pensamiento y de la comprensión ontológica o cosmovisión.

La totalidad mítico-ontológica como unidad simbólica o “universo cultural” interregional es el producto de acuerdos intersubjetivos e interculturales, siendo superficiales las diferencias porque la producción material de imágenes concretas está inspirada en el contexto local o regional y, a pesar de todo, gira alrededor de un principio transcultural. Por ello, alrededor del año 600 a.e.c. hasta cerca del siglo I, la iconografía en Abya Yala utilizó la imagen alegórica del “Abuelo” para representar el concepto del “Dios Viejo” o “Fuego”, Huehuetéotl, Itzamná o Pachacámac. Este es un concepto o principio fundamental en el pensamiento filosófico interregional de la época.

Ser, cero y esencia

El ser del cosmos, del mundo, de las cosas, entes y símbolos no se puede aprehender de manera tangible, como se toma una jícara o una flecha. Tampoco hay un concepto real en cuanto tal. El ser, indeterminado, deviene como nada o cero en su primera determinación; es el primer latido del ser, la pulsación de vida por la cual corre la sangre. Esta primera determinación se comprende en abstracto como concepto, pero no se aprehende porque a la finitud humana le es imposible. Para expresar el acontecimiento del ser en cuanto tal en el ente antropológico, este último debería tener como característica una inteligencia infinita.

El cero o la nada como concepto tiene por contenido lo innombrable o ausencia de un fundamento; él es el fundamento de donde emana la interpretación ontológica, siendo el mito la creación conceptual de la totalidad organizada del mundo mediante la razón. El núcleo-duro de la filosofía en Abya Yala está formalizado comunitaria y explícitamente en los mitos creados y vividos.

El ser indeterminado se determina a sí mismo como cero en un primer momento, adquiere otra determinación al devenir en su negación como esencia. La esencia es el fundamento del mundo de las apariencias, es la puerta por donde se transmite el ser a los entes en su realización. El ser se “sobre-pasa” y se pone como esencia mediante un proceso de depuración, en su camino se concretiza aún más deviniendo en entes metafísicos de “materia liviana”. La esencia es la totalidad de múltiples determinaciones con diferentes niveles de profundidad, es captada parcialmente por el cuerpo ligero del ente antropológico; esta parte del ente antropológico comparte la misma sustancia de la cual participa el ser, y se reconoce o identifica en la esencia.

Entre los mayas los entes se dividen en metafísicos y mundanos. Todos tienen vida, corazón, sentimientos. Los entes metafísicos tienen la cualidad de estar compuestos de la misma sustancia del ser, se identifican en la esencia y se materializan en cuerpos ligeros o “espirituales” no cuantificables ni corruptibles; son imperceptibles para personas no iniciadas en la disciplina de abrir las puertas de la percepción. Los entes de cuerpo ligero habitan en todo el universo y por su cualidad de “materia liviana” pueden transitar libremente por los tres planos cuadrados del universo: el mundo celeste, el mundo de los muertos y el mundo de la parte media donde habitan los humanos.

Los entes mundanos tienen como cualidad un cuerpo físico cuantificable. Estos habitan el mundo de en medio, la superficie de la Tierra, y están relacionados con las percepciones cotidianas del cuerpo físico o mundo óntico, percepciones no-especializadas.

El ente antropológico

El pensamiento filosófico de los pueblos de Abya Yala está estrechamente relacionado con el sol, la tierra, el agua y el tiempo del ciclo agrícola. La reflexión del mundo está integrada a la investigación de comprender y descubrir las leyes naturales, las cuales determinan a los distintos entes que circulan, habitan y comparten el mundo humano (ver Figura 1).7

Entre los mayas el humano —o lo que llamo ente antropológico— se desdobla en por lo menos dos rostros distintos más, pero una persona muy poderosa puede llegar a tener hasta trece rostros —estos rostros conforman la unidad subjetiva de una misma persona—. Los diferentes rostros están unidos por la esencia, parte del humano. El ente antropológico está compuesto por una corporalidad o elemento carnal percibido directamente con los sentidos y por la complementariedad ontológica del “otro cuerpo”, el cual llamaremos ch’ulel-nawalito, y es su cuerpo ligero o “espiritual”; este cuerpo solo lo pueden percibir médicos-sabios (del misterio) a través de percepciones alteradas.8 El ser puesto como esencia en los entes mundanos es encubierto por las apariencias percibidas por los sentidos comunes; sin embargo, la esencia es des-encubierta y percibida de manera directa con los sentidos del cuerpo ligero o ch’ulel-nawalito, quien puede intuir de manera difusa las múltiples determinaciones del Gran Misterio o espíritu absoluto y sus niveles de profundidad.

Figura 1 Glifo T539, Way el cual denota al “el otro compañero” o nawalito Dintel 15 de Yaxchilán; años 770-775

El ch’ulel-nawalito

Los acontecimientos fundacionales, indecidibles e inefables, llevan en su presencia invisible una voluntad incorruptible emanada del ser. Este “ser puro” e indeterminado con voluntad libre y absoluta se pone a sí mismo como esencia, fundamento o punto de partida. Este movimiento dialéctico en sí del ser como esencia propicia la reflexión y fundamenta los principios primeros y últimos de la praxis humana. Los principios establecidos culturalmente son el límite o marco de comprensión racional, son una estructuración ontológica del mundo que “mide” delimitando lo infinito; este es irrebasable y parte de otro horizonte de comprensión superior o anterior.9 La comprensión del mundo racional se materializa de manera formal en la creación de símbolos y mitos fundadores de esa cultura, los cuales son utilizados como herramienta pedagógica.

Los principios fundamentan la existencia humana y delimitan mediante una estructura las ideas abstractas de la concepción ontológica de la totalidad del universo. Tal estructura de pensamiento se pone a prueba y se enriquece constantemente con argumentos que se comprueban por auto-mostración, o dicho de otro modo, por la imposibilidad o absurdo de las justificaciones que carecen de facticidad, racionalidad, coherencia, contingencia y consecuencia, en resumen, de lógica.

La reflexión en Abya Yala de la concepción desbordada de la complementariedad infinita: Ométeotl, Alom-Qaholom o Tocapo-Imaymana Viracocha —la cual se debe comprender como complementariedad y no como negación—, es aquello que crea al ser. Los Creadores en sí por medio de la esencia se alojan en el ch’uel-nawalito de los entes antropológicos. La esencia, como ya vimos, es perceptible por medio de los “sentidos” del cuerpo ligero o ch’ulel-nawalito, que comparte orgánicamente la misma sustancia del ser, en la esencia. La esencia puesta en la complementariedad ch’ulel-nawalito es la reflexión sobre Ométeotl, Alom-Qaholom o Tocapo-Imaymana Viracocha, esto es, sobre el principio de la complementariedad primera o “infinita” y su voluntad libre y absoluta.

Los entes mundanos en su interior llevan una pesada “carga”. Esta carga no se elige libremente, se nace con ella. La “carga” es una parte de todo ente mundano e imperceptible para las percepciones comunes de los humanos, es la sustancia o parte del ser que los entes “cargan”, siendo representada por la imagen o metáfora de un bulto llevado sobre la espalda y los hombros. El bulto o “carga” es la causa y explica la naturaleza de las enfermedades, las fuerzas incontrolables, los accidentes y los fenómenos irregulares que sorprenden y sobrepasan las estructuras racionales o esquemas tradicionales de explicación. De esta manera, se entiende entonces que el bulto se asigna como mandato irrenunciable a los entes mundanos y es parte de los designios de la complementariedad infinita indeterminada, la cual tiene como fundamento la esencia.

El bulto es la esencia del ser puesta en los entes mundanos, o para decirlo de otra manera, el peso de la carga depende del “espíritu” o “aire” poseedor del ente. Por lo tanto, las cualidades, oficio o especialidad dan destino al ente antropológico; estos dependen de la diversidad de los designios de la complementariedad infinita, la cual deviene en esencia al desdoblarse. Cada ente mundano tiene diferentes características o rostros por causa de la esencia, pues esta le proporciona cualidad, carácter o corazón. Por “herencia”, la esencia del ser transmite al ente mundano un parentesco genético-ontológico en su “parte ontológica”. Así, gracias a nuestro ch’ulel-nawalito estamos emparentados ontológicamente con Ométeotl, Alom-Qaholom o Tocapo-Imaymana Viracocha.

La esencia o cuerpo ligero del ente antropológico es la complementariedad ch’ulel-nawalito y está compuesta por energías de dos tipos. Ambas emanan de una parte de la complementariedad infinita: la energía luminosa es caliente y seca, cualidades atribuidas a lo solar y masculino; la otra es energía obscura, fría y húmeda, características atribuidas a lo lunar o femenino. La composición equilibrada de ambas energías es la característica de la complementariedad infinita: Ométeotl, Alom-Qaholom o Tocapo-Imaymana Viracocha; es decir, la perfecta justicia, la belleza, la liberación total en la bondad, la armonía, el amor.

De manera análoga, en los entes antropológicos las energías complementarias de la complementariedad infinita no están totalmente equilibradas; a diferencia de la permanencia infinita, trascendental e inmortal de la complementariedad primera, estos entes son imperfectos y finitos. La imperfección de los entes antropológicos hace que las energías dicotómicas estén en constante movimiento. En su relación, las energías que habitan en un ente antropológico luchan o se aman entre sí, mantienen o desequilibran la estabilidad emocional. Aquellos entes metafísicos de cuerpo ligero están compuestos de materia incorruptible y establecen relaciones intensas con el ente antropológico por medio del ch’ulel-nawalito. Los entes antropológicos, con su poca capacidad de recepción, enferman debido a que su energía se desequilibra cuando se instauran estos diálogos. Los cuerpos humanos son rebasados por la energía transmitida en el contacto con las entidades sagradas. Los entes metafísicos son temidos, pues transitan libremente por los diferentes planos espaciales; son respetados, adorados y amados por los humanos; la sustancia con la cual se compone su cuerpo ligero —al igual que la de los entes antropológicos— tiene sentimientos y, dependiendo de los actos humanos, el ente metafísico se ofende, alegra, enoja o enamora.

Lenguaje del ch’ulel-nawalito

El cuerpo ligero del ente antropológico llamado ch’ulel-nawalito está constituido, como ya vimos, por “corporalidad liviana” o “espiritual”; la sustancia es la misma con la que está constituida la esencia, la cual deviene del ser. Los médicos-sabios (j’ilol) especializados en el oficio de la praxis mística dialogan y consultan con la presencia ausente de lo absolutamente Otro por medio de su cuerpo ligero, se comunican en un lenguaje directo sin mediación de la palabra, la escritura o los gestos, o lo que nosotros llamamos lenguaje.10

El místico dialoga con la complementariedad infinita o Gran Misterio desde una racionalidad distinta a la normal, captando su presencia inmaculada con las percepciones alteradas colocadas en otro nivel de comprensión, en resumen, se dialoga con el ch’ulel-nawalito. La comunicación es parte del saber del sabio. Con ese don especial —regalo de la complementariedad primera—, al hombre o mujer sagrados les son develados misterios, secretos, conocimientos, poderes, mandatos y castigos de entes metafísicos o “aires” y entes mundanos;11 todo ente habla en el lenguaje porque todos “cargan” bulto o cuerpo ligero, ch’ulel, esto les da vida y corazón.12 El sociólogo maya-tseltal Xuno López explica:

Así, para nosotros todo tiene corazón y ch’ulelal-alma-ch’ulel-espíritu-conciencia o pixan. El ser humano, las plantas, animales, minerales, cerros, ríos y todo lo que existe en el universo, tiene ch’ulel-ch’ulelal. Por lo tanto, todo tiene su propio lenguaje, hablan, sienten, lloran, su corazón piensa. Todo es parte de lo viviente y de lo sagrado (López, 2013:97).

El diálogo es traducido a palabras, categorías, conceptos, metáforas, alegorías, imágenes y expresiones artísticas de mucha abstracción.13 El sabio como médico (j’ilol) cura la corporalidad física de los entes del mundo al comunicarse por medio de su ch’ulel-nawalito en el lenguaje con los entes metafísicos al alojarse en el ch’ulel-nawalito del enfermo, es decir, el cuerpo físico sana cuando dicho ente logra comunicar su mal, su deseo o su ofensa.14

Para los pobladores de Abya Yala, estos entes metafísicos o seres inmaculados son entes sagrados que habitan en un tiempo y espacio discontinuo, en conclusión, en un no-tiempo y un no-espacio. Es un sitio de absoluta presencia, incomprensible para la razón humana. En el lugar donde habitan estos seres no existe devenir ni movimiento.

Los seres inmaculados transitan libremente por todos los espacios y tiempos de los tres mundos, alojándose en el cuerpo de los entes mundanos donde residen temporalmente. Estos entes sagrados visitan el mundo humano como energía y le dan vida a los entes mundanos, donde habitan paralelamente al tiempo humano.

Estos seres inmaculados como extranjeros se pueden hospedar por algún tiempo en el cuerpo ligero de los humanos; la carga energética acogida puede causar enfermedades transitorias, despertar los sentidos dormidos del ch’ulel-nawalito o provocar desequilibrios mentales, experiencias estéticas, pérdida de la voluntad, momentos de lucidez mística, o bien, la muerte. Los estados alterados de los sentidos comunes pueden llevar a los afectados a obsesiones y pasiones excesivas que desbordan la razón lógica.

La carga de estos peregrinos inesperados se incrusta de manera violenta, conquista la voluntad de los entes antropológicos y los absorben, de manera que los humanos son conducidos a establecer justicia material en la sociedad política de manera mesiánica o a la perversión corrupta de las normas comunitarias; los huéspedes de corporalidad indeterminada controlan, poseen, embrujan, endiosan o alienan la voluntad del corazón de aquellos entes donde se refugian.15

Para alejar, despedir o liberar a esa visita incómoda, el sabio-ritual dialoga en el lenguaje con el agente responsable del desequilibrio energético de la víctima. Con rezos, ofrendas y promesas se le pide al ente metafísico foráneo inoportuno que se absorba por sí mismo o que recoja su propia energía.16 Si el ente intruso mata con energía desbordada a su víctima, el ch’ulel-nawalito de ese ente antropológico es enajenado, transferido o subsumido por el poder del ente albergado. Cuando sobreviene la muerte de una persona, el ch’ulel-nawalito de la víctima transita a la esclavitud y pasa a ser parte del dominio de la entidad causante de la muerte.

Los místicos-sabios

Los grupos nómadas y sedentarios de Abya Yala interpretan que en la fuerza incontrolable de la naturaleza se manifiesta lo inconmensurable, lo absolutamente Otro. La epifanía de estas fuerzas ocultas es cíclica y se materializa en fenómenos meteorológicos como la lluvia, el granizo, el viento o las nubes, e incluso se pueden transformar en seres como piedras, plantas, animales y personas. De la investigación de estas fuerzas, es decir, de estos saberes, se crea la medición del ciclo anual agrícola, el cual fue utilizado para fijar fechas de intercambio e interrelación ritual donde convergían diversos grupos.

Como la gran mayoría de los místicos del mundo, los sabios de Abya Yala mantenían una búsqueda personal con las fuerzas transcendentales, buscando establecer pactos con lo Sagrado con la finalidad de ejercer un mejor desempeño personal en la sociedad.17

El místico de Abya Yala se ayuda para entablar comunicación con lo absolutamente Otro de plantas maestras conocidas por los saberes modernos como psicotrópicos. Para acceder a otro estado psicológico, además de plantas maestras, se auxilia —en combinación o por separado— de ayunos, vigilias, abstinencia sexual, dolor corporal y hemorragias.18

Las personas especialistas en este lenguaje adquieren mucho prestigio cuando entablan vínculos relacionados con la presencia de lo absoluto, demostrando de manera real resultados materiales benéficos para la comunidad.

La pareja sacra: el ser como principio de complementariedad

Las culturas de Abya Yala, desde Alaska hasta Chile, sistematizaron la reflexión sobre el pensamiento especulativo al crear símbolos, imágenes, conceptos, categorías y palabras con los cuales explicar la creación de la humanidad, el mundo y el cosmos.19 Todas las culturas de Abya Yala tienen como fundamento el principio de complementariedad, entendido no como negación dialéctica sino como complementariedad de vida, no en lucha sino en armonía perfecta; paradójicamente, la complementariedad es la unidad primera e irrebasable. Todo comienza a partir de una comunidad virtual de seres, los cuales deciden participar en una asamblea comunal —la cual llamaremos comunidad nosótrica—, consensan las mejores razones por medio de diálogos, toman acuerdos después de escuchar todos los argumentos y deliberan sobre motivos irrefutables: es necesaria la creación de vida en la Tierra de en medio.20 El producto del consenso comunal de los primeros abuelos es el ser y será dado a la especie humana.21

La unidad complementaria de la pareja es el equilibrio perfecto, la justicia; son los gemelos de todas las culturas de Abya Yala, que vivirán y morirán merecidamente al transitar por muy serias y dramáticas aventuras hasta llegar a transformarse en la esencia de todos los seres del cosmos, en el espíritu-de-todos-lados. Los gemelos divinos representan la totalidad y la exterioridad, lo Uno y lo Otro, el ego y el alter ego, el tú y el yo, la corporalidad pesada y la liviana del ser, el ch’ulel y el nawalito. López Austin indica:

No existía una polaridad absoluta entre bien y mal porque todo tenía razón de ser en relación con su complemento: la vida desembocaría en la muerte previa. Los complementos se alternaban indefinidamente: así la noche y el día; así las épocas de lluvias y de secas, cada fase gobernaba por un dios que era su esencia (López Austin, 2001:250).

Los héroes gemelos son dioses-humanos, nacen en cada ciclo o nueva aventura, en otras palabras, cada vida es una aventura narrada y escrita en el libro sagrado Popol Vuh. Cada ciclo finaliza con la transformación de la vida decadente en muerte, y esta última en vida nueva. En la última muerte la transformación se materializa en la creación del tiempo, espacio y mundo de la vida humana. En la interpretación y sistematización de este pensamiento en la civilización maya, los creadores se tomaron a sí mismos como modelo, amasando y moldeando la materia divina —el elemento sacro es el maíz, esencia de los héroes gemelos Hunahpú e Ixbalanqué— hasta materializar con ella la carne del cuerpo humano.22

Conclusión. El mito como razón ontológica que dota de sentido al ser en el mundo

En un lugar anterior a la estructura piramidal, es decir, en un punto cero, se ubica en silencio lo inefable permanente. No es un nivel porque es anterior a toda estructura, es ahí donde habitan y viven en matrimonio los ancestros (tatarabuelos), estos no tienen forma pues nadie los puede ver, de su abrazo de amor surge la complementariedad creadora: Ométeotl, Alom-Qaholom o Tocapo-Imaymana Viracocha (bisabuelos). En las altas culturas de Abya Yala la fuente de la que emana el ser es la complementariedad creadora, pareja de entes sagrados, abuelos. Antes del ser de los entes está la comunidad nosótrica que crea al ser.

Entonces, en el nivel más alto de la estructura piramidal de lo Sagrado se encuentra la pareja formadora (bisabuelos), quienes son representados como ancianos: la primera abuela y el primer abuelo son simbólicamente la luna y el sol;23 en el Popol Vuh estos primeros abuelos, a su vez, se transforman en los primeros padres Hun-Hunahpú e Ixquic, quienes procrean a los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué. Estos hermanos en la última muerte —antes del nacimiento de la especie humana— se materializan en la mazorca de maíz.24

En un segundo nivel están los hijos de estos bisabuelos, es una segunda generación en la que se ubican el fuego, el viento, la lluvia y la tierra. La pareja de abuelos y las cuatro fuerzas transcendentales, junto con sus esposas, se reunieron en una asamblea comunal, conformando todos ellos el Corazón del Cielo y el Corazón de la Tierra. Después de exponer y escuchar razones, llegaron a un consenso razonado: decidieron devenir en vida humana, y en el proceso de producción materializaron su ser en la planta de maíz.25 Tras amasar los granos del maíz, el ser de la comunidad nosótrica de creadores fue introducido como esencia en la masa, utilizada para dotar de carne a la primera pareja humana (tercera generación), los padres: el hombre y la mujer verdaderos. De estos se produce la cuarta generación origen común de todas las familias humanas de Abya Yala. Por esta causa los humanos (cuarto nivel) llevamos en nuestra carne información genética de la comunidad nosótrica: los padres y abuelos míticos.

En el tercer nivel están colocados los “hijos de la comunidad nosótrica de creadores”, los cuales son los entes mundanos, entre ellos la primera pareja humana. Los primeros seres sobre el mundo de en medio fueron creados anteriormente al ente antropológico, estos seres habitan en la Tierra, en otras palabras, son los animales, las plantas y las piedras. El hermano más pequeño es la especie humana.26 El maíz fue la materia prima con la cual se creó la carne del cuerpo humano, la masa de los granos de la mazorca contiene la esencia o información genética de la herencia de la comunidad nosótrica de creadores.

La tierra y el maíz son manifestaciones materiales de la parte femenina del ser porque en la construcción ontológica del mundo cultural de Abya Yala la parte femenina o diosa madre de la complementariedad creadora comparte la misma esencia que la tierra y el maíz. Sin embargo, “lo femenino” entre los creadores no está separado de “lo masculino” como entidades individuales diferenciadas, porque los distintos son complementarios, son unidad complementaria indivisible. De este modo, la parte femenina de la complementariedad creadora materializada como tierra y maíz incluye dos determinaciones cuantificables del misterio femenino de la complementariedad infinita de lo absolutamente Otro o complementariedad-de-todas-partes.

La indeterminación en sí de la unidad complementaria en su camino de devenir constante se transmuta por medio de determinaciones de un estado de pureza absoluta a la esencia que se implanta en los entes. La esencia prepara el terreno de cultivo y propicia las condiciones necesarias para la generación de la vida biológica de la Tierra de en medio hasta llegar a la materia sagrada: el maíz.27

En cada ciclo calendárico el ser de los entes se manifiesta de distintas maneras, se presenta con rostro distinto porque en cada ciclo agrícola hay una transformación cualitativa y cuantitativa del ser. Para los mayas, como para otras culturas de Abya Yala, el maíz es un ser sagrado que tiene como contenido la doble cualidad heredada de la complementariedad infinita de los creadores: por un lado, es un ente metafísico del que se crea la carne de la humanidad y, por otro lado, es materia concreta, alimento sacro para la especie humana.28 Dicho alimento tiene el rostro oculto de la madre o diosa dadora de la vida: Tonantzin, Ixchel, Pachamama.

Así como los espermatozoides recorren con aventura, esfuerzo y lucha un largo camino hasta llegar al óvulo, y este por su cualidad de recepción elige sabiamente al espermatozoide más compatible con su naturaleza y lo subsume en su interior, donde intercambian información genética, así también cuando la comunidad nosótrica de formadores se organiza, pone las condiciones propicias para que el cultivo de la planta de maíz crezca en el interior de la Tierra o Madre, la cual alimenta y protege al embrión hasta nacer.

De esta manera, es en la planta de maíz donde habita la voluntad de lo Sagrado o, dicho de otra forma, el querer de la vida. En la planta está de igual modo materializada la “información genética” de la esencia de la comunidad nosótrica de creadores, es por ello que la organización comunal representa lo siempre a priori.

En el caso de las culturas de Abya Yala, el principio de explicación racional no se reduce al tautológico Uno, sino a una comunidad virtual de comunicación intersubjetiva en la que participan de manera simétrica los géneros femenino y masculino, el Dos. Para nosotros, pueblos originarios, es inconcebible racionalmente la idea del ser que se crea a sí mismo puesto que siempre es necesaria la alteridad, lo otro, la complementariedad infinita.29 En las culturas de Abya Yala, el principio de todo no es el pasivo, tautológico e inmutable Uno de las culturas occidentales, sino la complementariedad infinita que tiene como principio irrebasable la participación mínima o irreductible de aquello revelado como Dos y paradójicamente como unidad indivisible, multiplicable, y por lo tanto siempre en infinito movimiento creativo.

En Abya Yala el maíz es la materia sacra y manifestación ontológica del amor infinito de la comunidad nosótrica de creadores, y estos lo dan a los humanos; el maíz es “carne” con la cual los seres humanos nos alimentamos de manera real.30 El maíz es dado a los individuos a cambio del sacrificio y del merecido esfuerzo de los míticos gemelos sagrados al luchar y renacer en la última muerte anterior a la vida humana. Entonces, la creación de la vida es un regalo merecido para los humanos, el culto de estos hacia sus creadores es el trabajo de la siembra de la milpa y la cosecha del maíz, producto o fruto con el cual postergan la muerte del cuerpo físico evitando y combatiendo el hambre material.31 El hambre es representada como un ente metafísico generado por sus parientes la injusticia y el sufrimiento, los cuales arrebatan la vida digna y la consumen hasta matarla.32

El hambre es una de las manifestaciones corporales de los malos gobiernos; estos han ofendido a los creadores al pervertir su mandato sagrado por medio de la corrupción, la violencia y la decadencia.33 El abandono de la comunidad nosótrica de creadores en la administración pública es consecuencia de gobiernos fetichizados que se corrompen y pierden su carácter respetable al enriquecerse a partir de la explotación y la muerte del pueblo.

Citas

  1. Arias Jacinto. El mundo numinoso de los mayas: estructura y cambios contemporáneos. Instituto Chiapaneco de Cultura: México; 1991.
  2. Benjamin Walter. Obras, libro II, vol. 1. Abada: Madrid; 2010.
  3. Bolom Manuel. K’anel. Funciones y representaciones sociales en Huixtán, Chiapas. UNICH: México; 2010.
  4. Cabrera Isabel. El estudio de la religión. Trotta: Madrid; 2002.
  5. Cabrera Isabel, Silva Carmen. Umbrales de la mística. UNAM: México; 2006.
  6. Dussel Enrique. Filosofía de la liberación. Primero Editores: México; 2001.
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  11. Page Jaime. Ayúdanos a sanar. Biografía del j’ilol Antonio Vázquez Jiménez. PROIMMSE-UNAM: México; 2006.
  12. Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché (2000). FCE: México; 2000.