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Resumen
El presente documento es una reseña crítica del libro titulado Rumbo al norte. Narrativas de jornaleros choles y tseltales en la migración de Chiapas a Sonora (2021), de Oscar Sánchez Carrillo, publicado por el Centro de investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur (CIMSUR-UNAM).
“La próxima vez que consuma espárragos, por favor recuerde… Sonora es líder nacional con un 70% de la producción, la cual se exporta en un 90% a Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón.”1 Con esta información, el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) inicia su nota sobre la producción de espárragos en México. En este contexto se debe situar la obra de Oscar Sánchez Carrillo, Rumbo al norte, quien a través de diversas narrativas de migración temporal e itinerante no solo presenta un panorama sobre las condiciones de cultivo y producción de este vegetal en el estado de Sonora, sino que resalta la importancia de la mano de obra que ofrecen los choles, los tseltales y demás trabajadores provenientes de Oaxaca, Veracruz, entre otros estados de la República Mexicana, en esta actividad agrícola. La migración pendular de choles y tseltales a campos de cultivo del norte del país descrita en la obra, revela nuevas formas de movilidad poblacional en el norte del estado de Chiapas, que contrasta con las migraciones de esta misma población indígena a territorios de la selva lacandona o a Calakmul en Campeche, mismas que se caracterizaron por la fundación de nuevos centros de población desde mediados del siglo pasado (Vázquez Álvarez, 2019).
Los choles y tseltales que narran sus experiencias como jornaleros agrícolas en campos de Sonora, forman parte del grupo de “invisibles productores de riqueza” (Ortega Vélez, et al., 2007 y Lara Flores, 2007), ya que han dinamizado y contribuido a que las empresas se consoliden y puedan competir en el mercado internacional. Hay que mencionar que además del espárrago, en la lista de cultivos destinados a la exportación también se encuentra la uva de mesa, la naranja, el melón, tomate, sandía, calabaza kabocha, pepino, chile, garbanzo, cebollín y brócoli. En el cuadro 6 (página 71), de la obra referida, se muestra que entre el 2017 y el 2018, en los campos de Sonora, la uva de mesa y el espárrago ocuparon la mayor extensión cosechada, 22,290.61 hectáreas y 18,170.50 hectáreas, respectivamente. Esta superficie cultivada demandó enormes cantidades de mano de obra, entre las que se destacan la presencia de choles y tseltales.
El estudio en cuestión se compone de tres capítulos. En el primer capítulo, “La movilidad laboral en el sursureste de México”, se describen algunas causas de la migración en la región. En el segundo capítulo, “El circuito migratorio Chiapas-Sonora”, se pondera la participación de distintos actores sociales, particularmente la de los intermediarios laborales entre la comunidad rural y las empresas agrícolas en dicho proceso. Llama particularmente la atención el tercer capítulo, “Narrativas de movilidad y procesos migratorios”, puesto que aquí se transcriben y analizan las experiencias relatadas de 11 migrantes varones, de los cuales ocho son choles2 y tres tseltales; incluyendo además las historias de dos mujeres choles con maridos ausentes y que cuentan con experiencia laboral en los Estados Unidos de América. Lo recabado en las entrevistas ilustra cómo estos jornaleros se están incorporando al mercado laboral internacional mediante la adaptación a los circuitos migratorios, sujetos a complejas formas de control de la fuerza de trabajo.
El primer testimonio presentado es el de Manuel, un tseltal de 65 años. Esta persona es la que inaugura en su comunidad la migración hacia los Estados Unidos. Sus primeros viajes a los campos agrícolas del noroeste mexicano los hizo con contingentes de trabajadores chiapanecos contratados por un enganchador de San Juan Chamula, municipio de los Altos de Chiapas. Posteriormente Manuel comenzó a trasladar personas “a los «ranchos hortícolas», cuando un «ingeniero» del norte le propuso traer trabajadores de la selva lacandona. El ingeniero le ofreció un pago extra y garantías de enviarle autobuses con la condición de que estuvieran completamente llenos” (Sánchez Carrillo, 2021, p. 105). Actualmente, sus hijos son los encargados de organizar la logística de contratación y traslado de jornaleros hacia Sonora.
La experiencia de Manuel y de otros jornaleros, permitió a Oscar Sánchez Carillo visualizar la importancia de los intermediarios laborales originarios de comunidades choles y tseltales en este sistema socio-productivo. De acuerdo a los testimonios presentados en el texto, todos los intermediarios tseltales y choles se han iniciado como cortadores o recolectores; es decir, desde el eslabón más bajo de la pirámide laboral. El rol de intermediario es pretendido debido a las ganancias económicas extras que conlleva, pues por cada jornalero puesto en el campo de cultivo les corresponde cierto porcentaje de pago.
Los trabajadores habilidosos son candidatos a fungir como cuadrilleros, pero además deben demostrar liderazgo y buen dominio del español. En el campo agrícola, el cuadrillero es el encar-gado de organizar a cierto grupo de trabajadores para recolectar los productos e informa sobre los horarios laborales, de comida, de descanso o si al día siguiente habrá o no trabajo, para que, en caso negativo, no se levanten temprano ni se alisten en vano. Además, debe ser capaz de mantener el or-den en los dormitorios, limitando el consumo de alcohol e impidiendo la ingesta de estupefacientes.
En las comunidades del norte chiapaneco, el cuadrillero invita o convence a trabajadores jóvenes para preparar el cupo de los camiones. Comenta sobre el tipo de trabajo que se va a rea-lizar en el campo agrícola, los servicios u apoyos que ofrece la empresa y la duración mínima del contrato. Esta persona enlista los nombres de los interesados e informa sobre el lugar y la fecha programada para la salida. En este sentido, el cuadrillero es el brazo derecho del intermediario. Por órdenes de este último personaje, solicita papeles que acrediten la identidad del jornalero, ya sea la credencial para votar, el acta de nacimiento u otro documento, por ejemplo, una constancia de vecindad emitida por el agente rural. Un asunto que se menciona brevemente en el estudio es el hecho de que algunas personas de las localidades visitadas durante la investigación no cuentan con dichos documentos oficiales. Hay que aclarar que varios de ellos fueron bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y en esta militancia no consideraban el uso de documentos de identidad emitidas por el gobierno federal. En este grupo entran los jóvenes que aún no alcanzan la edad para tramitar su credencial de identidad emitida por el Instituto Nacional Electoral (INE), quienes también acuden a sus familiares para realizar el préstamo de algún papel que les permita cumplir con el requisito de entrega de documentos que solicitan las empresas o por si los agentes de migración lo solicitan durante el viaje.
Como lo demuestra el autor, el principal ámbito de acción de los intermediarios es la localidad a la que pertenecen. A partir de la residencia, la vecindad o lazos de familiaridad, logran reunir cierta cantidad de trabajadores, pero a veces no los suficientes para llenar un camión o para completar la cantidad convenida con los encargados, por lo que deben acudir a otras localidades cercanas a su lugar de residencia. El aumento de intermediarios locales exige mayores esfuerzos o la implementación de estrategias adicionales para garantizar el convencimiento de trabajadores potenciales, aunque para los jornaleros este hecho representa oportunidades de habilitarse con el que mejor les convenga. Los nuevos contratistas locales son jóvenes que hacen la labor de promoción en las distintas localidades. Generalmente, estos jóvenes son al mismo tiempo jornaleros que hacen la función de jefes de cuadrilla, debido a que vigilan el desempeño de 12 cortadores en el campo agrícola.
Otro tema expuesto en Rumbo al norte es lo referente a los contratos o los arreglos que común-mente son de carácter verbal. La carencia de contratos escritos da pie a que no se cumplan los acuerdos verbales, por ejemplo, prolongando el periodo de tiempo de permanencia en los campos, mantener el pago a destajo y salarios bajos, etcétera. Incluso, se mencionan casos en los cuales se realizan descuentos en el salario de los trabajadores por conceptos de alimentación, servicios de alojamiento (agua y energía eléctrica) y pago del raitero3 que se encarga del traslado del albergue al campo agrícola, cuando estos gastos ya están cubiertos por los propios trabajadores.
Al carecer de contratos escritos se restringe la posibilidad de realizar una denuncia ante las autoridades competentes. Además, es difícil saber quién es el autor de tales medidas violatorias, si fue el contratista, los ingenieros o algún directivo de la empresa. En el trabajo de investigación se menciona la protesta social ocurrida en 2015 en el valle de San Quintín (Baja California) a causa de las “viejas-nuevas formas de explotación y precariedad” a que eran sometidos los jornaleros agrícolas, también provenientes mayoritariamente de poblaciones indígenas del sureste mexicano.
De esta forma, en estos tiempos, en los que ya no se sabe para quién se trabaja, los trabaja-dores solo tienen trato con los encargados del campo, con los ingenieros, “los campereros” o los encargados de los albergues. Es así como los intermediarios se convierten en amortiguadores de las demandas laborales de los jornaleros, por ser estos quienes prometieron ciertas condiciones laborales. En las transcripciones se aprecia que ellos son los receptores de las inconformidades de los jornaleros y por lo tanto están en constante negociación para mejorar las condiciones básicas en los albergues, especialmente en lo que se refiere a la limpieza, el abastecimiento de agua potable y alimentos suficientes para todos. Como bien señala Sánchez Carrillo, los jornaleros aceptan al intermediario como su único interlocutor, como figura de autoridad y de apoyo. Lo ven como la única persona sensible y con capacidad para escuchar sus demandas y solucionar sus peticiones y problemas en caso de sufrir enfermedades o accidentes durante el trabajo. Ante esta forma de relación entre los intermediarios y los jornaleros, cabe preguntarse ¿qué factores determinan este vínculo?, ¿hasta qué punto los jornaleros encuentran cómodo que sean trasladados desde su lugar de origen hasta los campos agrícolas? Sin duda alguna, son temas sugerentes para ser abordados en futuras investigaciones.
Para garantizar la existencia de mano de obra o fuerza laboral en los campos agrícolas, los jorna-leros son persuadidos mediante discursos de convencimiento de parte de los intermediarios o se les advierte que no hay camiones para el traslado gratuito a los estados sureños, a menos que paguen su pasaje desde Sonora hasta Chiapas, el cual tiene un costo aproximado de seis mil pesos. Sin embargo, la ubicación de los albergues y dormitorios en un campo abierto, distante de las ciudades y de acceso limitado constituye la mejor forma para mantener cautivos a los trabajadores. Además, hay una desubicación geográfica de los jornaleros, puesto que la mayoría no sabe exactamente en dónde se encuentra, cuál es la ciudad más cercana, cuántos kilómetros de desierto hay alrededor del campo; a lo que hay que sumar las condiciones climáticas extremas, la existencia de animales peligrosos, como las víboras de cascabel, entre otros factores.
En definitiva, podría decirse que los dueños de los campos agrícolas han entendido muy bien que, en este sistema de jornaleros distantes, funciona aplicar el dicho popular que dice “para que la cuña apriete, tiene que ser del mismo palo”. Este método ha sido eficaz especialmente con la fuerza laboral proveniente de lugares lejanos. Los intermediarios no solo contratan, también vigilan, controlan y, hasta cierto punto, aplican sanciones en caso de desobediencia o resistencia.
De este modo, como bien lo apunta el autor, se busca garantizar el control total sobre los tra-bajadores y “fijar los ritmos de producción de la fuerza laboral, establecer o delimitar los tiempos de la reproducción y el descanso e incrementar el rendimiento con los tiempos productivos” (Sánchez Carrillo, 2021, pp. 118-119). Por ello, para no alterar los procesos productivos y no verse afectados por deserciones o ausencias, no emplean a jornaleros locales, quienes además exigen mejores salarios y mejores condiciones laborales. Mientras que, con los jornaleros distantes, “las actividades sustantivas del proceso están protegidas y, por tanto, garantizados el abasto del mercado y las ganancias” (p. 119).
Es así como Oscar Sánchez Carillo expone las labores y responsabilidades de los intermediarios y de sus respectivos cuadrilleros en las diversas etapas en este sistema. Como bien comentan los propios intermediarios, son mayores las ganancias, pero igual las responsabilidades aumentan: empezando por el proceso de reclutamiento de la mano de obra, la logística en el trayecto de los lugares de origen, hasta su llegada a los campos agrícolas; además, se deben considerar la disciplina en los dormitorios, el desempeño en el corte de los vegetales y el cumplimiento de los contratos.
A través de los testimonios, también se logra conocer los motivos personales que han obligado a migrar a cada uno de los participantes en las entrevistas. En estas se destaca la búsqueda de recursos monetarios, que en su mayoría son destinados para saldar deudas contraídas por cues-tiones de enfermedades u otros infortunios, para costear alguna ceremonia tradicional o para la compra de productos necesarios para la subsistencia, como el maíz y el frijol. En menor medida, se menciona que las ganancias se usan para invertir en proyectos personales y muy difícilmente sirve para generar algunos ahorros.
Entre los más jóvenes, llama la atención que entre sus motivos para acudir a los campos agrícolas está el de experimentar el acto de migrar y conocer otros lugares. Sin embargo, tal como lo recalca el autor, la mayoría de esos jóvenes migrantes regresan a sus localidades de origen con nuevos hábitos de consumo: “como el clásico chavo urbano de cualquier gran Metrópoli de México”, ilustrado con el caso del cuadrillero Alonso, quien “lleva pantalones de mezclilla entallados, camisetas de manga larga y trae sobrepuesta una de manga corta, además de sudaderas con capucha con estampados de sus bandas de música norteña preferidas. Calza tenis de la marca Nike. Lleva un pequeño arete en la oreja izquierda y usa una cachucha o gorra beisbolera de color negro con placa metálica” (p. 121); asimismo, cuenta con dos teléfonos celulares que revisa constantemente. Además del uso de estos artículos, también se observa, especialmente en esta generación, el consumo inmoderado de bebidas embriagantes y el gusto por la mariguana. Esta forma de migración cambia la manera de ser joven entre los choles del norte de Chiapas (Gutiérrez Sánchez, 2017) y vulnera las formas de enseñanza aprendizaje tradicionales o comunitarios relacionados a las labores agrícolas y de convivencias sociales (Vázquez Sánchez, 2017).
El autor manifiesta que todos estos motivos son producto de una sola causa, estructural e his-tórica: la falta de oportunidades productivas y laborales en las comunidades de origen. Ante esto, los jornaleros choles y tseltales se ven obligados a responder a las convocatorias de los contratistas locales y regionales para enrolarse y movilizarse a grandes distancias dentro del país.
En la obra de Oscar Sánchez Carillo encontramos historias peculiares sobre la migración de jóvenes oriundos de la zona norte del estado de Chiapas. A partir de estas se pueden observar y analizar los cambios generacionales en las localidades indígenas de Chiapas, sus necesidades, sus perspectivas y sus vicios; aunados a los problemas de salud derivados del manejo de pesticidas (Izcara Palacios, 2013). Uno de los temas sugerentes para una discusión posterior es lo referente a la insistente preocupación por el consumo de alcohol y otras sustancias tóxicas en el destino de la migración: ¿en qué medida esta práctica transmuta a las localidades de origen? y ¿qué conse-cuencias trae en la convivencia comunitaria?, ¿participa en esta forma de migración población que no ha sido base de apoyo del zapatismo? Si es así, ¿vamos a encontrar los mismos dilemas que sobresalen en las narraciones presentadas en el texto? Asimismo, es por todos sabido que el gobierno de la cuarta transformación está beneficiando a la región sur y sureste con proyectos de modernización, por ejemplo, con la llegada del Tren Maya. ¿Cómo altera este proyecto federal la migración pendular a los campos de cultivo en Sonora? Otro tema de interés que se deriva de la lectura de las narraciones es la odisea del propio trayecto o el traslado de Chiapas a Sonora, consi-derando que viajan personas que carecen de suficientes documentos de identificación. Finalmente, ¿en qué medida la posesión de derechos agrarios inhibe la migración a los campos de cultivo en el norte del país o a centros urbanos?
Citas
- Gutiérrez Sánchez J.. “Ser joven” en distintos contextos ch’oles del norte de Chiapas. Estudios de Cultura Maya. 2017;299-322. DOI
- Lara Flores S. M, Ortega Vélez M. I., Castañeda Pacheco P. A., Rodríguez J. L.. Perfil de los jornaleros migrantes en los campamentos de la costa de Hermosillo, Sonora. Los jornaleros agrícolas, invisibles productores de riqueza: nuevos procesos migratorios en el noroeste de México. 2007;159-173.
- Ortega Vélez M. I., Castañeda Pacheco P. A., Sariego Rodríguez J. L.. Los jornaleros agrícolas, invisibles productores de riqueza: nuevos procesos migratorios en el noroeste de México. Plaza y Valdéz, Fundación Ford, CIAD; 2007.
- Sánchez Carrillo O.. Rumbo al norte. Narrativas de jornaleros choles y tseltales en la migración de Chiapas a Sonora. Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur-UNAM; 2021.
- Vázquez Álvarez J. J.. Perfil sociolingüístico de Frontera Corozal, Ocosingo, Chiapas. Revista Pueblos y Fronteras Digital. 2019; 14:1-32. DOI
- Vázquez Sánchez B.. ÑOP / KÄÑTYESAÑ: Lenguaje, actividades y enseñanza-aprendizaje comunitario entre los mayas ch’oles de La Esperanza, Chiapas. 2017.
- CONAHCYT y CIAD. El espárrago, orgullo de Sonora y del CIAD. 2017. Publisher Full Text
- Izcara Palacios S. P.. Problemas de salud de los jornaleros migratorios en Guémez y Padilla. Fontamara; 2013.