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Resumen
Muchos estudios y estadísticas sobre acoso sexual muestran que los hombres son los agresores sexuales y las mujeres el blanco del mismo. Sin embargo, en este trabajo la perspectiva se centra en hombres que comparten una orientación homosexual y son acosados por otros hombres. El objetivo es visibilizar las percepciones que sobre el tema tiene un grupo de seis hombres gays, cuyos relatos surgen dentro de un grupo terapéutico colaborativo y se analizan mediante un análisis de contenido. Se muestra la diversidad de formas de acoso y de sus efectos, las dificultades para oponerse y denunciar; concluyendo sobre la importancia de visibilizar este fenómeno y la necesidad de modificar la legislación para hacerla culturalmente pertinente.
Palabras clave: acoso sexual, homosexualidad, terapia colaborativa, legislación, cultura
El movimiento de liberación sexual de las mujeres gestado hacia la segunda mitad del siglo XX ha sido un punto de partida de gran importancia para el debate y análisis de temas relacionados con la violencia sexual. Según Lamas (2021), desde el inicio de este movimiento en Estados Unidos, grandes figuras del feminismo emprendieron una lucha para que fueran reconocidos los actos de violencia de índole sexual que se ejercían contra las mujeres, principalmente en entornos laborales.
Como exponen Castro Barnechea y Calvay Torres (2020), las conductas relacionadas con la violencia sexual, como el acoso, chantaje y difusión de imágenes de contenido sexual han estado presentes a lo largo del tiempo. Al respecto es importante recalcar que en diversos contextos las relaciones de poder entre hombres y mujeres propician que se den posiciones de desigualdad que facilitan dinámicas como la del acoso sexual. Las autoras plantean que dejarlas pasar o intentar normalizarlas como galantería mal entendida, coqueteo o broma, lo único que ha logrado es ocultar su carácter violento hacia las personas a las que se dirigen, y debido a ello es que significarlas e identificarlas como tal ha sido una tarea difícil.
El contexto sociocultural también tiene un papel importante en cómo se concibe del acoso sexual; por ejemplo, la cultura de cierto lugar influye en su conceptualización, pues algo que en Europa puede tener más tintes de acoso sexual, en algunas comunidades de África podría no serlo (Palomino, 2012). Y estas conceptualizaciones que nacen en cierto contexto permearán en las leyes que se generen en cada lugar para abordar las conductas que se consideren como delito sexual (Castro y Calvay, 2020).
En el contexto mexicano, la visibilización del tema del acoso y la violencia sexual también se debe a varias figuras feministas que comenzaron a denunciar los casos de mujeres que eran agredidas. Con estas acciones también fue posible notar que en nuestro país estas acciones gozaban de naturalización social durante mucho tiempo, y que no se veían como algo que atentaba contra la integridad y los derechos de las mujeres que vivían estas realidades (Lamas, 2021).
Ahora, una de las preguntas que vienen a la mente es si el acoso sexual ocurre exclusivamen- te hacia las mujeres, dado que el grueso de la literatura sobre el tema está dirigido hacia este grupo de personas. Ante esta incógnita, Castro y Calvay (2020) responden de manera negativa, señalando que también otros grupos pueden ser blanco de estas acciones, pero que es debido a la gran cantidad de casos que involucran a las mujeres que se pone especial énfasis en ellas.
Sin embargo, considerando que esta problemática puede afectar a otros grupos es que surge la pregunta: ¿cuál es el sentir de los grupos que no necesariamente son mujeres y han tenido experiencias de acoso sexual en sus vidas? Esto es, ¿cómo se presenta este fenómeno en otros grupos? Es en este contexto que el presente trabajo tiene como fin contribuir a abrir el diálogo sobre el acoso sexual que ocurre entre hombres y, de manera específica, entre hom- bres gais, es decir, en hombres que se sienten atraídos por otros hombres (Ramírez Aramburu, 2024). Esto no fue motivado por un interés personal, sino de quienes compartieron sus expe- riencias de acoso y que quisieron que este tema comience a difundirse y visualizarse como una realidad que ocurre en las sociedades actuales. Además, tiene el propósito de contribuir al desarrollo de la literatura en el tema en nuestro país, ya que los estudios en el área todavía son insuficientes (por ejemplo, Ramírez Aramburu, 2024; Rojas-Solís et al, 2021; Rosales Mendoza y Lozano Verduzco, 2020).
Violencia sexual, acoso y hostigamiento
Las ciencias sociales se han encargado de estudiar el fenómeno de la violencia sexual, definido por la Organización Mundial de la Salud (como se citó en Organización Panamericana de la Salud [OPS], 2013) como: “todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”(p. 2). Se propone que la base de la violencia sexual se encuentra, no en los individuos, sino en las estructuras sociales, principalmente el género.
Se plantea que, a partir del género, tanto hombres como mujeres encarnan atributos relacionados a la categoría a la que pertenecen. En este sentido, se hace especial énfasis en que la masculinidad exige a las personas características como la fuerza, la competitividad y el poder. Los sujetos masculinos son formados de tal manera que constantemente tienen que reafirmar su masculinidad a través de las conductas o actitudes que están contenidas en ella. De igual manera, el género es visto como un sistema de asimetría sustentado en la imposición de la fuerza y la naturalización de las jerarquías (Islas Rojas, 2021).
Ahora bien, aun cuando suele considerarse que la violencia sexual se expresa principalmente de hombres hacia mujeres y niñas, la realidad es que los niños varones y los hombres también pueden ser víctimas de violencia sexual, en lugares diversos como los “hogares, lugares de trabajo, escuelas, calles, instituciones militares y prisiones. Lamentablemente, la violencia sexual contra los hombres es un área de estudio descuidada y muy sensible” (OPS, 2013, p.5). Y todavía más en cuanto a cómo se presenta el fenómeno en hombres gais, aun cuando las estadísticas muestran que es un problema importante en esta población, ya que, como indica el National Sexual Violence Resource Center (NSVRC, 2023), el 42% de los hombres gay y bisexuales señalan haber enfrentado incidentes de acoso sexual físicamente agresivos en comparación con el 25% de los hombres heterosexuales. Además, 55% de los hombres gay indicaron haber vivido esos incidentes de acoso sexual en espacios públicos en comparación con el 19% de los hombres heterosexuales.
La violencia sexual puede expresarse de múltiples maneras, con el acoso, el hostigamiento, el abuso sexual y la violación como las formas más comunes. Para fines de este trabajo es importante distinguir particularmente entre el acoso y el hostigamiento. De acuerdo con el Protocolo para la Prevención, Atención y Sanción del Hostigamiento Sexual y Acoso Sexual de la Secretaría de Gobernación (2020), elþÿjacoso sexual consiste en “una forma de violencia con connotación lasciva en la que, si bien no existe la subordinación, hay un ejercicio abusivo de poder que conlleva a un estado de indefensión y de riesgo para la víctima, independientemente de que se realice en uno o varios eventos” (numeral 6, inciso a). Por su parte, en cuanto al hostigamiento sexual,el protocolo antes mencionado lo define como“elejercicio del poder, en una relación de subordinación real de la víctima frente al agresor en los ámbitos laboral y/o escolar. Se expresa en conductas verbales, físicas o ambas, relacionadas con la sexualidad de connotación lasciva”(numeral 6, inciso u).
Ciertamente, el acoso, el hostigamiento y otras formas de violencia sexual siguen existiendo en pleno siglo XXI. Sin embargo, si bien persisten hoy en día, actualmente existen recursos jurisprudenciales, sociales y educativos que ayudan a la identificación del acoso sexual, a diferencia del panorama de hace más de 50 años. En el caso particular de Yucatán, lugar en el que se realizóel presente trabajo, el Código Penal del Estado de Yucatán (Congreso del Estado de Yucatán, 2024) hace una diferenciación entre las dos figuras, el hostigamiento y el acoso sexual. La primera de ellas se configura de manera igual a la establecida por el Código Penal Federal (Cámara de Diputados, 2024). Por otro lado, en Yucatán se considera acoso cuando:
Aunado a ello, se toma en consideración que estas acciones se realicen de manera repetitiva en lugares, instalaciones o trasportes que sean de uso público; se capten imágenes u otro tipo de material audio-visual sin el consentimiento de la persona, y que tenga carácter erótico-sexual; incluye también conductas de exhibicionismo y envío o solicitud de imágenes, videos con conno- tación sexual y/o lasciva sin el consentimiento de la persona (Congreso del Estado de Yucatán, 2024, art. 308 Bis).
¿Cómo surgen las conversaciones sobre el acoso sexual? Caso de estudio
En junio del 2021 dio inicio el trabajo para conformar un grupo terapéutico dirigido especialmente a hombres gais. Para ello hubo una invitación abierta a esta población en el estado de Yucatán, en México, para quienes estuvieran interesados en participar en un espacio de terapia grupal. A partir de ello se conformó un grupo de seis hombres con un rango de edad entre los 21 y 50 años, con el que se iniciaron reuniones de manera regular para compartir experiencias.
Dichas sesiones se enfocaron principalmente en el establecimiento del diálogo entre todos los presentes; esto mediante conversaciones abiertas en las que los participantes fueran co-constructores de nuevos sentidos y prácticas alternativas sobre lo que se abordaba (Fried Schnitman y Fuks, 1993). Estos diálogos dentro del espacio de terapia buscaban que existiera comprensión mutua entre todos los involucrados (Deissler, 1998, como se citó en Deissler y McNamee, 2013), pues el ejercicio de la comunicación es algo que se da dentro de una relación entre personas, y su significado se va construyendo dentro de este acto (McNamee y Gergen, 1996).
De igual manera, nunca fue intención encontrar un consenso entre la ideas, relatos y experiencias compartidas por las personas, pues partimos de que existen diferentes voces sobre un mismo suceso y que son igual de valiosas (McNamee y Gergen, 1996). Pensar en la terapia como un proceso dialógico permitió tener una relación horizontal con los participantes y entender que el rol del terapeuta, en la mayoría de las ocasiones, es el de facilitador de diálogo (Anderson y Goolishian, 1991), por lo que las preguntas y la curiosidad fueron la principal herramienta para que esto fuera posible.
Resultados
En este trabajo retomamos parte de una sesión que fue muy peculiar, pues al inicio no había un tema sobre el cuál se quisiera entablar una conversación, por lo que los participantes se preguntaban si se tenía algo preparado para desarrollar. Esta fue una de las conversaciones finales del grupo y tuvo una duración aproximada de dos horas. El encuentro coincidió con las celebraciones de Halloween y Día de Muertos, por lo que la sesión inició con una pregunta acerca de su opinión sobre de la manera en que los hombres gais celebran estas fechas. La conversación no fluyó en un inicio quizás porque no era un tema que les atrajera para desarrollar, o quizás las preguntas no fueron claras.
A pesar de todo, poco a poco el diálogo fue llegando a un punto en el cual algunos comenzaron a compartir vivencias que, desde su percepción, fueron blanco de acoso sexual. El punto de partida fue un comentario compartido por Oswaldick, que hacía referencia a que los hombres, por ser más abiertos sexualmente, tienden a expresar con mayor facilidad cuando quieren tener sexo con una persona. A partir de la idea de Oswaldick, los demás miembros del grupo comenzaron a relatar experiencias de coqueteo que habían vivido. Esto derivado de una pregunta acerca de si son capaces de percibir cuando alguien les está coqueteando. Dany, Xavier, Víctor y Miza comentaron que no se dan cuenta cuando esto sucede; sin embargo, este último mencionó un detalle más en su discurso:
Miza fue quien trajo a la conversación una palabra que anteriormente no había estado pre- sente: el acoso. Esta situación llevó el rumbo de la sesión hacia un punto completamente distinto al de un inicio.
Las vivencias de acoso
Al iniciar con su relato, Miza, se permitió hablar de la manera en que la experiencia de acoso lo había hecho sentir: “yo, en su momento, cuando las sufrí, las vivencias de acoso, sí me sentía muy mal conmigo mismo, esta impotencia, de este límite que tienes tú al dar el servicio y él como cliente” (Miza, comunicación personal, 2021).
Su relato continuó y mencionó la “normalización” que ciertas formas de interacción tienen; incluso comentó que, en otros escenarios, estas conductas pudieran ser entendibles, pero el ambiente en el que él se encontraba en aquel momento, su trabajo, no daba pie a que sucediera:
Una palabra muy presente en el discurso de Miza fue“límite”.Esto llamó la atención y de ahísurgió la pregunta: ¿cuál sería el límite entre lo que es un coqueteo y el acoso? Cuestionamiento al que él respondió de la siguiente manera:
Ante esta respuesta, fue importante no obviar nada de lo dicho y de ahí plantear la siguiente pregunta:“Osea ¿ese previo sería como el consenso, como de ‘estamos ambos en el mismo...’?”(terapeuta, comunicación personal, 2021). A lo que Miza completó diciendo:“Elmismo canal de que va a pasar eso, podría decirlo” (Miza, comunicación personal, 2021).
El siguiente en tomar la palabra fue Dany. Él tomó como punto de partida la experiencia de Miza y a partir de ella se hizo preguntas a sí mismo que incluyó en su relato. A su vez, hizo alusión a que tocar a alguien puede ser percibido como agresivo dependiendo del lugar en que esa caricia o tocamiento se haga:
Continuó mencionando que él tiene el hábito de tocar a las personas, tanto a sus alumnos como a padres de familia, amigos, etc. Pero que estos gestos tienen la intención de comunicar cercanía:
Ante la historia de Dany, fue importante indagar si él había vivido alguna experiencia de acoso, a lo que respondió:“Yosoy muy relajado en esto... pienso que todos tienen derecho de tirarte el can y, por el contrario, todos tienen el derecho de ligar: el problema está cuando se traspasan ciertos límites de intimidad... que te intenten agarrar, principalmente” (Dany, comunicación personal, 2021).
También agregó que hay otras situaciones que no las siente como acoso, y puso como ejemplo a un chico que a través de las redes sociales ha sido muy insistente en conocerlo e, incluso, en tener sexo. Desde la perspectiva de él, esto no lo considera acoso, a diferencia de la experiencia que tuvo en los vestidores de un estadio deportivo:
Dany cierra su participación mencionando que en aquel momento no se sintió vulnerable, pues consideró que era capaz de manejar la situación; sin embargo, sí considera que estas acciones son muy agresivas. Terminada la participación de Dany, fue importante dar oportunidad a que otros hablaran de su experiencia en este sentido, de ahí la pregunta: ¿alguien más ha tenido alguna experiencia de acoso? A lo que de manera casi inmediata Xavier solicitó la palabra:“Yosí he tenido una experiencia... en la universidad, por un maestro” (Xavier, comu- nicación personal, 2021).
Xavier compartió que, como parte de un requisito de la universidad en la que él estudió, tenía que tomar clases del inglés. Estas clases las tomaba en la biblioteca, y fue ahí donde se encontrócon el docente con el que presuntamente se suscitó la experiencia de acoso.
La forma en la que Xavier calificó este acercamiento del profesor llama la atención, y fue importante ahondar en lo que hacía que esta interacción fuera incómoda para él, por ello la pregunta: ¿de qué manera era incomoda? A lo que él respondió:
Las acciones que Xavier había identificado de su maestro tuvieron un efecto en él, pues co- menzó a llevar a cabo ciertos actos que le ayudaran a evadir al educador o sentirse acompañado al momento de cumplir con sus deberes:
Contó que, ante la incredulidad de sus amigos sobre lo que él mencionaba que estaba viviendo, los invitó a que lo acompañaran para que pudieran presenciar lo que sucedía. Les demostró que cuando él se encontraba acompañado de alguien el profesor no se le acercaba, y que cuando se movía para estar solo, el docente lo seguía. Sus compañeros comenzaron a ayudarlo sacando el material que requería, y de esta manera ya no regresó al lugar donde tuvo su vivencia de acoso.
De igual manera, mencionó que algunas personas le llegaron a preguntar por qué no había reportado estas acciones. Comentó que hubo distintas razones por las que no lo hizo, pero una en particular lo detuvo:
Para tener un panorama similar a las experiencias de Miza y Dany, fue conveniente preguntarle a Xavier cómo se había sentido en aquella situación, y él compartió:
Momentos después de la participación de Xavier, Dany pidió la palabra de nuevo y compartióuna experiencia de acoso que a él le había ocurrido en la misma universidad donde Xavier había estudiado; sin embargo, había algunas diferencias en ello:
Señaló que este suceso ocurrió con una persona que era jefe de algún departamento de la universidad, y que lo conoció por un amigo en común. Al principio, Dany le hacía favores como llevarlo en auto, pero menciona que a partir de eso comenzó a acosarlo: “comenzó a hacer mobbing, yo no sé si pensaba que le estaba coqueteando... era sumamente agresivo en lo sexual, cumplí años y me regalo trusas. ¿Quién te regala trusas en tu cumpleaños?” (Dany, comunicación personal, 2021).
Los límites
A manera de recapitular y resumir los comentarios que se habían hecho en torno a los límites entre el coqueteo y el acoso, fue importante retomar lo que habían comentado Miza, Dany y Xavier. Posteriormente, vino una nueva la pregunta sobre estos límites para saber si aquellos que no habían participado tenían una perspectiva distinta a lo que ya se había compartido.
Xavier reiteró:“Yocreo que la incomodidad, cuando ya te empiezas a sentir de este modo y lo expresas, ya sea física o verbalmente, ese es el límite; y si la otra persona sigue, entonces la persona ya se está pasando” (Xavier, comunicación personal, 2021).
Seguidamente, Oswaldick dijo:
Ambas respuestas se dirigían hacia el expresar la incomodidad o desacuerdo de las acciones del otro. Sin embargo, destacaban también las situaciones de aquellas personas que no eran capaces de externar esto al momento de vivir acoso, y por ello las siguientes preguntas: ¿quépasa con aquellas personas que no logran expresarse?, ¿cómo podríamos aplicar esto que ustedes comentan?
Dany fue quien inmediatamente comenzó a hablar de lo siguiente: “Nosabemos cómo expresar... no nos enseñaron, yo siento que fui educado para complacer, o sea, mi punto de partida es‘nopuedo hacer sentir mal a los demás’; pero en cambio a mí sí me hacen sentir” (Dany, comunicación personal, 2021).
Agregó que esta capacidad él no la tiene y la ha estado trabajando en terapia, y que considera que es algo tan importante que merece la pena que se enseñe en los planes de estudio de las escuelas. Aunado a ello, su intervención continuó con lo siguiente:
También compartió otro aspecto que tiene que ver con situaciones que hacen más fácil que surjan situaciones de acoso:
Otra persona que se sumó a comentar acerca del tema fue Víctor. Él mencionaba que, desde su punto de vista, cuando hay jerarquía de uno más fuerte y uno más débil, es fácil que se den situaciones de violencia, al referirse a acciones como homofobia, feminicidios, y al ubicar el acoso en estas categorías. De igual manera, mencionó que ser débil no sólo se refiere a fuerza, sino también a una posición, e incluso a conocimiento. Posteriormente, compartió que él también había vivido una experiencia de acoso, pero la describe como diferente:
En ese momento, Víctor menciona que no sabía lo que estaba pasando, y se lo comentó a su maestro, aunque la respuesta que contó de este último es lo que más llama la atención: “es que, maestro, yo lo aprecio mucho, me cae muy bien pero no, para nada; y él me dijo:‘esque túte tienes la culpa... por ser comoeres’”(Víctor, comunicación personal, 2021).
Él señala que nunca le dio motivos a su profesor para que pensara o actuara de dicha manera, pues creía que su forma de ser no era motivo para dar pie a lo que estaba pasando en aquel momento. Esta situación llevó a una conversación amplia con el docente en la que tocaron lo siguiente:
Víctor cerró su participación haciendo énfasis en que aquella situación no la percibió como una falta de respeto hacia su persona, sino como una expresión por parte del docente, en la cual este le explicaba que, debido a su forma de ser, se sentía atraído. Asimismo, reiteró que el poder y la jerarquía son factores importantes que permiten que experiencias como la suya se
originen en los contextos de la vida cotidiana; además, que cuando una persona se empodera y es capaz de decir no, es el momento cuando esas situaciones se detienen.
Las reflexiones finales sobre la conversación
El comentario de Víctor dio fin a compartir experiencias sobre acoso, debido a estar cerca del cierre de la sesión, por lo que se pasó a preguntar a los asistentes sobre la utilidad de esta. Al principio, los comentarios fueron que sí había sido útil, sin embargo, Dany hizo una intervención distinta:
A continuación, Xavier también compartió un comentario:“Meparece muy interesante que lamentablemente coincidamos en este tema; tres de seis coincidimos en un tema de acoso de esta universidad, cuando erróneamente se cree que solo es hacia las mujeres” (Xavier, comunicación personal, 2021).
El siguiente en hablar fue Víctor, quien mencionó:
Luego de este último comentario, y ante la pregunta“¿conqué se van de la sesión?”, el primero en responder fue Oswaldick:
Xavier hizo su participación final y compartió su sentir:
No me voy tan contento por lo que pasó, y seguramente sigue pasando; no hay a dónde acudir, este es un tema que ahí está. No se puede hacer más porque no hay a dónde acudir y es enfrentarse contra un monstruo, que es una universidad; que está súper institucionalizado el acoso. Que las mujeres están dándolo todo para ponerle un alto, pero no han podido; y nosotros, que somos más minoría que ellas, tampoco como que se ve una luz más brillante al final. (Xavier, comunicación personal, 2021)
El último comentario fue a cargo de Miza, quién dijo lo siguiente:
Discusión
La labor de retomar los relatos de acoso vividos por los participantes del grupo terapéutico nos hizo pensar acerca de ciertos puntos importantes de rescatar en esta sección. Lo primero que llama la atención está relacionado con las formas en que fue vivido el acoso por cada uno de estos hombres. Las conductas que ellos detectaron en su momento están principalmente relacionadas con acciones que cruzaban la línea de lo que cada uno de ellos permitía al momento de interactuar con otras personas. Es decir, ese cruce entre el coqueteo y el acoso.
Cada experiencia fue distinta, pues el actuar de quienes ubicaron como sus acosadores no fue igual en ninguno de los casos. Hubo quienes recibieron caricias sin su consentimiento, otros fueron asediados en instituciones educativas; hubo también intentos de tocar sus genitales, asícomo propuestas sexuales o acusaciones falsas sobre hechos que nunca ocurrieron.
Si comparamos cada vivencia con lo que estipula la ley yucateca y el Protocolo para la Prevención, Atención y Sanción del Hostigamiento Sexual y Acoso Sexual (2020) sobre lo que es el acoso sexual, posiblemente no todos calificarían dentro de este delito. Algunos de los casos presentados, al darse en condiciones de desigualdad de poder y de subordinación, caerían más en casos de hostigamiento sexual. Este uso indistinto probablemente se relacione con que, aun con su alta presencia en diferentes contextos laborales, escolares y públicos, la realidad es que las personas no hemos aprendido formalmente sobre esos temas; nuestra comprensión es escasa sobre lo que son, lo que implican, las cuestiones legales, entre otros aspectos. Esto hace retomar una reflexión compartida por Dany; él mencionóque no se enseña a las personas a expresar su inconformidad o desacuerdo ante ciertas situaciones de la vida, punto de vista que compartieron dos personas más. Entonces, si algo así sucede, es lógico pensar que demostrar oposición ante una situación de acoso es algo que no siempre podrá estar presente. Esto se relaciona directamente con la capacidad de poner límites, pero también de llegar más lejos en términos de poder también estar en la disposición de hacer una denuncia.
Es importante destacar la falta de denuncias que existen, en general, ante el acoso sexual. Ninguno de los participantes realizó una denuncia ante la autoridad competente al momento de ser víctima de este delito. Algunos, como Dany, reportaron ante sus superiores lo que estaban viviendo, situación que le costó el trabajo que tenía; pero otros como Xavier no denunciaron, puesél creía que no tendría oportunidad al ser un estudiante que recién ingresaba a la universidad, contra un maestro que llevaba años en dicha institución.
Figueroa-Perea (2016) menciona que en Latinoamérica es común que estos delitos no se de- nuncien, pues las víctimas consideran que estos procedimientos tienen más costos que beneficios. La última Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2022) señala que en Yucatán sólo el 10.6% de los delitos se denuncian y, de ellos, solo se abre una carpeta de investigación en el 44.6% de los casos; así, las personas consideran que estos procedimientos son una pérdida de tiempo, y que no pueden confiar en la autoridad para resolverlos.
Este panorama deja ver que es bastante lógico que las víctimas no procedan de manera legal ante las situaciones de acoso que han vivido. Se trata de procesos burocráticos que implican a las personas grandes costos en tiempo y energía, pero que nada ni nadie les garantiza que se llegará a un resultado justo, y que se dará una reparación del daño a quienes lo requieran.
En este sentido, coincidimos con Palomino (2012), quien comparte una reflexión relacionada con la construcción de las leyes referentes al acoso sexual. El autor enfatiza que es importante considerar cuestiones culturales al momento de construirlas, pues, si bien estamos hablando de un fenómeno universal, el contexto define sus particularidades. Y esto implica considerar las creencias acerca del fenómeno sobre el que se esté legislando, incluyendo las formas comunes sobre cómo se cree que se debe manejar el fenómeno. A partir de esta propuesta, vale la pena pensar que, si no se toman en consideración estos aspectos, las leyes creadas para definir, castigar o incluso prevenir estos actos pudieran tener un efecto perjudicial en las personas que se ven envueltas en situaciones de acoso.
Por último, referente a quienes viven experiencias de acoso, resulta importante abordar un aspecto relacionado con la visibilidad de las víctimas, principalmente cuando se trata de hombres que han pasado por estas vivencias. Una de las dificultades más significativas encontradas durante la realización de este escrito es la poca información disponible sobre hombres que son víctimas de acoso sexual. El grueso de la literatura y estudios que se han realizado sobre el tema hacen referencia a las mujeres, ya que son ellas las mayores receptoras de este delito (Castro y Calvay, 2020). Esta es una realidad innegable; sin embargo, también es necesario voltear a ver a aquellos casos que no están contenidos dentro grandes porcentajes en las encuestas, pero que son igual de importantes, como hemos podido revisar con las estadísticas presentadas por NSVRC (2023). Como lo menciona la literatura y los propios participantes, siempre que existan relaciones desiguales de poder, aunque no necesariamente exista una subordinación explicita, pueden presentarse situaciones de acoso. No es algo privativo que le ocurra a un solo grupo poblacional.
Los participantes de este estudio también comparten este punto de vista, pues expresaron que el acoso sexual hacia hombres gais es algo que tiene que comenzar a visibilizarse y que es importante hablar de ello, con el fin de cambiar la situación para las nuevas generaciones. A este punto debemos sumarle el hecho de reconocer las necesidades y problemas que aquejan a grupos no dominantes, y que requieren ser atendidas para permitir su pleno desarrollo, así como garantizar su dignidad humana.
De igual manera, reconocer a los hombres como víctimas también permite cambiar de paradigma acerca del género y el impacto que tiene en las personas. La postura dominante plantea que los hombres sólo reciben beneficios por el simple hecho de ser hombres, beneficios que los colocan en una posición de dominancia y que comúnmente se asocia con el papel de victimario y no de víctima. Al movernos hacia el discurso del varón como víctima, se reconoce que esos beneficios también tienen costos (Figueroa-Perea, 2016), y más para aquellos que no se apegan al ideal marcado por la masculinidad hegemónica.
Las vivencias de acoso de quienes formaron parte de esta investigación tuvieron diferentes efectos en sus vidas y, en algunos casos, se vieron en la necesidad de poner en marcha estrategias que los ayudaran a enfrentar lo que estaban viviendo. La incomodidad, sensación de vulnerabilidad, impotencia y desconcierto acompañaron a estos hombres durante y después de experimentar el acoso. Asimismo, algunos se vieron en la necesidad de comenzar a evitar a sus agresores o tuvieron que contar lo que sucedía a amigos para que pudieran ayudarlos a enfrentar dichas situaciones. Esto concuerda con los resultados de Aguilar Zacarías et al. (2016) sobre hombres que habían sido víctimas de acoso sexual. Estas coincidencias nos hacen pensar en la universalidad, no sólo del acoso, sino del impacto que este tiene en las personas.
Concluimos mencionando que es momento de reconocer que el acoso sexual es un fenó- meno que se encuentra protegido por factores culturales, sociales y legales que impiden que las acciones implementadas surtan un efecto positivo en su erradicación, castigo y prevención. Asimismo, enfatizamos la urgencia de voltear a ver hacia aquellos grupos que no son dominantes o que no representan a la mayoría estadística, pues de no hacerlo será difícil reconocerlos como iguales e importantes.
Citas
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- Anderson H., Goolishian H. A.. Los sistemas humanos como sistemas lingüísticos: implicaciones para la teoría clínica y la terapia familiar. Revista de Psicoterapia. 1991; 2(6-7):41- 71. Publisher Full Text
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